
El solo corría por él magnifico túnel. Un túnel que poseía luces de neon azuladas, él corría hacia la luz resplandeciente que estaba al final.
Por el túnel merodeaban espectros que lo traspasaban, fantasmas de guerreros medievales, fantasmas de doncellas, de astronautas, de personas que él había conocido en su vida y que estaban desaparecidas. Los espectros corrompían su respiración de un momento a otro, le apuñalaban lo latidos del corazón.
Él corría, corría hacia aquella luz, l a luz que estaba al final del túnel que daba al universo, solo corría y quería volver a sentir su pecho, su cansancio, era un zombi, era como un fantasma mas entre todos aquellos.
Vivía en un mundo aterrorizante, era un niño hombre... indudablemente su vida había sido solitaria. No le importaba demasiado nada... (en reuniones con amigos, con gente querida, se solía sentir solo y en minutos desaparecía de ellas sin que nadie supiese nada de él)
Él buscaba unos ojos que le dieran calidez, ojos que quemaran su piel como el sol, pero nada de eso encontró, por eso estaba ahí, en el túnel que daba al universo.
Cuando ya casi no había oxigeno en el aire, cuando el monóxido quemaba sus vías respiratorias, había llegado al final del túnel, se detuvo imponente al abismo y se lanzo a los brazos del gran vació y dejo de respirar y entonces entendió...
Recordó al duende y las palabras que él le había dicho...
Nadie me cree... ni el Juez, ni la gente, ni los amigos... nadie...
El juez me decía que era un hombre bueno... si yo lo sabia... era como un niño hombre, él era mucho mas que una buena persona, yo no podría haberlo dañado ni lastimarlo.
Lo único que sabia cuando lo vi la ultima vez era q no estaba bien... estaba triste... depresivo y esa mañana desapareció, lo vi poco convencido desilusionado, más triste que siempre...
yo no lo mate, yo soy inocente
el juez no me creyó, en él ultimo tiempo algo le pasaba... no lo pude ayudar... esa es mi culpa... la culpa que me dicta mi conciencia...
El juez no entiende, estoy en prisión por un crimen que no existe. Tal vez soy culpable, si, porque jamás le dije a Leonel que lo amaba... mas que a mi propia vida.
Ahora detrás de las rejas, siento esa sensación de soledad inmensa, de la que me hablaba a veces él, cuando yo no lo escuchaba, cuando no le daba demasiada importancia, pero la percepción que sé poseer a veces, me hizo recordar ahora a aquellas palabras que capte. Estando acá, con tanto tiempo para nada, de a poco le doy la razón a esas palabras que son una clara descripción de lo que es morir en soledad.
Cuando supe que había desaparecido Leonel, mi alma se quebró entre el pasado y el futuro. El presente significa mantener su recuerdo vivo… sin dejarlo ir, no puedo dejar de acordarme las cosas vividas juntos…
Dónde estará.
Lo siento vivo.
Pero dónde esta…
Esto es algo moralmente humillante y no se puede olvidar, no se puede enterrar todo esto en el olvido.
Soy casi la culpable de que él no este aquí, yo, la principal sospechosa. Yo fui la ultima persona que lo vio.
Cuando desapareció fui a buscarlo al lugar donde él podría estar y por eso la policía siempre sospecho de mí, por no encontrarme en la ciudad en aquellas veinticuatro horas que siguieron a la desaparición de Leonel (esas horas casi me matan) y por no tener testigos que digan en donde estaba yo. Fue un acto inconsciente y la culpa recae toda sobre mi.
Su departamento lo encontraron desordenado, como si alguien hubiera estado buscando algo. También la policía encontró restos de una pólvora enrarecida.
Me sentía extraña, estaba muy cerca de la locura… yo podría haber cometido el crimen perfecto… nadie sabe que lo amaba…
Quien le diría que lo amo. Él era mi niñito que dormía suavemente en un sueño infinito, donde él quería sentirse vivo. Dejar de sentirse solo, él quería amor, quería oír palabras dulces, quería alguien le dijera que estaba vivo…
“Yo lo sentía vivo y nunca, nunca supe decírselo”.
Él quería uno ojos que le dieran calidez y no fue así. Estaba solo.
Creo que era un espejo para mí, donde podía ver todo mi dolor, mi alma y no quería reconocer nada, no quería ser como él y él no quería ser como yo.
Siento culpa.
No lo ayude.
Dónde estará.
No quiero pensar que esta muerto porque el infierno es mucho más profundo. Es más difícil de soportar.
Quisiera encontrarlo al menos en sueños.
Sus ojos lo desnudaban espiritualmente, pero había que saber mirar para llegar a ver ese ser... yo amaba sus ojos, eran dulces como la miel, su tez tostada por el sol… él amaba al sol, posaba ante el hora tras hora. Solía abrir las cortinas para dejar que entre el sol en toda su casa…
Que se colmara de sol… que se colmara de vida.
Leonel se tiraba en su cama dejando que el sol lo encandilara y dejaba que su rostro sienta el color. El sol era su dios, aun así amaba los días grises, que le daban un tono grisáceo a la vez a sus ojos; amaba la lluvia tanto como al sol. La oscuridad no le aterraba, porque sabia que habría en las noches la luz de la luna, iluminada por la gran estrella. (Él era la luna, sin poder encontrar a su sol.)
Quería escapar de aquella soledad y no había nada para él que pudiera salvarlo, ahora me pasa a mi.
¿Qué me puede salvar?
Esto es un castigo por mi silencio.
Leonel no esta y yo siento que me he ido con él. Quería trascender, ser aun más fuerte, dejar de sentir en su alma ese sentimiento tan agobiante, el dolor. Quizás esa era su enfermedad. El mero desvió producido por una causa como la soledad, él solo buscaba su destino entre lo nuevo y lo perdido, su sueño nunca afloro, su realidad era torturante, pienso… cómo puede un hombre vivir así… sino es libre de sí mismo.
Leonel parecía buscar más que nunca esa perfección de la vida, él ocultaba en sus ojos un brillo que los hacían como estrellas, ellos hablaban por si solos “nos volveremos a ver”…
Él estaba ausente como si hubiera perdido algo. Con la riza sarcástica de la despedida, sé que le había ganado a la vida… (por ello nunca morir)
Yo sé que deje que Leonel desapareciera… quizás por el solo hecho de tratar de ocultar todo el tiempo lo que llevo dentro, por miedo al prejuicio, por miedo…
Dejar de sentir, ser un zombi en esta noche que da comienzo a mi vida de locura y muerte. Fantasmas y soledad… la culpa es toda mía…
Prisión.
Soledad.
No salve a mi vida.
No salve a mi amor.
Aquí pode morir para buscar el final… solo la luz.
Dícese de un duende que aparece por las noches ante las almas que todo el tiempo piden un deseo, que solo él puede conceder. Aparece en la noche que el espíritu y alma se encuentran en comunión; decididos a proseguir en una búsqueda infinita y difícil, casi inalcanzable. Por eso el duende que posee una pequeña espada de hojalata, se hace presente para conceder solo un deseo, que solo un ser casi en llamas pide a gritos de eco, en un mundo de sordos y ciegos. El deseo se concede según la magnitud de lo deseado.
Así fue como este duende se hizo presente aquella noche ante Leonel.
Casi enloquecido se había sumergido en un sueño profundo tan profundo, que le parecía vivirlo, era claro, real, hermoso, él estaba listo, toda su historia estaba lista.
En ese momento el duende aparece en su sueño y despierta.
Al despertarse el duende estaba junto a su cama y le dice: pídeme lo que quieres Leonel, solo pídelo. Un solo deseo te concederé, tu sabes tan bien como yo cual es, solo hace falta que lo digas y será todo tuyo.
Leonel lo miraba sorprendido, pensaba que estaba loco, pero solo era una oportunidad, cortar definitivamente con todo ese sentimiento de dolor y soledad (no tengo a nadie... qué más da...) liberar todo aquello y entonces dijo: quiero dejar de sentir, no más soledad, no más dolor. Duende quítame los sentidos para que mueran estos sentimientos de desazón.
El duende subió a la cabeza de Leonel, con su espada de hojalata apunto a la cabeza y traspaso el cráneo, dejo que desangrara y partió su cerebro en dos y asi Leonel perdió los sentidos y llego a su objetivo...
De aquella noche pasaron tan solo tres días para que Leonel perdiera el sentido del gusto. Hasta aquella mañana, él solo había pensado que lo del duende había sido tan solo una ilusión, un sueño. No sentía el sabor al café... no había sabor...
Al día siguiente pierde el olfato, al próximo el auditivo y se volvía más loco.
Antes de desaparecer, busca en su departamento alguna cosa material que le sirva para comprender algo aunque sea. Revuelve todo y no encuentra nada, todo era en vano. Al llegar la noche sabía que solo le quedaban dos sentidos, miro la luna y la admiro toda la noche y espero al sol y su locura empeoro. Entonces siguió buscando algo tenia que haber, solo quedaban horas para encontrarlo. En las últimas horas del día encuentra una caja y ve una fotografía. Ahí la ve a ella y con el único sentido que le quedaba, la visión, reconoció que los ojos de ella daban amor, calidez como el sol, lo vio nítidamente, ahí estaban juntos y así deberían haber estado como en la fotografía. Pero ya era tarde para ellos dos, él ya había dejado de sentir soledad.
Corrió a buscarla y la encontró, no hablaron demasiado, él ya no escuchaba. Pero sus ojos casi ciegos, le hablaban claramente nos volveremos a ver- decían. Se despidió con una risa sarcástica, ya no había dolor. Le había demostrado a la vida que él podía ganarle, aun con sacrificios y una trampa, con la ayuda de un hechizo. Por eso prefirió no recordar demasiado el pasado. Al volver a su departamento sus ojos ya se nublaban... el duende apareció y le dijo: sal de aquí, vamos fuera... corre hacia la luz que esta al final del magnifico túnel que da al universo... al fin del universo... al universo del mago... su cuerpo se desintegro y ya no sentía nada, la nada era angustiante pero descubrió allí un secreto, su más honda condición, la de ser el mismo, trascender a otro lugar. El montículo que había dejado su cuerpo en el departamento... arena enrarecida... la nada...
Sentir solo sentir, no importa qué, pero sentir, vivir y no dejarse morir, ser hombre para pensar, hombre para amar, entender y no olvidar, buscar siempre buscar, que algo siempre se va a encontrar y hacer, aprender, conocer, querer para después poder morir... volvió a sentir su cansancio en su pecho, solo el amor... y recordó las palabras del duende...
Sal fuera de esta habitación y entrégate al espacio exterior...
Por el túnel merodeaban espectros que lo traspasaban, fantasmas de guerreros medievales, fantasmas de doncellas, de astronautas, de personas que él había conocido en su vida y que estaban desaparecidas. Los espectros corrompían su respiración de un momento a otro, le apuñalaban lo latidos del corazón.
Él corría, corría hacia aquella luz, l a luz que estaba al final del túnel que daba al universo, solo corría y quería volver a sentir su pecho, su cansancio, era un zombi, era como un fantasma mas entre todos aquellos.
Vivía en un mundo aterrorizante, era un niño hombre... indudablemente su vida había sido solitaria. No le importaba demasiado nada... (en reuniones con amigos, con gente querida, se solía sentir solo y en minutos desaparecía de ellas sin que nadie supiese nada de él)
Él buscaba unos ojos que le dieran calidez, ojos que quemaran su piel como el sol, pero nada de eso encontró, por eso estaba ahí, en el túnel que daba al universo.
Cuando ya casi no había oxigeno en el aire, cuando el monóxido quemaba sus vías respiratorias, había llegado al final del túnel, se detuvo imponente al abismo y se lanzo a los brazos del gran vació y dejo de respirar y entonces entendió...
Recordó al duende y las palabras que él le había dicho...
Nadie me cree... ni el Juez, ni la gente, ni los amigos... nadie...
El juez me decía que era un hombre bueno... si yo lo sabia... era como un niño hombre, él era mucho mas que una buena persona, yo no podría haberlo dañado ni lastimarlo.
Lo único que sabia cuando lo vi la ultima vez era q no estaba bien... estaba triste... depresivo y esa mañana desapareció, lo vi poco convencido desilusionado, más triste que siempre...
yo no lo mate, yo soy inocente
el juez no me creyó, en él ultimo tiempo algo le pasaba... no lo pude ayudar... esa es mi culpa... la culpa que me dicta mi conciencia...
El juez no entiende, estoy en prisión por un crimen que no existe. Tal vez soy culpable, si, porque jamás le dije a Leonel que lo amaba... mas que a mi propia vida.
Ahora detrás de las rejas, siento esa sensación de soledad inmensa, de la que me hablaba a veces él, cuando yo no lo escuchaba, cuando no le daba demasiada importancia, pero la percepción que sé poseer a veces, me hizo recordar ahora a aquellas palabras que capte. Estando acá, con tanto tiempo para nada, de a poco le doy la razón a esas palabras que son una clara descripción de lo que es morir en soledad.
Cuando supe que había desaparecido Leonel, mi alma se quebró entre el pasado y el futuro. El presente significa mantener su recuerdo vivo… sin dejarlo ir, no puedo dejar de acordarme las cosas vividas juntos…
Dónde estará.
Lo siento vivo.
Pero dónde esta…
Esto es algo moralmente humillante y no se puede olvidar, no se puede enterrar todo esto en el olvido.
Soy casi la culpable de que él no este aquí, yo, la principal sospechosa. Yo fui la ultima persona que lo vio.
Cuando desapareció fui a buscarlo al lugar donde él podría estar y por eso la policía siempre sospecho de mí, por no encontrarme en la ciudad en aquellas veinticuatro horas que siguieron a la desaparición de Leonel (esas horas casi me matan) y por no tener testigos que digan en donde estaba yo. Fue un acto inconsciente y la culpa recae toda sobre mi.
Su departamento lo encontraron desordenado, como si alguien hubiera estado buscando algo. También la policía encontró restos de una pólvora enrarecida.
Me sentía extraña, estaba muy cerca de la locura… yo podría haber cometido el crimen perfecto… nadie sabe que lo amaba…
Quien le diría que lo amo. Él era mi niñito que dormía suavemente en un sueño infinito, donde él quería sentirse vivo. Dejar de sentirse solo, él quería amor, quería oír palabras dulces, quería alguien le dijera que estaba vivo…
“Yo lo sentía vivo y nunca, nunca supe decírselo”.
Él quería uno ojos que le dieran calidez y no fue así. Estaba solo.
Creo que era un espejo para mí, donde podía ver todo mi dolor, mi alma y no quería reconocer nada, no quería ser como él y él no quería ser como yo.
Siento culpa.
No lo ayude.
Dónde estará.
No quiero pensar que esta muerto porque el infierno es mucho más profundo. Es más difícil de soportar.
Quisiera encontrarlo al menos en sueños.
Sus ojos lo desnudaban espiritualmente, pero había que saber mirar para llegar a ver ese ser... yo amaba sus ojos, eran dulces como la miel, su tez tostada por el sol… él amaba al sol, posaba ante el hora tras hora. Solía abrir las cortinas para dejar que entre el sol en toda su casa…
Que se colmara de sol… que se colmara de vida.
Leonel se tiraba en su cama dejando que el sol lo encandilara y dejaba que su rostro sienta el color. El sol era su dios, aun así amaba los días grises, que le daban un tono grisáceo a la vez a sus ojos; amaba la lluvia tanto como al sol. La oscuridad no le aterraba, porque sabia que habría en las noches la luz de la luna, iluminada por la gran estrella. (Él era la luna, sin poder encontrar a su sol.)
Quería escapar de aquella soledad y no había nada para él que pudiera salvarlo, ahora me pasa a mi.
¿Qué me puede salvar?
Esto es un castigo por mi silencio.
Leonel no esta y yo siento que me he ido con él. Quería trascender, ser aun más fuerte, dejar de sentir en su alma ese sentimiento tan agobiante, el dolor. Quizás esa era su enfermedad. El mero desvió producido por una causa como la soledad, él solo buscaba su destino entre lo nuevo y lo perdido, su sueño nunca afloro, su realidad era torturante, pienso… cómo puede un hombre vivir así… sino es libre de sí mismo.
Leonel parecía buscar más que nunca esa perfección de la vida, él ocultaba en sus ojos un brillo que los hacían como estrellas, ellos hablaban por si solos “nos volveremos a ver”…
Él estaba ausente como si hubiera perdido algo. Con la riza sarcástica de la despedida, sé que le había ganado a la vida… (por ello nunca morir)
Yo sé que deje que Leonel desapareciera… quizás por el solo hecho de tratar de ocultar todo el tiempo lo que llevo dentro, por miedo al prejuicio, por miedo…
Dejar de sentir, ser un zombi en esta noche que da comienzo a mi vida de locura y muerte. Fantasmas y soledad… la culpa es toda mía…
Prisión.
Soledad.
No salve a mi vida.
No salve a mi amor.
Aquí pode morir para buscar el final… solo la luz.
Dícese de un duende que aparece por las noches ante las almas que todo el tiempo piden un deseo, que solo él puede conceder. Aparece en la noche que el espíritu y alma se encuentran en comunión; decididos a proseguir en una búsqueda infinita y difícil, casi inalcanzable. Por eso el duende que posee una pequeña espada de hojalata, se hace presente para conceder solo un deseo, que solo un ser casi en llamas pide a gritos de eco, en un mundo de sordos y ciegos. El deseo se concede según la magnitud de lo deseado.
Así fue como este duende se hizo presente aquella noche ante Leonel.
Casi enloquecido se había sumergido en un sueño profundo tan profundo, que le parecía vivirlo, era claro, real, hermoso, él estaba listo, toda su historia estaba lista.
En ese momento el duende aparece en su sueño y despierta.
Al despertarse el duende estaba junto a su cama y le dice: pídeme lo que quieres Leonel, solo pídelo. Un solo deseo te concederé, tu sabes tan bien como yo cual es, solo hace falta que lo digas y será todo tuyo.
Leonel lo miraba sorprendido, pensaba que estaba loco, pero solo era una oportunidad, cortar definitivamente con todo ese sentimiento de dolor y soledad (no tengo a nadie... qué más da...) liberar todo aquello y entonces dijo: quiero dejar de sentir, no más soledad, no más dolor. Duende quítame los sentidos para que mueran estos sentimientos de desazón.
El duende subió a la cabeza de Leonel, con su espada de hojalata apunto a la cabeza y traspaso el cráneo, dejo que desangrara y partió su cerebro en dos y asi Leonel perdió los sentidos y llego a su objetivo...
De aquella noche pasaron tan solo tres días para que Leonel perdiera el sentido del gusto. Hasta aquella mañana, él solo había pensado que lo del duende había sido tan solo una ilusión, un sueño. No sentía el sabor al café... no había sabor...
Al día siguiente pierde el olfato, al próximo el auditivo y se volvía más loco.
Antes de desaparecer, busca en su departamento alguna cosa material que le sirva para comprender algo aunque sea. Revuelve todo y no encuentra nada, todo era en vano. Al llegar la noche sabía que solo le quedaban dos sentidos, miro la luna y la admiro toda la noche y espero al sol y su locura empeoro. Entonces siguió buscando algo tenia que haber, solo quedaban horas para encontrarlo. En las últimas horas del día encuentra una caja y ve una fotografía. Ahí la ve a ella y con el único sentido que le quedaba, la visión, reconoció que los ojos de ella daban amor, calidez como el sol, lo vio nítidamente, ahí estaban juntos y así deberían haber estado como en la fotografía. Pero ya era tarde para ellos dos, él ya había dejado de sentir soledad.
Corrió a buscarla y la encontró, no hablaron demasiado, él ya no escuchaba. Pero sus ojos casi ciegos, le hablaban claramente nos volveremos a ver- decían. Se despidió con una risa sarcástica, ya no había dolor. Le había demostrado a la vida que él podía ganarle, aun con sacrificios y una trampa, con la ayuda de un hechizo. Por eso prefirió no recordar demasiado el pasado. Al volver a su departamento sus ojos ya se nublaban... el duende apareció y le dijo: sal de aquí, vamos fuera... corre hacia la luz que esta al final del magnifico túnel que da al universo... al fin del universo... al universo del mago... su cuerpo se desintegro y ya no sentía nada, la nada era angustiante pero descubrió allí un secreto, su más honda condición, la de ser el mismo, trascender a otro lugar. El montículo que había dejado su cuerpo en el departamento... arena enrarecida... la nada...
Sentir solo sentir, no importa qué, pero sentir, vivir y no dejarse morir, ser hombre para pensar, hombre para amar, entender y no olvidar, buscar siempre buscar, que algo siempre se va a encontrar y hacer, aprender, conocer, querer para después poder morir... volvió a sentir su cansancio en su pecho, solo el amor... y recordó las palabras del duende...
Sal fuera de esta habitación y entrégate al espacio exterior...
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