5 jul 2007

MÍRAME A LOS OJOS...


La rosa negra que la silencio, que le robo el aliento y la calma. Es su tumba esta enterrada esa rosa negra que se cobro vidas por doquier. Mis vidas y las de ellos. Enterrada la rosa negra, enterrada Manequena las tristezas de ellos fueron miles. Miles de tristezas. Pero la rosa silencia.

Al morir Manequena la angustia lleno el corazón de Luciano, que viajo por el mundo creando y recreando un mundo propio donde hubiese lugar y afinidad para consigo mismo y los otros. Esos otros que él quería atormentar… al morir Manequena la angustia lleno el alma de martín, se dejo morir, dejo que Manequena aun muerta invadiera su alma y que la ataque como cuan ejercito invencible atacase solo a un pequeño escuadrón heroico. Se dejo morir porque vivir eran espadas al espíritu y solo cuestionando la calma.

La rosa negra del final de los días lo dejo sin aliento, lo dejo en silencio, lo dejo… Ella lo dejo atónito, Manequena dejo títeres sin cabeza, dejo a dios atrás, a los pecados y a los prejuicios. Manequena conquisto el mundo con una cara bonita y oscuridad en su alma, conquisto a todos ellos y a todos ellos quiso amar, Manequena era la virgen de las putas mundanas. Creció y se dejo ir. Manequena, Manequena, Manequena ignoro su llanto y mato su alma.

No supo leer el futuro, no quiso escucharla, renegó de ella, pero cómo ignorarla…

Manequena se sabía sexual, sabía de sus dones innatos, sabía de sus destellos de luz, de su hechicería. Manequena sabia.
Su virginidad se fue aun siendo niña, la belleza de su cuerpo siempre fue adorable. Ella engañaba y engaño desde la primera vez a la ultima cuando de sexo se trato.
Se gano el odio de cuanta mujer pudo porque no pudo ganarse el amor de una.
Este hecho la llevo a ser muy arrogante, a querer todo aun cuando se trataban de cosas ficticias.
Su vida y ella. Se instruyo, fue capas de alcanzar estados que jamás pensó en ver, lucho, vivió.
Pero dejemos de relatar esta vida en frases. Es más fácil decir la verdad, es más fácil decirla.
La niña introvertida había crecido, sus dos hermanos, el más grande y el más chico. Sus padres adorando a su pequeña... la niña introvertida había crecido. No era la joven que pensaron que seria, NO. Con su actitud impulsiva quiso tener todo lo que quería.
Con el tiempo, en pocos años descubrió sus dones y no fue buena. En los años de escuela conoció a Luciano y Martín. Con los cuales compartió todo, todo, todo. Y el fracaso.
Las heridas jamás se curaron y les quedo el sabor amargo en la boca. Y las pieles mientras dormían en brazos caros y sucios de sudor opaco. Mal oliente, frió y apagado.
Manequena sufrió porque era Manequena y no durmió nunca tranquila. Sabía que los días se habían terminado y no quería vida porque con todo había acabado.

Luciano tenia catorce años cuando un día en la plaza en el tercer banco que da desde la vereda al titiritero, le dio dos piedritas en la mano a Manequena, cuando eran las quince y cinco. Y le dijo que si lo quería tirara las dos piedritas, si no una.
Manequena lo miro, se quedo en silencio. Lo siguió mirando, le sonrió, miro hacia delante con la mirada perdida, tiro las dos piedritas al aire y le dijo “te quiero, pero no te amo”... se levanto y se fue. A las quince y cuarto en la esquina de la misma plaza, se encontraba con Martín y le prometía aquello que jamás se le promete a nadie: fidelidad y amor eterno.
¿Por qué Manequena amo a Martín? Simple, conciso, practico... lógico... Martín hermano mellizo de Amelia. Todos viven son uno, Manequena así lo creía. Ella estando con Martín estaría cerca de Amelia. El único ser que conoció a Manequena de verdad fue ella y Manequena al único ser que creyó amar estando viva. Al único ser que no pudo tener fue a ella.
Su rosa negra. Su espina en la yema de los dedos. Sus manos desangradas al cortar la rosa. Su rosa negra. Su secreto. Su amor.
Le dijo “quiero volver a casa”, que se sentía muy sola, pero que tenia miedo por ellos. Ella le dijo que ellos eran grandes, que ella, Manequena, podía decidir irse...
Le pidió que vaya a buscarla y ella le respondió con dulce voz que no podía, estaba cansada... Manequena no podía ni siquiera llorar, ellos, Luciano y Martín sospecharían de que algo le estaba pasando. Colgó y corrió hasta la casa donde ellos tres estaban en la playa. Junto sus cosas, salió corriendo mientras ellos dormían... el día era gris, de frió verano, con un buzo y pantalones cortos y una mochila con nada y un corazón enamorado. Corrió, llego a la estación y con la suerte de esos días, se tomo inmediatamente el tren.
Ella estaba sola en su casa, Martín en vacaciones, papá en Europa por trabajo. Ella y su gata negra de ojos verdes esperaban a Manequena. Ella sabía que llegaría. Y llego. Manequena trajo con ella el gris del día. Toco el timbre, ella abrió la puerta, la miro, le sonrió, se miraron... un instante se produjo en el cual estuvieron atónitas. Se rompió el aire que las distanciaba, se abrazaron y se besaron otra vez, como tantas otras veces y cada vez como si fuese la primera, cada vez como si fuese la ultima.
Todo estaba quieto, todo estaba en silencio... todo estaba... Manequena tenia su cabeza apoyada sobre las piernas de ella, y el resto de su cuerpo enroscado, como un bebe en el vientre. Ella acariciaba la cabeza de Manequena, una y otra vez por horas y en silencio. Manequena comenzó a brillar intensamente, mucho, con todo su poder, con toda su fuerza... Manequena en una especie de metamorfosis, se transformaba en un ser mágico, viviente, hermoso... sus alas nacían, se acomodaban, su cabello, su piel.
Ella toda, era A L U C I N A N T E... porque era LUZ... ese era el verdadero ser de Manequena. Ella sonreía... sabía de ese ser. Era la única que lo conocía. Ella ya sabía. Ella sabia.
Manequena cuando se va de la casa de ella. Va a la casa de sus padres y se encierra en su cuarto. Nadie había cuando llego. Sen encerró, se tiro en medio de la habitación y construyo su capullo y como cuan mariposa bella, al cabo de tres días, agito sus alas invitando al mundo a volar.
Ella sabia, no seria fácil... ella sabía como terminaría todo, el destino estaba echado a suerte. Ella sabía, la gran hechicera de aura verde y violeta. Todo estaba escrito en el tiempo y el tiempo ya había llegado, las agujas del reloj lo estaban marcando.
Manequena salió de su capullo. Salió, brillaba... No sabía mucho y no quiso entender, era su afinidad por lo ilógico, su lado mayor hacia la oscuridad. Y así hecho a rodar su vida, un calidoscopio fue su corazón... La luz aun incadilaba los ojos de los del mundo terrenal. Comenzaron las conquistas de Manequena con uso de su poder que iba conociendo, que aprendía a dominar... Manequena el ser más audaz del mundo.

Al salir a la calle la gente la miraba, ya lo linda que había sido por fuera no importaba… Era lo que se veía desde adentro, lo de adentro. Casi todos aquellos que un día habían juzgado sin razón se arrepintieron pero estuvieron quienes no se dejaron encanalar por un espejismo tan vano.
Manequena no quiso ir a buscarla a ella, aun era difícil decir para si lo que estaba pasando. Era algo que no se podía reconocer así porque si… ella y su luz, que apagaría por la oscuridad que construía sin más remedio y lo innato se iba apagando.
Pasaron los abriles, si, todos ellos, amaneceres rojos y ella durmió, ella Manequena dormía en los brazos de hombres que deseaban su amor, su cuerpo, su sexo. Ella se sentía seducida por rostros bonitos, por cuerpos esbeltos. Y esos hombres deseados por otras mujeres que no los podían tener, esos hombres mendigaban el amor de Manequena, esos decían que ella era la madre perfecta, ella era la mujer perfecta… y mientras Manequena buscaba en todos ellos la suavidad de ella, los labios, el cariño…
ellos, todos ellos… no la hacían a ella. No sabían, no podían… solo no eran.
Martín sabía que Manequena en esos otros brazos nocturnos buscaba algo… pero no entendía qué. Solo sabía que volvía a los suyos y que una y mil veces como tantas otras, pedía por sus besos y dormir, casi eternamente en sus brazos.
Manequena en su morbo por ella fue perdiendo pureza, fue perdiendo vida, se alejo del mundo, de la luz y de dios… ella tenia razón cuando le decía que no podía, era todo por el bien de las dos… era solo cuestión de silencio, tiempo y trabajo… Manequena no entendía y así cuando dormía en los brazos de Martín en el cuarto de al lado de ella. Ella sentía puñales en su alma, se marchitaba, pero ella sabía, el destino estaba echado a suerte y el fin lo conocía.
Manequena en sus impulsos quería destruirla, en sus impulsos deseaba tenerla con ella y la impotencia de tantos intentos envano la hacían actuar como una niña… cada minuto era dolor y los abriles habían pasado… y así los otoños del mago… el grito en el vacío, hacia el centro de la tierra, en ese hoyito que Manequena escarbo con sus manos, el grito que le dio el ultimo giro y el rumbo al destino… si eso era pura maldad, todo negro y gris… SI brillaba como nunca, pero ya era el hermoso ángel gris, ser de oscuridad.
La rosa negra floreció en Manequena, la rosa negra sabia que todo era real… y eso que le había dicho que mientras sea terrenal que buscara el amor y no el ideal… ella falló porque no fue el mago que debía ser… pero ella se alimentaba con ese ser que Manequena irradiaba y cuando hacían el mago con la luz apagada a mitad de la noche mientras Manequena huía de los brazos de Martín…
Las cosas volaban, el cielo se nublaba haciendo desaparecer las estrellas y convertir el aire, en aire amargo… Las respuestas estaban dadas y el amor era obvio…

Luciano con insomnio siempre mirando ventanas ajenas, esa donde ella podía estar, en los brazos de su mejor amigo… Luciano dejaba que sus pulmones se colmarán de ese aire amargo, dejándose hundir por la locura… Martín invadido por el insomnio y su atónito por la ausencia de Manequena en su habitación; sale a buscarla por su casa…

PAPÁ EN EUROPA POR TRABAJO, AMELIA CON SU PUERTA ENTREABIERTA DEJO UNA VEZ MÁS SU CUARTO BASIO Y CON LA LUZ PRENDIDA. EL CUARTO DE PAPÁ CON LA PUERTA CERRADA.

Al abrir la puerta, ahí estaban ellas, entre el sudor del amor, la luminosidad de los brujos, los gemidos de la pasión, el olor al deseo y los cuerpos semienvueltos en sabanas de seda pasada de moda… y el frió en el cuerpo de Martín… la rosa negra se desangro por dentro y corriendo a todo dar con supervelocidad, salio de ese cuarto infernal, la fotografía de la madre muerta, el polvo del desuso del cuarto del padre y los cuerpos entrelazados en el amor secreto, todo quedo en el silencio, en la quietud, respirando ese aire oxidado amargo, solo con el ruido del latir del corazón de Martín y el ruido de sus pasos agigantados… la estrella brillo en su cuerpo… y Luciano sin entender corrió tras Martín como una sombra y casi sin poder nunca alcanzarlo… El destino estaba predicho y se había cumplido.
Martín lloro en el mismo baldío en el que se juntaba siempre con Luciano, en el que mantenían charlas eternas, en el que consumían drogas, tomaban alcohol y en el que de niños deshojaban margaritas. Martín como un héroe mal trecho, acurrucado, mirando a la nada, se agazapo en los brazos de Luciano, que cansado de correr estuvo agitado por un rato… Luciano le pregunto que había pasado y Martín no respondió, no quería saber y ahí se entrego vencido y quedo perplejo cada vez que las imágenes volvían a su mente, le cambiaba la cara… horror.
Juzgo al silencio de ellas y al abuso de su poder encubierto hacia el amor por él… (es mentira)

Ellas sabían… la sentencia las obligaba a la perpetua; autodestrucción, todo se había predicho. Se cumplió en el tiempo.
Amelia que sabía por sabia no pudo divisar que el fin iba a ser ese. Ella había traicionado el amor por su hermano, ella había matado el amor por no respetar a la sacerdotisa. Ahora solo le tocaba el camino del hermimitanio.
Magia, todo el tiempo la magia y las ilusiones, los engaños, las mentiras y los silencios.
Martín se encerró en su silencio, en su verdad, en sus palabras y cuando actuaba frente a las personas, miraba a Amelia con toda su fuerza y demostraba al mundo que eran los mejores hermanos, los mellizos… idénticos en fisonomía, en alma, en amor… unidos por su igualdad… desunidos por la magia y el amor-odio… Los hermanos más amados, ellos tan iguales que podían querer las mismas cosas. Al fin de la escena ambos caminaban por separado, se encerraban en sus cuartos, su número había terminado. Fin de la obra. La película sigue rodando.
Las ventanas estaban cerradas.
Lejos de todo, el destino ya estaba signado. La magia a punto de caer.
Magia negra se había usado. Manequena en sus últimos días se dirigió más hacia el fin, hacia otro lugar no quería ir.

En las circunstancias en que estaba Manequena se podía esperar hasta lo peor de ella.
Ella sabía que todo había terminado y esperaba su sentencia como todos los demás.
Manequena consideraba que todo era absolutamente injusto, le dolía el alma y pensaba en ella; recordaba sus palabras. Ella le había anticipado el final, su final, el final de ambas. Manequena con miedo y desesperación conquisto corazones y enamoro al mundo. Una y mil veces se preguntaba por qué no controlo su amor; (eso era verdad); hubiera podido controlar su amor; en dónde estaban los limites, cuál era la diferencia.
Y se abrazo a mil brazos distintos y beso pasionalmente, disfruto y quiso amar.
Pero nadie, nadie, nadie, nadie seria ella. Se humedeció de besos fríos, lloro con gritos en los brazos de Luciano, creando ilusiones, como cuan maldita bruja oscura dijo que lo amaba y robaba su energía cada vez que a su alma llegaba.

Caminando solo hundido en el silencio, llevando a cuestas su vida transformada y mil escenas dibujadas… la extraña palidez de su alma, y fumando de solo seis cigarrillos, eran diecinueve antes de dormir, caminando solo en la madrugada del invierno en los limites de sí mismo, escucho al monstruo llorando, melancólicamente inconsciente, frió y apagado… en el umbral de una puerta cualquiera el destino… el destino estaba echado a suerte… él se paro porque Martín conocía a ese cuerpo ahora solitario y sin luz. La miro y vio como se desvanecía por tanto alcohol y drogas que habían contaminado esa sangre y destruido su aura. Manequena moría, ella estaba asqueada de la nada y la hermosura. Martín irritado por el miedo, la tomo en sus brazos, agito sus alas, la envolvió con ellas, acaricio su rostro, Manequena lo miro a los ojos pálida y esfumada… Él lloro… Ella a cada lagrima de él rompía el hechizo, la magia negra moría, ella le dijo “TE AMO” y él respondió “QUÉ SABES VOS DE AMOR”… Ella volvió a repetir “TE AMO”…
Murió.
La rosa negra en su claustro de oscuridad se deshojo.
Todo era amor envenenado.

Ella termino la conversación con su padre que estaba en Europa por trabajo y había llamado olvidando el cambio horario, porque no pudo soportar la ansiedad de contarle a sus hijos el éxito que tenia en sus negocios, que en ese entonces lo hacían tan feliz… momento feliz solo del padre… ella al terminar de hablar con su padre… cerro la puerta de su cuarto oscuro… para no salir nunca más de ahí dentro.
Para no salir nunca más de sí misma… la hechicera con el fracaso de sus hechizos estaría muerta.
Solo muerta la rosa negra seria vencida.
Y paso el tiempo…



LA CIUDAD DE LAS AVES


Los susurros en su espalda, miradas posadas en su cuerpo. Ellos, esos seres supraterrenales rodeándolo de lado a lado, a su izquierda y a su derecha.
Esos seres espirituales qué él mismo alberga en sí… esos seres que llevan a explicar su existencia.

Solo en la estación de otoño desde que su conciencia se lo advirtió, en la puerta de salida de la vieja casona de Malabia ve aquella mujer de vestido gris y negro, que esta mirando hacia la izquierda y a la derecha, a la espera de algo… a la espera de alguien.
Mientras pasan y pasan los otoños su razonamiento lo lleva a la explicación, a la convención de que aquella mujer es producto del reflejo del sol sobre aquella vieja puerta de hierro pesado y aquellos vidrios tantas veces cambiados. Es el reflejo del sol que genera esa extraña imagen en el otoño donde el sol es más débil.
Todas aquellas imágenes inquieren la explicación de una lógica que no escapa a su razonamiento. Agustín no admitirá nada que no se explique a través de la ciencia, algo que no se pueda explicar científicamente no existe. Lo conciso y lo concreto lo caracterizan, se aleja de cualquier superstición… su refugio y las respuestas a su vida las consigue por aquello que no se escapa a la lógica… su lógica; se rige por todo aquello derivado de lo perfecto, matemático, empírico... su vida signada por el calculo, por aquello que se construye perfectamente… estudiante de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, fotógrafo aficionado por convicción propia, rescata imágenes… caza imágenes… las inmortaliza… En su cuarto se pueden ver miles de fotografías, esta plagado de cosas… fotografías de cúpulas y edificios del viejo Buenos Aires.
Todo lo que esta relacionado con estas imágenes lo llevaron a una nueva pasión: ser coleccionista de fotografías antiguas. Esta afición nació cuando en una visita al sur conoce a Manequena y Luciano, dos amigos que conoce como mochilero. Ellos le mostraron viejas fotos del Puerto de Concepción del Uruguay que habían comprado a un joven en Parque Centenario.


Fotografías archivadas en mi altillo. ¿Casualidades de mi vida? ¡Cuántos absurdos! Los autos me atraviesan y ella vestida de novia se regocija en mi habitación. Ella ya no sueña por amor, sus ojos de lince ya prefieren no mirar, ya no puede soñar…¡¡¡ MIRA ADELANTE!!! Ya no esperes más y del recuerdo has la canción más bella que puedas soñar… su vestido de novia teñido por sus lagrimas y sangre… jamás volverá a ser. Fotografías archivadas en mi altillo, palabras guardadas en su silencio…
Alma aturdida solo calma tu ansia de matar. Matar a tu propia animal… ya no quieres soñar…
PORBRE MI AMOR…


Agustín osa amar a un ángel-demonio descorazonado, él pretende vivir una vida de ensueño, pero su alma no es de este mundo, el cual pretende transitar, este mundo despiadado de mentiras y lleno de injusticias para almas que ya han vivido.
Hay actos cotidianos normales, sonrisas picaras que ocultan ironía… cosas extrañas que hacen a la cotidianidad de Agustín como Don Manuel y su nieta que se pasan todas las mañana sentados en el umbral de la puerta de su casa y al verlo pasar lo saludan con un “buen día Agustín” y esos ojos de esa niña hecha hoy mujer guardan una incógnita… un secreto… pero es normal para Agustín. Siempre están ahí. Jamás va a admitir algo extraño. Jamás.
Agustín fascinado por las imágenes recolecta casi sin atención una y otra imagen. Esas fotografías petrifican al tiempo, un instante inmóvil, un instante único e irrepetible que quedara ahí, que describen un gesto, un estado, un acto, ese mismo tiempo… un adulto que se representa a sí mismo en ese día de sol, en esa fotografía de niño … lugares que al regresar jamás serán los mismos, simplemente porque nosotros no somos los mismos.

En cada una de esas fotografías antiguas se puede ver vidas pasadas anónimas, casi sin identidad, donde Agustín deja fluir su imaginación (como tantas otras personas lo hacen) crea lazos de familia, relaciones quebradas, supuestos magníficos, novelas imaginarias que existen en ese momento… verdades… sentimientos.


La niña aun sueña con hadas y no quiere ver su autentico dolor… la niña no pretende volver amar porque ya dejo de sentir cosas bellas. Su mundo mágico de ilusiones se opaco con grises días sin luz. Experiencias de vida de abrupto dolor… ¿Volverá a sentir? Yo confió en que si lo hará.


Los destinos se desenvuelven, las casualidades no existen. Los días son lo que son y porque en ellos se oculta lo que tienen que ser.

Entre el cuarto y el altillo las fotografías están llenando los ambientes, las maquetas, trabajos y proyectos de arquitectura… todo esta colmando la vieja casona, solitaria pero habitada solo por Agustín, las ausencias y esos fantasmas secretos de la misma vida guardados en placares.

No llores más… vos que sos tan dulce… mírame a los ojos y deja de llorar, dame tu mano. Construye tu mundo de nuevo… los del amor verdadero te dejaran.


Gente extraña lo mira al pasar, gente que posa su mirada en sus espaldas, entre el silencio y el susurro de voces ausentes.
Agustín esta sentado frente al río. Contemplando las aguas del Río de la Plata… se remonta a esperanzas platónicas y alimenta su alma con pequeños sueños… Agustín en su tristeza se carga con ilusiones… su dolor es solo humano; esta condenado por todas las mañanas del mundo, condenado por su propia espiritualidad y su desaliento… petrifica ese rosa del cielo en una fotografía más.
Un secreto más con el tiempo y siempre un secreto, algo que se oculta a punto de salir a la luz para oscurecer los días y para que salgan a la luz aquellos susurros, en donde se convierten solo en gritos. Explicaciones que tal vez no alcanzaran para razones que van a entorpecer la vida de Agustín… nadie le miente… y si hay algún error es propio… las almas apaciguadas no desordenan vidas ni juegan en contra del destino… el destino esta vez juega con las casualidades…

Agustín ama un ángel-demonio descorazonado, empieza a ver que en este mundo de realidades, donde no hay lugar para almas que ya han vivido como la suya. Ve, se percata de que todo es una gran mentira, no hay verdades absolutas y sabe que la única verdad es la realidad, es lo que él siente… esos sentimientos que nacen desde sus entrañas, solo ellos. Pero ella con su vestido de novia pasea ahora en su cuarto, vivió un amor de mentiras, lo sabe… ella lo sabe. Un día mirando desde lejos lo supo pero para ella era muy difícil reconocerlo y dejo que la matara el tiempo, para morir… sí morir… en vida.
Ella fanstasmabolica ahora lo entiende y Agustín esta espiando, la mira desde la vereda como ella danza con su vestido de novia, entregándose a los brazos de la locura. Agustín inmoviliza un instante de su vida, saca una fotografía de la ventana de aquella mujer, la que nunca va a amar.

Camina desde la vieja casona de Malabia hasta Parque Centenario… tranquilo, marchito… esas pocas cuadras son kilómetros, esos días son años, en este tiempo él ya no excite.
Sentado en uno de los bancos que dan al laguito siempre casi sin agua y los perros con sus dueños a sus espaldas, recrean ese mundo de Agustín, ese mundo que lo rechaza. Solo ahí sentado simplemente entristecido en uno de los bancos que dan al laguito siempre casi sin agua; se sienta una mujer de anticuados gustos. Ya que el vestido que tiene puesto no se consigue ni siquiera en una feria americana. Ella se sienta junto a él y no hace más que decirle “tus ojos lucen tristes hoy”, él la mira con aquella tristeza profunda que lleva en su pecho y en su cabeza la única respuesta es un “SI”… la vuelve a mirar en silencio, mira al laguito y vuelve su cabeza hacia la mujer que ya no esta allí.


Confundes lo real con las ilusiones de tu mente, prefieres la locura y el fin, danzas con tu vestido de novia gastado, con una eterna ilusión, porque ya no crees y te engañas, mirando un espejo roto, ese espejo que rompiste en mil partes y que tatuaron tus brazos.


Camina por Av. Santa Fe y Av. Callao, Agustín reconoce rostros extraños, familiares a un pasado que él conoce. Esa gente de ropas viejas siempre pasan de ser percibidas por el resto de las personas que a la siente de la tarde de hoy en este día de otoño pasan por acá. Agustín acostumbrado, solo esta mirando hacia delante desconcertado por su propia vida, por ese nudo de llanto en su garganta que contiene a cada segundo, en cada uno de sus pasos. Ese llanto que aunque se rompa en ese instante sabe que va a volver en otro como ocurre siempre… se guarda las ganas de llorar.
Esta entrando en un café, el señor del habano lo esta observando, pide un doble cargado. Agustín solo piensa y quiere dejar de pensar. Al final del camino esta la luz.

Agustín esperando la llegada de los buenos tiempos, sigue recolectando fotografías antiguas. Se anticipa al comienzo de la marcha del veinticuatro de marzo en Plaza Congreso, compra tres hermosas fotografías, una del puerto de Buenos Aires donde se ve claramente a un joven marinero de condiciones humildes con una bolsa a sus espaldas a merito de mochila y en el fondo un gran barco genovez, casi del año treinta calcula, otra de las fotografías es de tres niños, dos niñas con hermosos vestidos de puntillas, una con un moño blanco en su cabello y la otra con dos rulos y el niño con un rostro angelical y serio para la ocasión, la tercer fotografía es de una dama sentada en un lago.

Una y otra vez a Agustín se le viene a la cabeza la imagen de la mujer del parque y se pregunta en qué momento se fue, cómo pudo desaparecer así tan rápido.

Agustín decide entregarse a su verdadera vida, con todo aquello que significa. Decide entrar en sí, deja el morbo del mundo allá atrás, Agustín quiere aliviar sus espaldas sin preguntar esta vez por qué. Y decide hundirse en el más profundo de los silencios, para ser él mismo, nada más y nada menos que Agustín ¿Qué significa eso?
SER, SENTIR, SOBREVIVIR, CERRAR PUERTAS, CAER A TIERRA SIN QUE DUELA, TRANSGREDIR, SER PRUDENTE, DESCREER, PORQUE HOY YA SU CORAZÓN NO RESPONDE Y ÉL SOLO TIENE EN SUS MANOS LA POSIBILIDAD CONFUSA DE VIVIR, MIENTRAS LE DUELE EL ALMA NO ES LOCURA SOLO ES DOLOR.

Una vez perdido el brillo de los amaneceres en una nueva mañana de otoño, perdido el hambre y la sed, el amarillo tiñe las calles y el corazón de Agustín. Todo esta regresando, el otoño y la mujer de la puerta a la espera. Y Agustín esta aterrado, se hunde en fotos amarillas y húmedas, mientras que rizas y cuchicheos lo asustan, miradas posadas en su espalda. Y Agustín lo sabe y él lo siente y es en lo único que puede creer pero otra vez lo niega, se escapa todo aquello a una razón lógica que pueda darle.

Es media noche y Agustín se dispuso a caminar por Loyola hasta Julián Álvarez, después por Av. Corrientes en sentido contrario a su casa y camina sin condición a paso lento pero decidido.
En Corrientes y Mario Bravo se detiene, él la mira sin poder hablar, inmóvil, esta ahí enfrente, SI, es ella, con su viejo vestido y su estilo anticuado y en ese preciso momento de la negación su alma vuelve a su cuerpo.

Almas como la de Agustín son las que aman para siempre, son las que aman y no saben dejar de amar, las que llevan con dignidad el dolor del amor no correspondido, las almas como la de Agustín son incapaces de odiar. Agustín esta resignado a su suerte, al menos tiene el cosuelo de haber conocido el amor, de haber creído en el amor y sobre todo de haber sabido amar. Él es un ser extraño en este mundo al cual no pertenece.

El ángel-demonio deja en Agustín una gran y profunda herida, lo deja inerte en este mundo en el cual él esta ausente, el ángel-demonio abrió sus alas envolviendo a Agustín en su incertidumbre, en soledades que agigantan su desencuentro

TRABAJOS PRÁCTICOS, PARCIALES, TELÉFONOS, NOCHES, MÚSICA, SOL, TIBIO SOL, SEXO, ALCOHOL, DROGAS, VACÍO VENTANILLAS, CALLES, GENTE, MURCIÉLAGOS, SUBTERRÁNEO, AMARILLO, ALMAS, FANTASMAS, VACÍO, AMOR, DOLOR, CANSANCIO, FIN DEL DÍA.

Entre las fotografías y recuerdos Agustín esta durmiendo, son las doce y media de la noche de este día muy triste increíble pero Agustín, comienza a negar más duramente esas imágenes y en el segundo que escucha tan horrible voz su alma vuelve espantada a su cuerpo, violentamente su corazón late, pero su habitación esta en calma ahora, todo en su lugar, todo como si nada de aquellas imágenes hubieran pasado.

La picara nieta de Don Manuel murió hoy, ya no vive la muerte rodeándolo esta.
En este tiempo y luego de tantos sucesos su corazón cada vez se esta endureciendo más. Él se resigna a la idea de ser un resentido, él quiere vivir, pero no puede dejar de lidiar con su corazón, con sus penas, con lo asignado en su vida.

En Parque Centenario esta comprando unas nuevas fotografías, una colección de fotos de una familia. El chico que las vende le deja treinta fotografías a cuarenta pesos, solo hace falta ver un para de ellas para irse satisfecho.

El otoño más frió de su vida, el otoño más desganado… piensa. ¿Cuántos errores es capas de cometer en su vida? Su seño se frunce.
Mientras que un par de libros le dan respuesta a su crisis existencial, palabras de amigos dan aliento para seguir adelante y las voces que lo dominan lo invitan al exilio del mundo. Por ahora nada es solucionable… convencido que puede engañar a todos menos a sí mismo pretende escapar pero Agustín es de las almas a las que se les niega el mundo… Se duerme con el control remoto en la mano, la televisión con un alto volumen y una aburrida película de canal siete, siente como es sujetado fuertemente por una pequeña mano a sus espaldas, logra safarse y una vez más la negación. Tres pequeños niños lo están invitando a que se marche con ellos y un NO rotundo borra aquella aparición.
Termina la transmisión.


Qué es amar a todo y que no sea nada, qué es amar a alguien y que no signifique nada. Qué es un amor muerto en el alma de una persona. Si el amor esta ahí intacto plagado de existencia y melancólica vida.
Amor inerte en el ALMA. Amor en medio del pecho que se carga, que se lleva. Amor que en la realidad de este mundo no es amor. Un corazón que se llena de recuerdos melancólicos. Amor que ha decidido vivir inmortal en el espíritu. En mi espíritu, no crecerá, no va a morir, va a vivir inmortal en mí… ¡¡¡quizás!!! Lo sabes.
Tristemente enamorado de un espejismo, de un sueño. Un sueño imposible que existe en mi corazón, un amor que se lleva mi alma.
Cuando yo sueño, sé soñar en cosas posibles, sueño con aquello que sé que un día voy a alcanzar, en aquello que hoy es un abstracto. Pero que ella me ame o que me hubiese amado es un sueño imposible… Sus ojos nunca me declararon amor, sus besos solo fueron como centellas que cortaron mi piel. Un amor que me mantiene prisionero de mí. Un amor que me roba la calma… un amor que me hace conciente que nunca será, porque no fue VERDADERO. Un amor… eso solo un amor.
El amor verdadero me espera en otro lugar… Me lo designa la calma de mis energías en el que hacer de mi locura. Tal vez el amor me dure para siempre… quizás.



En un café Agustín habla con su amigo Jeremías, él lo convence que todo es cuestión de tiempo, pero Agustín odia las esperas. Las cosas si pasan son porque debían ser así, pero el destino se ensaña cuando juega con las casualidades… y que su magia lo iba a sacar… Jeremías convencido de la fortaleza de su amigo lo invita a distraerse; a salir de esos reductos plagados de libros, fotos antiguas y cosas viejas que lo llevan a paseos constantes y eternos por el pasado… Jeremías mientras habla con Agustín piensa en una solución, en algo que pueda traerlo otra vez, pero al recorrer la vida de su amigo… cae en lo real… Por suerte fue feliz y supo amar a pesar de lo difícil que es ser Agustín.

- Jeremías: ¿Sabias qué el día que se suicido yo le saque una foto desde la vereda? Casi no se ve… nunca te lo dije…
Fui a su casa y desde abajo espere hasta esos últimos cinco minutos que miraba por la ventana. Estaba bailando de lado a lado en su habitación con su vestido de novia… en ese segundo cuando miro a la calle, ni siquiera se percato que yo estaba ahí… me miraba pero no me veía. Tome la foto, pero la mire segundos después, pero solo capture esas imágenes en mi memoria, no pude sacarle ni una foto más porque estaba clavando sus ojos en mi… llore como un niño desconsolado… como a un niño cuando le sacan algo que quiere mucho… corrí hasta casa con la maquina de fotos en la mano. Cuando llegue a casa fue cuando vos me llamaste.
Nunca voy a poder comprender su dolor, tan profundo, tan agobiante, dejarse morir por él, dejarse morir… entregarse tan hondamente al desconsuelo… él es feliz y ella decidió lo peor, ella decidió no más, no lo pudo soportar… ella no quiso nada más, no acepto ni una de mis propuestas, no me escucho… cuando yo llegue era tarde, ella me decía que él le gritaba “estupida como te voy a regalar mi vida…” y cuando lloraba en mis brazos yo la sentía… ella espero hasta el día que decidió terminar con su vida que él le diga “TE AMO” yo entendía su dolor… como nadie pudo escucharla a tiempo… yo no pude con eso… ¿Cómo hay personas que pueden ser felices cuando le destruyeron el mundo a otras? Él esta feliz… lo sabes… ¡Si estuviese viva, Jeremías!
- ¿Y vos Agustín… lo estas?
- Siempre creo que fui un muerto en vida.

Agustín se quedo con todo el amor en su cuerpo, con todo el amor en esos instantes de belleza de aquella mariposa bella que hincada en una flor agito sus alas y lo invito a volar… ese ángel-demonio que le dijo casi en silencio quien es él en realidad… ese ángel-demonio que inconscientemente le dijo que el amor es lo que se siente, es eso… pero ese ángel-demonio no es su verdadero amor, ese ángel-demonio enamorada de la tentación y de un ser sin luz… el ángel-demonio que envía a la luz a Agustín… sin querer, en un acto de inconciencia, en un acto donde el corazón de Agustín no entendió razones.

Luego de la charla con Jeremías, Agustín siente en su pecho oprimido por la angustia, siente su alma oprimida… lo único que piensa es en su vida injusta consigo mismo, que las cosas habían sido difíciles. (Como pensaba Jeremías). Pero resignarse a su suerte le permitía siempre seguir, continuar… cosas mucho más fuertes atravesó… pero este dolor no lo cura el tiempo.
Se refugia una vez más en el puerto… la noche de otoño lo envuelve con su gran frió… pero entregado a los olores cristalinos del puerto, camina a paso lento y agitado con las manos en los bolsillos, con vagas esperanzas y sueños profundos… el silencio esta conversando con el río… el frió agazapándolo como inocente circense de vidas pasadas.
En un instante levanta la mirada y ve un joven marinero con su bolsa al hombro a merito de mochila… se cruzan y mantienen sus miradas fijas… perplejo Agustín sigue con su mirada esos ojos… es ese instante que los ojos del otro viven en nosotros, en el que conocemos y dejamos de conocer al otro, que se graba en nuestra memoria inmediata. En esos ojos en los que nos reflejamos solo ese instante.
El marinero camina hasta que se pierde en la bruma. Miradas que se posan en su espalda y los susurros en su oído… y un silencio que solo Agustín reconoce… el olor del río, la noche fría, tintes oscuros… palabras secretas y el llanto del miedo y la negación.
Agustín conoce a ese joven marinero, sabe quien es, ya vio esos ojos y aunque cierre los propios ve repetitivamente la fotografía del marinero que compro en Plaza Congreso el veinticuatro de marzo.

Con el fin del otoño llegaron las entregas en la facultad. Agustín el arquitecto… pero antes Agustín… es la época de gran cansancio, de ritmos acelerados, de un profundo teatro cotidiano, nadie debe sospechar de su profunda tristeza y ahí lo tienen… Agustín cansado, arrastrándose moribundamente… es el fin del otoño… es como morir y volver a nacer. Nacer en el gris-azul del invierno.

El cansancio lo venció y el fin de semana se queda solo en su casa… esperando. Esperando al…
Sentado observa fotografías se concentra en esas imágenes… tres niños… ¡¡¡Conoce a esos niños!!! …Esos niños son los de la noche que se quedo dormido con el televisor encendido… NO, era imposible… SI lo era…
El destino se ensaña con las casualidades… sigue mirando las fotos… ahí esta ella, tan hermosa, tan antigua… la mujer de las apariciones… SI… claro, la niña es la misma que estaba fuera de su ventana… y aquí el fin, la explicación, mi voz… Yo el tormento.
Agustín inmóvil, serio, triste, exhausto, indignado, el teléfono, timbres, ruidos, aturdido… si en esa ultima fotografía esta él, junto a quienes son su familia. Su familia de ese tiempo pasado que no es este… los tres niños, su esposa y él… una familia… el amor reflejado en esos rostros… su rostro es el de un hombre feliz, una felicidad que jamas se reflejo en su rostro en estos tiempos, su rostro en esa fotografía… Agustín se reconoce así mismo en ella, como aquel adulto que se reconoce a sí de niño.
Y los susurros y las miradas posadas en su espalda y un instante de tiempo vacío… teléfonos sin voces del otro lado… colores innatos… y música que comparte el silencio.
Es él en esa fotografía.
Esta corriendo a su cuarto y en la ultima fotografía del ángel-demonio, esta la silueta rosa-violeta de los tres niños… ¿QUÉ ES TODO ESTO?

Todo merece sus respuestas, cada alma lleva consigo sus respuestas, cada alma es sabia pero no digna de racionalidad, todo más contradictorio aun, cada alma es aun más sabia apartada de la racionalidad.
La racionalidad no nos deja ver con los verdaderos ojos… la racionalidad no nos deja ver con estos ojos. Nos hace necios.
Hay solo un camino que no es el de la lógica ni mucho menos es coherente… el camino es el amor y aun más en la vida.
Hay espíritus inquietos… llenos de felicidad que al llegar al mundo aun conservan mucho de ella, pero la realidad que no es la supraterrenal, hace que todo se pierda… Agustín perdió cada indicio de esa felicidad que supo tener en esas fotografías…

- Agustín vuelve conmigo…

Agustín no es de este mundo de egoísmo, de oscuridad… de traidores, perversos e insensibles almas…
Agustín ya estuvo aquí, Agustín saltara hacia el exterior de este mundo. Desafío a su propia alma en los otoños del destino y yo lo espere siempre, lo busque ahí en donde todo se confunde entre el cielo y las aguas, en los árboles del parque, en el aire y en cada una de esas sensaciones del mundo que se enfrenta a él...
Yo estuve en esos sueños…
Puedo decir que Agustín no es de este lugar de terror y de hermosa/horrible estadía…
Agustín es un espíritu inquieto… él ya estuvo aquí.
Cosas que pasan… es un alma muerta que a la espera de nacer se adelanto al propio tiempo… son almas que no esperan al tiempo, necesitan vida para ser y ser les procura vida... son almas que necesitan ser... y el tiempo... se adelanto al tiempo...
El destino decide jugar con esas almas en las casualidades de sus vidas… nada es casual... Agustín lo sabía...
El destino juega con las casualidades.
Agustín ya estuvo aquí... su alma se adelanto al tiempo, él pertenece a la ciudad de las aves…

LOS REZAGOS DE LUCIANO


¿Dormía, si dormía… por qué? Sí. ¿Por qué dormía? Yo no lo sé… a mi no me preguntes. Podría no dormir. En realidad históricamente duerme. Yo creo; pero no es que sea así, es algo que yo creo… duerme. ¿Por qué?
Sabias… sus sueños no son dulces sueños… increíble. ¿No? ¿Vos que crees? Yo sí… creo que es así… yo no sé… ¡A mi no me preguntes! Yo solo sé que duerme. Y duerme mucho.

Otra vez la madrugada y los teléfonos no suenan, dejaron de sonar hace tiempo. Y de tanto recuerdo llego al olvido.
Si olvido hasta quien soy yo misma, quienes son ellos mimos… olvidar quien fui no me deja ver en quien seré y hoy no sé quien soy.

Mi más profundo tormento se lleva mis rizas, mi canto; y nada más ni nada menos que a mi… otra vez de madrugada.
Y paso el tiempo.
Y pasaron los años de mi patética ausencia y yo como un testigo encubierto que secretamente trata de mostrar fuerzas, pero esta quebrado por dentro y solo necesita dormir… sí dormir y con esa ilusión, que sea para siempre.
“No te asustes si voy a tu lado”; y sabía que el pedido iba a ser que me aparte y la desconfianza que provoco…
Deshojando margaritas en cada vereda y en todas partes y en mil partes y en mil partes mi corazón se deshojo… me analiza la mente de otro que no analiza la propia… y un amor para toda la vida, no tendría porque creer… sí, deje de creer para dormir y hacer un muro con el allá afuera.
Y pasaron los años y no fueron tantos. Son tantos los años que reclaman ser olvidado, son los años tantos… montos años… y un pedido de absoluta ausencia para que yo no quisiera escuchar otra vez el allá afuera.
No creo en el amor para toda la vida, no… y como pasaron tantos años y el hastió del amor no correspondido hundido en mi pecho… si me lleva a concluir en ese destino incierto. Calles nuevas en mi mente, en mi nuevo allá afuera y las ausencias.
Ya no hay… ya no esta el caminante sin destino… las penas y el amor me lo hizo tragar… tragar mi amor, las no palabras, el caminar, mi coraje… en estos años, en estos tantos años le busco explicación a la locura ajena… no hay solución… y yo no me quede danzando con la muerte, no me quede enamorada de un espejismo… pero si soy esclava de la decepción… Sus secretos y la paranoia de lo no posible lo tiene en el cuarto del hospital; clavando la mirada en ese muro que no puede saltar… desenfrenado grito que no escucho porque ni hable… pero ese único pedido, esas lagrimas tragadas, esas mis lagrimas.
Pero ese único pedido impulso mi vida a la palidez, al no sol, a la no caricia, a la vanidad de ese instante ahogado por el silencio… lo espere mil veces en la calle, mi veces no apareció, otras no reconoció mi perfume… pero… por qué debía haberlo hecho… si yo no existí en su vida, yo nunca existí en la vida de nadie… su amor perteneció siempre a su eterno homenaje y culto a la depresión… a la mentira de una puta cobardía, a la novia de su amigo. Su amor perteneció a la que fue capaz de cojerse a todos sus amigos, su amor perteneció a la locura propia, a la locura ajena… y a pesar que yo enloquecí, que se volvió gris mi mundo… jamás tuve su amor como esa hija de puta… esa diabólica niña muerta… y aun el recuerdo, después de tantos, pocos, tantos años… sí…. su recuerdo me irrita, me pone mal, me altera… no podría ser de otra manera… ellos dos muertos, ellos dos amándose hasta el hastió en una cama, en sabanas mal olientes de otros sudores, de sudores ajenos… y él envuelto en lagrimas… en una vida ficticia.
El mundo real no es lo que él quería, no es en realidad y ahora clava la mirada en un muro que no puede saltar. En un muro que le muestra quien es en realidad…
Y pasaron estos tantos tontos pocos años y mi otoño cambio y mi agonía no cambio su destino; pero si ha cambiado la realidad.
Y son esas... sí lo son... las palabras perfectas son las que se escriben con el alma, con el sentimiento en la boca... cuantas veces... sí, cuantas le quise decir “te quiero” y que solo podía amarlo... y a él... pero no... pero cómo... sí, cómo.
Enloquecí yo primero... la realidad fue real, yo no quise ver y hoy decidí dormir.
Y hoy en los sueños lo veo como el vagabundo vulnerable de un mundo ajeno. Aun sus ojos se cruzan en mi mirada y aun siento su llanto escuchar. Aun habla con fantasmas, aun sueña con sus propias mentiras y aun él es el andante, el caminante que escucha sus propios pasos en el allá afuera.
Sí, yo duermo porque el tiempo paso y no significa más que meditación porque conozco quienes han decidido morir por el maldito y puto amor... él no... él murió por una puta... murió y aun sigue vivo mirando atónito al muro que lo captura y libera de si mismo.
Y yo. Sí yo... aun pienso en vengar mi dolor jugándole revancha a la vida... jugándole revancha a la muerte.
¿Hace falta explicar?¿Hace falta? ¿Qué voy a hacer? Si siempre lo voy a amar, me odio por ello, no hay calma en mi vida, no hay paz en mi alma, me odio por el amor a otro, me destruyo, caigo. No me imagino, no quiero sentir y sin más remedio caigo en la mediocridad de imaginarme solo en sus brazos, porque otros brazos serian impuros, horrendos... Mi locura... autodestrucción y él esta ahí dentro y yo estoy con él... gritos... muchos gritos... tengo miedo de mí... tengo miedo...
“Me oís”...
Lo amo, sí, solo a él... ni siquiera puedo imaginarme o intentar amar a otro... va nunca pude hacerlo, me odio por eso... lo amo, sí, solo a él... ni siquiera puedo decir que me amo a mí también...
Suena el teléfono... hoy cuando había dejado de sonar.
Estoy durmiendo.

Duerme, sí... ¿Otra vez? Sí otra vez duerme. ¿Ella dormía mucho más?
¡¡¡A mí no me preguntes!!!
¡Yo qué sé!
Bueno, bueno... duerme seguramente. Si duerme. Seguro que despertara.
¿¿¿Despertar??? No, no... va a seguir durmiendo...
¿Va a seguir durmiendo?
Bueno yo qué sé... ¡Claro!
¡¡¡A mí no me preguntes!!!
¿Duerme?
Sí... para siempre.




No duermas y seguí tu camino...


EL UNICO ESPANTO


Hay alguien durmiendo debajo de mi cama.

Hay alguien durmiendo debajo de mi cama. Un fantasma más de los míos. Uno más que quiere algo conmigo.
Sale del colchón. Su rostro se reposa al ras del piso. No tengo por qué temerle. Pero yo duermo en esa cama. Es incomodo saber que ahí esta el fantasma.
Interrumpe mis sueños y no deja que mis noches sean tranquilas y claras.
Mis anteriores fantasmas solo querían asustarme. Se resignaban cuando no lo lograban pero este ya ha pasado meses y meses bajo mi cama.
Yo no permito que nadie entre en mi habitación. Dicen que en ella hace mucho frió y que emana olores desagradables.
Hablo con él. Pero no responde a mis cuestionamientos, no me mira y parece no escucharme.


Él ahora es mi fantasma.


Joaquín es inquieto genio maldito hecho carne. No quiere que nadie se le acerque. Solo se entretiene con sus historias de ultratumba. (Quizás porque la vida le aterra)
Él es el andante sin camino y destino. Poco le interesan las convicciones y pensamientos, propios como los ajenos.
Su mundo se reduce a él mismo y la realidad la dibuja con la cotidianidad sin ser real.
No tiene ambición y no sé si tiene sueños. Joaquín desafía a la vida, con cuestionamientos racionales, pero evade las reglas para cualquiera que considere estar del lado de la línea coherente.
Él escucha, escucha pero en realidad no oye nada.
Los demás creen que Joaquín esta loco, yo también lo pienso. Pero me desconcierta porque no lo parece.
Todos los días lo veo recorrer el pueblo en tan solo tres horas quince minutos.
No sé que corre; si al tiempo, a su sombra. Sé que por deporte no lo hace. Soy bruja.
Yo lo observo desde mi ventana. Me tortura con su mirada y se oculta tras las cortinas. Dicen que pelea con fantasmas por eso tiene esa sarcástica mirada penetrante.
Cuando llegue al pueblo y me mude a esta casa. Todos comentaban historias sobre Joaquín y su familia. Su hermana Manequena tenia una extraña enfermedad por la cual murió, se habla de la rosa negra… su hermano Leonel se había mudado a una ciudad grande, de la que desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra.
Yo investigue si Joaquín era así por estas perdidas. Pero no. Él no conoció a sus hermanos prácticamente. No sabe ni quiere saber mucho de ellos.
Lo único que se sabe con exactitud de Joaquín es lo que sale de las personas que lo observan como yo. Porque es una persona muy extraña.


Sé que algunas son solo patrañas.


Mi fantasma sigue bajo la cama. No me mira pero ahora por las noches escucho su llanto y un gemido.
Quise intentar ver su rostro, no puedo llegar a él.
En un sueño que tuve, tenia la apariencia de una mujer angelical, pero sus ojos ocultaban algo más que un ser inocente.
Al interpretar el sueño deduje que él es un demonio entristecido, más que un malvado. Mis preguntas son de dónde ha salido, quién es, qué quiere de mí.
Quizás tengo algo para darle y no encuentra la forma de pedírmelo.
En los últimos días descubrí que cuando suenan las campanas se va. Quizás es el llamado a su mundo. O tal vez al regresar a su lugar, mira su táctica e inventa otra para poder asustarme.


Joaquín esta en la ventana. Hoy tardo casi seis horas en dar vuelta la ciudad.
Lo observo más agotado, desde hace días tiene otro semblante y se asoma más seguido a la ventana. Seguro que para ver si yo lo observo. A veces sus ojos me dan mucho miedo. Tuve pesadillas donde él estaba, me seguía, pero nunca podía alcanzarme. Joaquín esta solo ahora. *Lo veo tirado en el piso.
Mira debajo de su cama hora tras hora.
Se levanta, viene hasta su ventana y mira al cielo, me mira, cierra las cortinas y apaga la luz.



Mi fantasma sigue ahí inmóvil, como si estuviese más muerto aun: fantasma, fantasma… No responde. Parece que nada lo motiva, esta ahí, colgado desde el colchón. No sale, no hace nada y no puedo hacer nada por él.
En estos días observe que la niña de la casa vecina me observa, me mira cada segundo. Una niña que asustaría a cualquier persona y creo que lo intenta hacer conmigo. A veces creo que ella es aliada del fantasma empedernido y caprichoso.
La niña me sigue con su mirada y me espera inmóvil sentada en su ventana desde que salgo hasta que regreso de mis expediciones diarias. Que son para el reconocimiento de algún nuevo espectro que visite la ciudad… tengo que tener todo bajo control… todo… la niña no controla… me vigila… me espanta.


Día décimo: el paciente internado el 15 de noviembre del corriente; presenta síntomas característicos de la enfermedad pronosticada por el doctor psiquiatra Miguel Salazar diez días antes.
El paciente sufrió dos crisis en menos de cuarenta y ocho horas.
Mis colegas al notificar en la historia clínica número diecisiete mil ochocientos cuarenta y dos, me advirtieron la seriedad del caso y el compromiso que requiere asumir y llevar a cabo el seguimiento del mismo. Por el momento se considera que la medicación suministrada no va a revertir el cuadro del paciente, solo calmaran los ataques esquizofrénicos.
El paciente permanecerá internado hasta que presente algún signo de recuperación… crack!!! La doctora deja su grabadora y se marcha hacia el hospital.

Estoy aquí con mi fantasma, sus manos salen por debajo de la cama pero yo me siento muy solo. Solo en mi cama. Mi fantasma nada me dice.

Ahí esta Joaquín arrodillado junto a su cama sacudiendo sus manos con movimientos raros.

No queda nada ni nadie. Los fantasmas se marchan y ya no están. No encuentro mucho más que inocencia por ahora. Mucho vació: fantasma sal de debajo de mi cama. ¡Fantasma ya salí de ahí! Desde aquí se escuchan los gritos de Joaquín. Ahora llora. ¡No lo puedo creer! MAMÁ… esta arrojando todo por su ventana.

Estoy cansado, todo se ahogo en mi propio despojo, quiero creer que la vida tiene sentido y dejar de estar enamorado de mi deseo de morir. Quiero correr y buscar todo aquello que las personas pierden y no encuentran nunca más. Lo que yo nunca tuve.
El silencio me enloquece.

Llagaron los médicos en una ambulancia. Los padres de Joaquín están muy alterados. Su madre llora, esta muy nerviosa y su padre acompaña a los médicos hasta el cuarto de Joaquín.

Ahora creo que ya no tengo fuerzas y no puedo continuar, ya no hay nada en mi interior, no encuentro causas y motivos por los que tenga que luchar.
Mi cuerpo sangra, mis lágrimas recorren mi rostro y hoy siento miedo.
La noche cae sobre mi vida y nada queda, nada dice el día de mí. Siento que pierdo todo, que las horas se van, los que estaban ya se fueron y mi angustia incita al dolor. Mi pánico me lleva al hastió. Quiero correr antes de perder mis placeres.
Al nacer me consagre al silencio, cuando entendí el concepto de las palabras, la realidad me cerro sus puertas. Al arruinar el sueño de un niño que llevaba mi nombre, no volví a ver hacia atrás. No quise nada más de esta vida.
En ese momento fue cuando llegaron mis amigos fantasmas, todos ellos quisieron que yo les diera mi vida, jamás pude darle todo lo que me pedían. Era lo imposible, mi carne, mis huesos, mi piel. Pedían demasiado.
Luego llegaron los reproches, los niños chillones, las ausencias que quemaban mis ansias, mi paciencia.
Camine en mil noches, llore por plegarias que no dirigía mi alma. El acto fallido que me llevo al mundo en el que estoy, no resolvió mi vulgaridad.
Camine sólo, sin dormir.
Mire al espejo. Cuando vi mi rostro ya había crecido.
Mi mundo solo era mi mundo. Tan solo mío. Y nadie comprendió esto.
Yo creí conocer el alba, no conocí lo bueno y lo malo. No creo que pueda entenderlo.
Los niños que no eran fantasmas me lastimaban, atentaban contra mi integridad física y psíquica, contra mi alma. Yo no conozco más de lo que supe ser…

Los médicos golpean la puerta de Joaquín.
Lograron entrar.
Él enloqueció.
Se tira a al piso.
Puedo escuchar los gritos llamando a su madre.


No entiendo por qué a mí… solo a mí.
Yo creí que ya estaba superado y que ya estaba preparado para la despedida.
Veo que no es así.

Hoy sueño con los ojos de Joaquín. Sus padres están muy tristes, angustiados ya casi ni se los ve. Mis pesadillas son seguidas. Mamá ya no me deja espiar por la ventana.
A veces me parece verlo tirado junto a su cama. La imagen quedo gravada en mi mente.
Los médicos se llevaron a Joaquín.
Sé que no va a volver.


Nosotros solo le tememos a un fantasma… uno que nos persigue cada noche en pesadillas, que creemos ver en la calle y en nuestras casas. Uno que se fuga de nuestra vista rápidamente, un fantasma que creemos oír, que nos nombra, que se mueve cerca nuestro y nos toca. Nos da horror su simple presencia hasta que nos acostumbramos a él, o no.


Por eso el fantasma debajo de mi cama tenia mi cara.-

MAQUINA DE ESPIRITUS


El solo corría por él magnifico túnel. Un túnel que poseía luces de neon azuladas, él corría hacia la luz resplandeciente que estaba al final.
Por el túnel merodeaban espectros que lo traspasaban, fantasmas de guerreros medievales, fantasmas de doncellas, de astronautas, de personas que él había conocido en su vida y que estaban desaparecidas. Los espectros corrompían su respiración de un momento a otro, le apuñalaban lo latidos del corazón.
Él corría, corría hacia aquella luz, l a luz que estaba al final del túnel que daba al universo, solo corría y quería volver a sentir su pecho, su cansancio, era un zombi, era como un fantasma mas entre todos aquellos.
Vivía en un mundo aterrorizante, era un niño hombre... indudablemente su vida había sido solitaria. No le importaba demasiado nada... (en reuniones con amigos, con gente querida, se solía sentir solo y en minutos desaparecía de ellas sin que nadie supiese nada de él)
Él buscaba unos ojos que le dieran calidez, ojos que quemaran su piel como el sol, pero nada de eso encontró, por eso estaba ahí, en el túnel que daba al universo.
Cuando ya casi no había oxigeno en el aire, cuando el monóxido quemaba sus vías respiratorias, había llegado al final del túnel, se detuvo imponente al abismo y se lanzo a los brazos del gran vació y dejo de respirar y entonces entendió...
Recordó al duende y las palabras que él le había dicho...


Nadie me cree... ni el Juez, ni la gente, ni los amigos... nadie...
El juez me decía que era un hombre bueno... si yo lo sabia... era como un niño hombre, él era mucho mas que una buena persona, yo no podría haberlo dañado ni lastimarlo.
Lo único que sabia cuando lo vi la ultima vez era q no estaba bien... estaba triste... depresivo y esa mañana desapareció, lo vi poco convencido desilusionado, más triste que siempre...
yo no lo mate, yo soy inocente
el juez no me creyó, en él ultimo tiempo algo le pasaba... no lo pude ayudar... esa es mi culpa... la culpa que me dicta mi conciencia...
El juez no entiende, estoy en prisión por un crimen que no existe. Tal vez soy culpable, si, porque jamás le dije a Leonel que lo amaba... mas que a mi propia vida.
Ahora detrás de las rejas, siento esa sensación de soledad inmensa, de la que me hablaba a veces él, cuando yo no lo escuchaba, cuando no le daba demasiada importancia, pero la percepción que sé poseer a veces, me hizo recordar ahora a aquellas palabras que capte. Estando acá, con tanto tiempo para nada, de a poco le doy la razón a esas palabras que son una clara descripción de lo que es morir en soledad.

Cuando supe que había desaparecido Leonel, mi alma se quebró entre el pasado y el futuro. El presente significa mantener su recuerdo vivo… sin dejarlo ir, no puedo dejar de acordarme las cosas vividas juntos…
Dónde estará.
Lo siento vivo.
Pero dónde esta…
Esto es algo moralmente humillante y no se puede olvidar, no se puede enterrar todo esto en el olvido.
Soy casi la culpable de que él no este aquí, yo, la principal sospechosa. Yo fui la ultima persona que lo vio.
Cuando desapareció fui a buscarlo al lugar donde él podría estar y por eso la policía siempre sospecho de mí, por no encontrarme en la ciudad en aquellas veinticuatro horas que siguieron a la desaparición de Leonel (esas horas casi me matan) y por no tener testigos que digan en donde estaba yo. Fue un acto inconsciente y la culpa recae toda sobre mi.
Su departamento lo encontraron desordenado, como si alguien hubiera estado buscando algo. También la policía encontró restos de una pólvora enrarecida.

Me sentía extraña, estaba muy cerca de la locura… yo podría haber cometido el crimen perfecto… nadie sabe que lo amaba…
Quien le diría que lo amo. Él era mi niñito que dormía suavemente en un sueño infinito, donde él quería sentirse vivo. Dejar de sentirse solo, él quería amor, quería oír palabras dulces, quería alguien le dijera que estaba vivo…
“Yo lo sentía vivo y nunca, nunca supe decírselo”.
Él quería uno ojos que le dieran calidez y no fue así. Estaba solo.
Creo que era un espejo para mí, donde podía ver todo mi dolor, mi alma y no quería reconocer nada, no quería ser como él y él no quería ser como yo.
Siento culpa.
No lo ayude.
Dónde estará.
No quiero pensar que esta muerto porque el infierno es mucho más profundo. Es más difícil de soportar.

Quisiera encontrarlo al menos en sueños.
Sus ojos lo desnudaban espiritualmente, pero había que saber mirar para llegar a ver ese ser... yo amaba sus ojos, eran dulces como la miel, su tez tostada por el sol… él amaba al sol, posaba ante el hora tras hora. Solía abrir las cortinas para dejar que entre el sol en toda su casa…
Que se colmara de sol… que se colmara de vida.
Leonel se tiraba en su cama dejando que el sol lo encandilara y dejaba que su rostro sienta el color. El sol era su dios, aun así amaba los días grises, que le daban un tono grisáceo a la vez a sus ojos; amaba la lluvia tanto como al sol. La oscuridad no le aterraba, porque sabia que habría en las noches la luz de la luna, iluminada por la gran estrella. (Él era la luna, sin poder encontrar a su sol.)
Quería escapar de aquella soledad y no había nada para él que pudiera salvarlo, ahora me pasa a mi.
¿Qué me puede salvar?
Esto es un castigo por mi silencio.
Leonel no esta y yo siento que me he ido con él. Quería trascender, ser aun más fuerte, dejar de sentir en su alma ese sentimiento tan agobiante, el dolor. Quizás esa era su enfermedad. El mero desvió producido por una causa como la soledad, él solo buscaba su destino entre lo nuevo y lo perdido, su sueño nunca afloro, su realidad era torturante, pienso… cómo puede un hombre vivir así… sino es libre de sí mismo.
Leonel parecía buscar más que nunca esa perfección de la vida, él ocultaba en sus ojos un brillo que los hacían como estrellas, ellos hablaban por si solos “nos volveremos a ver”…
Él estaba ausente como si hubiera perdido algo. Con la riza sarcástica de la despedida, sé que le había ganado a la vida… (por ello nunca morir)
Yo sé que deje que Leonel desapareciera… quizás por el solo hecho de tratar de ocultar todo el tiempo lo que llevo dentro, por miedo al prejuicio, por miedo…
Dejar de sentir, ser un zombi en esta noche que da comienzo a mi vida de locura y muerte. Fantasmas y soledad… la culpa es toda mía…
Prisión.
Soledad.
No salve a mi vida.
No salve a mi amor.
Aquí pode morir para buscar el final… solo la luz.

Dícese de un duende que aparece por las noches ante las almas que todo el tiempo piden un deseo, que solo él puede conceder. Aparece en la noche que el espíritu y alma se encuentran en comunión; decididos a proseguir en una búsqueda infinita y difícil, casi inalcanzable. Por eso el duende que posee una pequeña espada de hojalata, se hace presente para conceder solo un deseo, que solo un ser casi en llamas pide a gritos de eco, en un mundo de sordos y ciegos. El deseo se concede según la magnitud de lo deseado.
Así fue como este duende se hizo presente aquella noche ante Leonel.
Casi enloquecido se había sumergido en un sueño profundo tan profundo, que le parecía vivirlo, era claro, real, hermoso, él estaba listo, toda su historia estaba lista.
En ese momento el duende aparece en su sueño y despierta.
Al despertarse el duende estaba junto a su cama y le dice: pídeme lo que quieres Leonel, solo pídelo. Un solo deseo te concederé, tu sabes tan bien como yo cual es, solo hace falta que lo digas y será todo tuyo.
Leonel lo miraba sorprendido, pensaba que estaba loco, pero solo era una oportunidad, cortar definitivamente con todo ese sentimiento de dolor y soledad (no tengo a nadie... qué más da...) liberar todo aquello y entonces dijo: quiero dejar de sentir, no más soledad, no más dolor. Duende quítame los sentidos para que mueran estos sentimientos de desazón.
El duende subió a la cabeza de Leonel, con su espada de hojalata apunto a la cabeza y traspaso el cráneo, dejo que desangrara y partió su cerebro en dos y asi Leonel perdió los sentidos y llego a su objetivo...

De aquella noche pasaron tan solo tres días para que Leonel perdiera el sentido del gusto. Hasta aquella mañana, él solo había pensado que lo del duende había sido tan solo una ilusión, un sueño. No sentía el sabor al café... no había sabor...
Al día siguiente pierde el olfato, al próximo el auditivo y se volvía más loco.
Antes de desaparecer, busca en su departamento alguna cosa material que le sirva para comprender algo aunque sea. Revuelve todo y no encuentra nada, todo era en vano. Al llegar la noche sabía que solo le quedaban dos sentidos, miro la luna y la admiro toda la noche y espero al sol y su locura empeoro. Entonces siguió buscando algo tenia que haber, solo quedaban horas para encontrarlo. En las últimas horas del día encuentra una caja y ve una fotografía. Ahí la ve a ella y con el único sentido que le quedaba, la visión, reconoció que los ojos de ella daban amor, calidez como el sol, lo vio nítidamente, ahí estaban juntos y así deberían haber estado como en la fotografía. Pero ya era tarde para ellos dos, él ya había dejado de sentir soledad.
Corrió a buscarla y la encontró, no hablaron demasiado, él ya no escuchaba. Pero sus ojos casi ciegos, le hablaban claramente nos volveremos a ver- decían. Se despidió con una risa sarcástica, ya no había dolor. Le había demostrado a la vida que él podía ganarle, aun con sacrificios y una trampa, con la ayuda de un hechizo. Por eso prefirió no recordar demasiado el pasado. Al volver a su departamento sus ojos ya se nublaban... el duende apareció y le dijo: sal de aquí, vamos fuera... corre hacia la luz que esta al final del magnifico túnel que da al universo... al fin del universo... al universo del mago... su cuerpo se desintegro y ya no sentía nada, la nada era angustiante pero descubrió allí un secreto, su más honda condición, la de ser el mismo, trascender a otro lugar. El montículo que había dejado su cuerpo en el departamento... arena enrarecida... la nada...

Sentir solo sentir, no importa qué, pero sentir, vivir y no dejarse morir, ser hombre para pensar, hombre para amar, entender y no olvidar, buscar siempre buscar, que algo siempre se va a encontrar y hacer, aprender, conocer, querer para después poder morir... volvió a sentir su cansancio en su pecho, solo el amor... y recordó las palabras del duende...
Sal fuera de esta habitación y entrégate al espacio exterior...