5 jul 2007

LOS REZAGOS DE LUCIANO


¿Dormía, si dormía… por qué? Sí. ¿Por qué dormía? Yo no lo sé… a mi no me preguntes. Podría no dormir. En realidad históricamente duerme. Yo creo; pero no es que sea así, es algo que yo creo… duerme. ¿Por qué?
Sabias… sus sueños no son dulces sueños… increíble. ¿No? ¿Vos que crees? Yo sí… creo que es así… yo no sé… ¡A mi no me preguntes! Yo solo sé que duerme. Y duerme mucho.

Otra vez la madrugada y los teléfonos no suenan, dejaron de sonar hace tiempo. Y de tanto recuerdo llego al olvido.
Si olvido hasta quien soy yo misma, quienes son ellos mimos… olvidar quien fui no me deja ver en quien seré y hoy no sé quien soy.

Mi más profundo tormento se lleva mis rizas, mi canto; y nada más ni nada menos que a mi… otra vez de madrugada.
Y paso el tiempo.
Y pasaron los años de mi patética ausencia y yo como un testigo encubierto que secretamente trata de mostrar fuerzas, pero esta quebrado por dentro y solo necesita dormir… sí dormir y con esa ilusión, que sea para siempre.
“No te asustes si voy a tu lado”; y sabía que el pedido iba a ser que me aparte y la desconfianza que provoco…
Deshojando margaritas en cada vereda y en todas partes y en mil partes y en mil partes mi corazón se deshojo… me analiza la mente de otro que no analiza la propia… y un amor para toda la vida, no tendría porque creer… sí, deje de creer para dormir y hacer un muro con el allá afuera.
Y pasaron los años y no fueron tantos. Son tantos los años que reclaman ser olvidado, son los años tantos… montos años… y un pedido de absoluta ausencia para que yo no quisiera escuchar otra vez el allá afuera.
No creo en el amor para toda la vida, no… y como pasaron tantos años y el hastió del amor no correspondido hundido en mi pecho… si me lleva a concluir en ese destino incierto. Calles nuevas en mi mente, en mi nuevo allá afuera y las ausencias.
Ya no hay… ya no esta el caminante sin destino… las penas y el amor me lo hizo tragar… tragar mi amor, las no palabras, el caminar, mi coraje… en estos años, en estos tantos años le busco explicación a la locura ajena… no hay solución… y yo no me quede danzando con la muerte, no me quede enamorada de un espejismo… pero si soy esclava de la decepción… Sus secretos y la paranoia de lo no posible lo tiene en el cuarto del hospital; clavando la mirada en ese muro que no puede saltar… desenfrenado grito que no escucho porque ni hable… pero ese único pedido, esas lagrimas tragadas, esas mis lagrimas.
Pero ese único pedido impulso mi vida a la palidez, al no sol, a la no caricia, a la vanidad de ese instante ahogado por el silencio… lo espere mil veces en la calle, mi veces no apareció, otras no reconoció mi perfume… pero… por qué debía haberlo hecho… si yo no existí en su vida, yo nunca existí en la vida de nadie… su amor perteneció siempre a su eterno homenaje y culto a la depresión… a la mentira de una puta cobardía, a la novia de su amigo. Su amor perteneció a la que fue capaz de cojerse a todos sus amigos, su amor perteneció a la locura propia, a la locura ajena… y a pesar que yo enloquecí, que se volvió gris mi mundo… jamás tuve su amor como esa hija de puta… esa diabólica niña muerta… y aun el recuerdo, después de tantos, pocos, tantos años… sí…. su recuerdo me irrita, me pone mal, me altera… no podría ser de otra manera… ellos dos muertos, ellos dos amándose hasta el hastió en una cama, en sabanas mal olientes de otros sudores, de sudores ajenos… y él envuelto en lagrimas… en una vida ficticia.
El mundo real no es lo que él quería, no es en realidad y ahora clava la mirada en un muro que no puede saltar. En un muro que le muestra quien es en realidad…
Y pasaron estos tantos tontos pocos años y mi otoño cambio y mi agonía no cambio su destino; pero si ha cambiado la realidad.
Y son esas... sí lo son... las palabras perfectas son las que se escriben con el alma, con el sentimiento en la boca... cuantas veces... sí, cuantas le quise decir “te quiero” y que solo podía amarlo... y a él... pero no... pero cómo... sí, cómo.
Enloquecí yo primero... la realidad fue real, yo no quise ver y hoy decidí dormir.
Y hoy en los sueños lo veo como el vagabundo vulnerable de un mundo ajeno. Aun sus ojos se cruzan en mi mirada y aun siento su llanto escuchar. Aun habla con fantasmas, aun sueña con sus propias mentiras y aun él es el andante, el caminante que escucha sus propios pasos en el allá afuera.
Sí, yo duermo porque el tiempo paso y no significa más que meditación porque conozco quienes han decidido morir por el maldito y puto amor... él no... él murió por una puta... murió y aun sigue vivo mirando atónito al muro que lo captura y libera de si mismo.
Y yo. Sí yo... aun pienso en vengar mi dolor jugándole revancha a la vida... jugándole revancha a la muerte.
¿Hace falta explicar?¿Hace falta? ¿Qué voy a hacer? Si siempre lo voy a amar, me odio por ello, no hay calma en mi vida, no hay paz en mi alma, me odio por el amor a otro, me destruyo, caigo. No me imagino, no quiero sentir y sin más remedio caigo en la mediocridad de imaginarme solo en sus brazos, porque otros brazos serian impuros, horrendos... Mi locura... autodestrucción y él esta ahí dentro y yo estoy con él... gritos... muchos gritos... tengo miedo de mí... tengo miedo...
“Me oís”...
Lo amo, sí, solo a él... ni siquiera puedo imaginarme o intentar amar a otro... va nunca pude hacerlo, me odio por eso... lo amo, sí, solo a él... ni siquiera puedo decir que me amo a mí también...
Suena el teléfono... hoy cuando había dejado de sonar.
Estoy durmiendo.

Duerme, sí... ¿Otra vez? Sí otra vez duerme. ¿Ella dormía mucho más?
¡¡¡A mí no me preguntes!!!
¡Yo qué sé!
Bueno, bueno... duerme seguramente. Si duerme. Seguro que despertara.
¿¿¿Despertar??? No, no... va a seguir durmiendo...
¿Va a seguir durmiendo?
Bueno yo qué sé... ¡Claro!
¡¡¡A mí no me preguntes!!!
¿Duerme?
Sí... para siempre.




No duermas y seguí tu camino...


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