Cuentos
9 jul 2021
6 may 2019
ALAN
Un refugio extraordinario en
las sombras. Brillo, pero inerte sin
silencios. Llenando de reflexiones un
tiempo que pasa y cambia. De expresión a
inexpresión, apaciguando un destino lleno de desaciertos, inciertamente anhelable. Un punto de fuga a la luz. Una pelea interna entre una sensibilidad
llena de miedo en una oscuridad que captura la noche.
Mientras el amor se opaca y no es más que
un objeto, tan incierto como la debilidad del ser. Ya sin llantos, sollozos reclamos a un dios
muerto. Un pedido que entorpece la
fe. No existe triunfo cuando la
oscuridad irradia en presencia. Cuando la
noche se prefigura eterna.
Pasos silenciosos, angustiosos que solo
son seguros porque así lo requiere el transito vital.
¿Podrás perdonar al mundo que no te
comprende? ¿Podrás ver ya sin utilidad al objeto del mundo? Solo a tientas y con coraje los susurros de
los pensamientos deslizan el camino; uno, que impulsado por los latidos del corazón
aseguran el pulso. Ahí sin embargo están
los fantasmas de la noche que sin verlos los escuchas.
Desafiando tus capacidades de guerrero,
vulnerable y encantador, sensato en este desastre, cada cosa está en su lugar. Así como tu deber ser en medio de esa
oscuridad que se pierde en tus pupilas.
VALPARAÍSO CON AROMA A CAFÉ
El café que
inunda la ciudad. El aroma recorre los
cerros que hacen de Valparaíso una ciudad encantadora. De encantos sublimes, una magia que con la
humedad del mar y su sabor a sal hacen pieles curtidas. Forjadas piernas y huesos duros. Valparaíso mescla todo en una ciudad. Un submundo pegado al mar que se impone como
cuan cuento de fantasía y realidades foráneas de estos lugares del mundo.
Una noche
de aroma a café intenso, de un verano próximo, dos personas transitaban una
misma calle, la Bellavista que entre la Av. Brasil y la Av. Puerto se ocupaba por
vendedorxs de papas fritas, pizzas, sopaipillas, tabaco, completos; un puesto
tras puesto. La música pasaba de cumbia
a pop inglés.
El mar estaba sereno con una transparencia
turquesa. El sol ya desaparecía y
reposaba sus últimos rayos en él. Por la
misma calle Bellavista caminaba Aurelia, siempre cantando con su parlante a batería
en su hombro, como unx habitante del Bronx.
Su cabello negro estaba amarrado, sus ropas limpias y alineadas y su violencia
cotidiana. Insultaba a cualquier persona
que transitaba cerca de ella. Las miradas
acusadoras de lxs normadxs irritaban su particular sensibilidad. Perturbaciones de su ser que desconoce cada
persona que se topa con ella.
Más allá, delante de un enrejado que protegía
un puesto de jugo de frutas naturales, una confitería al paso y un par de
puestos de artesanos. Un hombre entre
unos treinta y cuarenta años totalmente alcoholizado gritaba frente a la puerta
de la reja. Gritaba desaforadamente que
el día tenia veinticuatro horas, que en unos pares de horas tocaría abrir y que
iba a estar ahí. Estaba vestido con su
visu extraña como si fuese un mafioso italiano que combinaba con su voz ronca
de whisky y tabaco.
A sus espaldas escondía un gran cuchillo,
una faca de campo, de esas con las que se desangran a los animales. Sus gritos eran cada vez más intensos. Gritaba obscenidades, amedrentaba al vendedor
de gaseosas diciéndole que esos webones iban a morir. Mientras las personas que caminaban por la
calle Bellavista no se inmutaban de ese espectáculo.
La calle es así, tierra de nadie. La calle sirve para caminar, para patearla y
no exactamente dándole patadas al cemento… patear la calle es una doctrina que
no es para corazones tímidos ni blandos.
Hay que saber pelear y plantarse frente a las adversidades a las que te
expone la vida. La calle no es para
cualquiera, en esa jungla la única vida que vale es la propia y la de quienes
valoras lo suficiente como para darla por unxs otrxs, sino estas a mano con el destino.
La gente ignoraba a el robusto Amadeo,
llamado “El Roña”, que había llegado a Valparaíso desde la Octava Región. Curtido por el hambre y el frío, forjo su espíritu
y cuerpo sin tener en cuenta al mundo. Su
sensatez era escaza, puro impulso, acertado o no, su vida siempre fue una
lucha. Sobrevivir sin entender de los
afectos y el dolor. Decía que nació para
ganar y así lo hacía, sin importar cómo ni el precio que costaría en su vida
cada acción mal tomada.
Sus gritos eran cada vez más fuertes. Su rabia crecía segundo a segundo, de un
momento a otro, Amadeo se le acerca por la espalda a una mamita de un puesto de
frutas. Le habla al oído, como en un
gesto romántico, apoyando su pecho en la espalda de ella. Susurraba suavemente en su oído malos
augurios de sudor y sangre. Al lado de
la doña estaba una niña de nueve años que miraba esa escena sin decir nada. La cara de su madre fue inmutable, casi que
no pestañaba, miraba al frente.
Amadeo se dio la vuelta con la faca
escondida en su antebrazo derecho. Media
vuelta y volvió a gritar desde la calle que saliera, que era un maricon, que lo
iba a matar. Amadeo mostraba su hombría,
su feliz legado de matón y macho. Tres hombres
se asomaron a la reja desde el lado de adentro, le gritaron que vaya a su casa,
que vaya a descansar. Que se dejara de webiar y dar espectáculo.
Amadeo corrió violentamente con
supervelocidad hacia la reja y les gritaba que eran unos webones consha su
madre, que no se iba a ir, que habían sido tres chelas y que iba a tomarse un
whisky. Les tres hombretones de adentro
lo miraban y se le reían en la cara; dieron media vuelta y se fueron hacia
dentro, desapareciendo en la oscuridad de entre los puestos.
La faca recorría la reja de un lado a otro
haciendo un ruido chillón y molesto. Un sonido
que amedrentaba o eso es lo que pretendía.
Violencia en la calle. Amadeo volvió
a gritar y se dio la vuelta. Cruzo la
calle. La noche ya era noche y solo
estaba iluminada por las luces de la calle del alumbrado público de la ciudad.
Aurelia iba gritando blasfemias, pero el
volumen de su parlante y sus gritos hacían unísono lo inentendible de esos
gritos. Había muchas particularidades en
esa mujer. Una era su pulcritud, su pelo
negro azabache amarrado siempre con cintas de colores. Su parlante siempre en funcionamiento y su pálida
juventud. Ella venia de Cerro
Alegre. Su familia hacia lo que podía por
cuidarla. Su tía Graciela decía que la
locura era hereditaria, que hubo varios locos en la familia. Y así transito su vida diagnosticada por un
par de prestigiosxs académicxs de la medicina.
Ella estaba loca, caminaba hablando en un tiempo que no transcurrió, su música,
sus pensamientos permanecían ahí, como un cumulo de todo que eran nada. Cavilaciones
propias, reales, con nociones fuertes y el quebranto de la norma, que hacía que
percibiera muy sensiblemente a esos ojos acusadores de lxs normadxs que no
comprenden, que no toleran ni empatizan con lo otro que les es extraño e
incomprensible. La obligatoriedad de ser
normal sin preguntarse qué es la locura en realidad para nosotrxs. Una pregunta que tiene respuesta social y
mucha responsabilidad.
Aurelia cruzo la Av. Brasil y se paró
frente al puesto de papas fritas, busco en sus bolsillos y saco quinientos
pesos. Se compró un combo chico. Camino compenetrada en sus papas fritas. A unos pasos de ella estaba Amadeo que volvía
de la botillería con una botella de whisky en su mano izquierda y escondía la
faca que tenía en su mano derecha a sus espaldas.
Volvió enfurecido, blasfemando sobre las
conchas de las madres de los tres hombres que habían hablado con él momentos
antes.
- Por la shusha… ¡Concha su madre!
¡Webones de mierda! Los voy a
matar. Ustedes no saben quien soy.
¡Webones de mierda! ¡Concha su madre! ¡Salgan cagones! ¡Qué aquí les voy a
esperar!
En el mismo momento que Aurelia pasaba por
delante del enrejado de los puestos, escucho los gritos de Amadeo. Con su parlante ya colgando, tiraba las papas
fritas por el aire y se abalanzaba sobre Amadeo creyendo que él, en su griterío,
se estaba refiriendo a ella.
- ¡Concha tu madre tu pos webon! Le grito
ella. Luego se hizo un inentendible
cumulo de insultos en voz más que alta. Amadeo
le gritaba, - Loca, qué te pasa. ¡Déjame!
Entre el forcejeo y los manotazos y arañazos que ella hacía en la cara
de él, la botella de whisky se estrola en el piso. Enfurecido Amadeo con ese acto y enceguecido,
clava cinco veces la faca en el abdomen de Aurelia, que seguía gritando
desaforada. Ella fue madre. Para ella había que respetar a las madres y
nunca más iba a dejar que alguien le diga mala madre aunque sentía fuego en su
abdomen, aunque sienta que su sangre tibia se saliera por sus entrañas.
Ella cayó al piso de la vereda de la calle
Bellavista, en la puerta del enrejado que protegía a un par de puestos.
Amadeo quedaba con la vista perdida hacia
el mar como buscando que sus aguas lo limpien de tanta sangre. No se movió hasta que sintió muchas manos que
lo sujetaban y tiraban al piso. Gritos de
horror que escuchaba de otras gentes que pasaban por el lugar.
Valparaíso se llenaba de aire tibio y olor
a café intenso. El aire húmedo del mar y
su sabor a sal.
4 may 2019
DÍAS DE ODIO
Todas las mañanas frías en Valparaíso, el único lugar
que vio como se desangraba mi alma, todas esas mañanas frías y con un único
entusiasmo de sanar. Como si nunca antes
nos hubiéramos visto estamos ahí en un encuentro que no tiene nada de casual…
- Una
última charla quizás…
- Podes
tener esa seguridad. Te lo dije siempre, no dudes de ti.
- Solo
necesito la verdad.
- No
hay verdad.
Se me inunda el mar. Me siento mal. Es un
nunca más y sin cuestionamientos resueltos. Era cierto, eso era él, duro.
Superficialmente duro. Tenía indicios de cariño y amor, pero nunca voy a saber
si es verdadero todo aquello.
Me tomo un sorbo de café. El ambiente
está cálido. No hay mucha gente en la cafetería, seguro porque es temprano.
Me duele el alma, no importa cuanto lo
intente, nada funcionaria. No obtendré información alguna, no sería verdad.
Pero para mí vale la pena intentarlo porque es un acto de honestidad entre compas
que estuvimos juntxs durante mucho tiempo, que activamos, que compartimos
vivencias, tendría que existir un destello de todo aquello vivido y ser
valorado como real. Si no fuese así… no será. No podría ser.
El cielo esta rosa. Se mezcló con plata y la oscuridad de los
cerros. Los árboles se mesen por la
brisa y no puedo ver el mar. Siento que
si veo el mar estoy en el paraíso… pero solo estoy en Valparaíso. Reviviendo
hechos del pasado que condenan mi vida.
Cicatrices que se desgarran y sangran de vez en cuando.
Escucho las gaviotas. Visualizo el mar. Ventanas con luz en los
cerros, como si fuesen luciérnagas. De
la mañana al atardecer mi vida se detuvo. ¿Cómo podía ser así? Sin más y sin
menos. No hubo respuestas. Solo evasión.
Era un nunca más verle a los ojos. Pero era un nunca más saber la
verdad. Espere mucho ese momento, sabía que iba a ser como me lo imagine. Pero no
imagino que todo era una mentira. La
complejidad de saber que no hay verdades absolutas, pero si únicas
mentiras. No hay entusiasmo ni mil
penas. Hay una mentira y no voy a saber
si lo que siempre presentí es verdad.
Otra vez temprano. El mismo café del cerro. Esta vez sin compañía. Como para martillar mi
corazón y ver una postal ajena; me siento en la mesa de enfrente. Miro desde
otra óptica la escena de ayer.
- ¿Y
vos quien sos para que te crea lo que me decís? ¿Por qué me lo preguntas todo a
mí?
- Soy yo… necesito que no me mientas.
Recorrí cada las palabras. Busque indicios. Solo necesito saber.
Una cosa.
Solo algo para que acabe la
incertidumbre. No encuentro formas. Mi rostro se desfigura. No quiero llorar. No deseo que mis lágrimas sean públicas. Mundo
cruel.
Llega el café doble de filtro. Me quedo mirando la mesa vacía de en
frente. Dolor. Más dolor que se juega en esa dolencia del
ser y el tiempo. En el que transcurre
todo; en el tiempo en el que los momentos de felicidad, cariño, ideología y
acciones parecen no haber existido.
Porque eso parece la realidad donde la confianza se perdió, también a lo
que lleva la mentira. Se pierde la
admiración, se pierde el respeto. Todo
se va, como si quedara atrás de un camino que ya no existe porque está tapado
por un alud. Barro y piedras.
Leo el diario, las noticias solo son sensacionalistas “Un joven apuñalado en el centro de la ciudad”, “El mayor accionista del Weslay se retira del club”, “El FMI y su próxima cumbre en Latinoamérica”. Pero los periódicos no hablan de nosotrxs. No existimos.
De sorbo en sorbo tomo el café doble. Llamo a la garzona. Le pago dos lucas por el café. Salgo a la calle, camino unas dos cuadras
cerro abajo. Solo siento dolor. Reviso toda la charla. Recuerdo casi cada
palabra. Mi maldita memoria otra vez me
perturba.
- ¿Por
qué siempre quiri tener los motivos concretos? ¿Cuál es tu necesidad de saberlo
todo?
Saberlo
todo. Ese es el problema.
Recuerdo cuando él me contagio el VIH, mi
mundo se desbasto. Esos días en el
hospital. Los análisis que se repitieron
varias veces, caminar por los pasillos del consultorio. Cuando confirmaron el positivo, no me quiso
decir cómo fue la transmisión. Esa fue una
de las primeras mentiras.
De repente camino hacia arriba. Se
queda en el mirador de Plaza Bismack.
Miro el mar, como si él pudiera curarlo
todo. Pero no lo hace. Pierde
su mirada en los cerros.
No
había nada de malo según él. A él no le
molestan las mentiras. Ser extraño y
manipulador…
En
ese entonces, el de los hospitales, él había dicho que no recordaba de quien
podría haber venido la transmisión del VIH.
El Mario se había quedado en Valparaíso en
ese viaje que hice a Santiago para establecer los contactos con
las comunidades del sur.
Durante ese
tiempo de ausencia, el Mario mantuvo un vínculo con la Carola. Ella misma cuando se enteró del positivo
sintió la necesidad de contármelo todo, ella decía que ya tenía los días contados
y que lo lamentaba, que ella y su vida como trabajadora sexual la estaban
llevando a su propia tumba, - gajes del
oficio. Ella era mi amiga, pero
amaba apasionadamente a ese entero webon, aunque todo exigía silencio. Nadie podía saber la verdad, ni él podía
saber que yo sabía de dónde venía la transmisión. Una mentira, ocultar, no decir. No podía delatar a la Carola, que el resto de
lxs compas supieran que ellxs habían tenido un vínculo sexo afectivo por
efímero que haya sido, hubiera sido mal visto.
En su propia subjetividad no se compartía esa actitud por más personal
que fuera. La Carola era una compa, pero
sabíamos que más de una vez trabajaba para los pacos y le vendía cocaína a los
cuicos del Marilyn. Pero esa es la
realidad de las cabras, que muchas veces no eligen esa vida, son putas, son
travas… silencio y ocultar. Un mundo
envuelto en la heteronorma, en lo binario. Aun cuando el positivo me cambio la
vida. En esa época pensaba que mi vida y
mis posibilidades iban a ser otras porque no había nada que no podía
sobrellevar.
- ¡Dime la
verdad consha tu madre! ¡Por una vez en tu vida ponte pillo hermano!
Camino más allá, pienso en todas las
instancias de lucha. Pienso en como todo se pierde con el doble discurso. Como se arruina todo con los referentes
irresponsables. El no hacer. Piensa en la traición. Camino unos pasos más. No puedo dejar de pensar en todas esas charlas
entre nosotrxs. Las confrontaciones, lo
que se dice. Lo político, lo
personal. El miedo y lo que no se dice
otra vez. Los silencios, ocultar es como
mentir. Qué era el anarquismo para ese
entonces. Una suma de almas que luchan
entre sí. Actitudes capitalistas. La suma de combatientes. Las acciones directas. Los entredichos tomando voces ajenas. Esa falta de sinceridad trae esos problemas
del pasado al ahora. Había muertos,
compas en fuga. El poder que ocultan los
fanatismos y las referencialidades que no ponemos en cuestionamiento, las
irresponsabilidades en los vínculos como compas; casi como si solo tuviéramos
instinto y no gozáramos de sensibilidades.
Nos atacamos como si fuésemos animales de otras espacies. Y acaso no lo éramos…
Esos ojos que no volveré a ver. Sino fue capaz de contarme lo del VIH cómo
iba a contarme la verdad de aquella noche.
El arma, los pacos, esa mujer… la caza constante a los peñis en todo el
territorio nacional chileno. Por qué
otra vez. Por qué volvió como una rata a
buscarme. ¿Solo era tomar un café o
esperaba que sea quien hable? Historias
inventadas que no corresponden a la realidad, a la mera verdad. Una realidad dolorosamente transfigurada.
Habían pasado ya cuatro años de la última
acción directa. En esos momentos existía
la necesidad del posicionamiento. Éramos
lxs hijxs de la dictadura pinochetista, nuestras tierras regadas primero con el
sudor del trabajo y luego con la sangre de nuestras familias.
Llego nuestro tiempo y accedimos a la
educación. Los dolores pasados como
nuestro deber. Nosotrxs lxs pobres
estudiando en la universidad, endeudándonos, pero accediendo a los estudios
académicos como una forma de venganza social.
Dentro de las fantasías de resistencia pensábamos a la acción desde la acción directa. Okupaciones de edificios por todo Chile, tendencias de España y el movimiento anarquista en el mundo. Las tocatas, los fanzines, talleres, charlas, la autogestión, la autonomía y las distintas pegas que como cabrxs íbamos consiguiendo.
Dentro de las fantasías de resistencia pensábamos a la acción desde la acción directa. Okupaciones de edificios por todo Chile, tendencias de España y el movimiento anarquista en el mundo. Las tocatas, los fanzines, talleres, charlas, la autogestión, la autonomía y las distintas pegas que como cabrxs íbamos consiguiendo.
Resistiendo al patriarcado y al
capitalismo. En la U nos conocimos. De repente y con el lapso de un tiempo
decidimos formar una célula anarca. Era
el regreso a la Wall Mapu, reivindicaríamos nuestra identidad y recuperaríamos
nuestros orígenes. Nuestra conciencia
nos hizo sentir la necesidad de pelear por estas reivindicaciones. Y así fue, en uno de los campos del sur
comenzamos a planear nuestras acciones.
Lo principal y más costoso fue lograr una organización horizontal. Todxs sabíamos que era imposible no delegar a
unx referente nuestra posición política.
Nuestra voluntad. Por eso siempre
criticábamos al comunismo y al trostkismo porque históricamente habían sido
traidores, habían traicionado siempre a lxs compañerxs anarquistas en todo el
mundo. Eran blanco fácil para juzgar,
eran lo que no sería el movimiento anarquista, no podríamos ser como ellxs
buscando liderazgos y de una u otra forma consentir la lucha por el poder. Por eso nos jactábamos de ser una
organización meramente equitativa, empatica y sin líderes políticos, lxs
verdaderxs combatientes que necesita el mundo.
Entre nosotrxs había comentarios duros,
siempre había alguien en quien no confiábamos y el circulo fue cerrado e
impermeable.
Aprendimos a formarnos en muchos
aspectos. Fuimos rigidxs y segurxs. Y comenzamos a escribir nuestra historia.
Cuando nos empezaron a investigar como célula
los primeros indicios que descubrieron de nosotrxs lxs investigadorxs de las
fuerzas de seguridad de Chile, era que nuestra identidad era anarquista y que
teníamos vinculación directa con el sur, tierra de nuestros ancestros
mapuches. La vigilancia fue
intensa. Las acciones directas fueron
puntuales y esporádicas. El Estado
empezó a tomar medidas drásticas y comenzó una persecución brígida por todo el
país, junto con la aplicación de leyes creadas para gentes como nosotrxs. El Estado usando su legalidad de la violencia
en todo su esplendor. La penalización del activismo y la juventud. Pero existían todos los recaudos. No
estábamos solxs en la lucha. Estaban las
comunidades y lxs trabajadorxs. No había
visualización de nuestros hechos. El
Estado no iba a comunicar que había atentados anarquistas, eso podría romper
con el orden del sistema y su organización.
No se podía reconocer que el Estado neoliberal chileno tenia fisuras y
fugas.
Sabíamos que nos buscaban. Hubo diferentes allanamientos en distintas
tomas, casas okupas, persecuciones a dirigentes sindicales, se buscaba relacionar
acciones directas de Argentina con las chilenas, acusando y extraditando de
país a país a compañeros y lonkos. En
los campos de nuestros peñis nos seguían.
En noviembre de 2017 hubo cinco
allanamientos simultáneos en casas identificadas como anarquistas y muchas especulaciones
sobre nuestra célula.
Dentro de las distintas organizaciones de
jóvenes combatientes lxs cabrxs se cuestionaban nuestras acciones. “Esos webones la están pitiando. Se manejan mal, se manejan solos y los concha
su madre no nos contemplan a todos. Los
pacos caen a nuestras casas. Mi amá llamo a los medios cuando se llevaron a mi
hermano. Pero nadie la pesco. Por la shusha esos webones…” Una vez me comento un cabro indignado en una
tocata en Valdivia, mientras a mí no me daba la cara, pero lo que hacíamos; lo
hacíamos porque éramos jóvenes combatientes anarquistas.
En octubre de 2018 habíamos incendiado un refugio
de las corporaciones multinacionales mineras de Rancagua. Le pedimos perdón a la mapu y el fuego se lo
llevo todo. Guardias de seguridad,
perris, herramientas, algún que otrx trabajadorx que corrió ante las llamas, un
atentado que sumo perdidas casi insumables.
Millones de dólares perdidos. Con
esa acción llegamos muy lejos, sabíamos que éramos capases de darlo todo. Una vez más fuimos fantasmas y una vez más
nadie dijo nada pero lograron romper la unión de nuestra célula anarquista.
Alguien supo del atentado. Habían encarado al Mario en un taller que se
dio en una okupa en Santiago. En la
asamblea siguiente de nuestra célula se debatió a cerca de la confianza. La integridad de Mario estaba en
peligro. Al menos él estaba identificado,
pero eso significaba que tal vez se sabía la identidad de cada unx de
nosotrxs. Un chiquillo cualquiera supo
de nosotrxs.
El Mario al tocar con su banda tenía mucho
reconocimiento, se sabía quién era. Sus
canciones revolucionarias y agitadoras nos representaban a todxs. Tenían muchos cabrxs que les seguían en las
tocatas y a través de las redes sociales, para el Mario eso hacía que sea todo
diferente, se podía especular sobre su accionar. Pero no todxs estábamos protegidxs.
En los distintos grupos y organizaciones
anarquistas hubo diferencias como siempre.
Las acciones directas son como una utopía para todos estos grupos, todxs
siempre hablan de poder ejecutarlas como si fuese un deseo que se dice pero que
no se hace. Puro amarillismo, puros garabatos, pero una vez que una célula
anarquista comete los atentados suficientes como para dar reconocimiento del
movimiento y a su vez generar visibilización de lo que sucede en las tierras
ancestrales en recuperación y lucha; los cuestionamientos son cuaticos y
brigidos. Quienes hacen por más pequeños
que sean los movimientos y las búsquedas son cuestionadxs, juzgadxs y hasta se
transfigura la realidad. Inventando
historias inexistentes, acusaciones falsas a través de mentiras y cahuines. Lxs que hacen son enjuiciadxs, se marcaba
compañerxs que no tenían vinculación con nosotrxs, había una hostigación de los
pacos y entre lxs mismxs anarquistas.
En las tremendas trifulcas estaban
quienes hablaban y quienes hacían, así se terminaron dividiendo casi todos los
grupos organizados anarquistas. ¿Pero
acaso no estábamos haciendo todo eso de lo que siempre hablábamos y
manifestábamos como deseo? La
izquierda comunista tan cuestionada y criticada ganaba adeptxs, pero ese tipo
de organización solo respondía las conveniencias políticas que el Estado
imponía, solo eran cipayos del sistema respondiendo a formas sin cintura
política ni libertad de acción. Otras
organizaciones se alejaban de lo político partidario y lo anarquista,
organizándose en pequeñas comunidades, casi sectas alejadas de los centros
urbanos que por más snob que fuesen seguían siendo parte de todo lo que
odiaban. El mercado les demandaba consumo de una u otra manera; y del mundo no
se puede salir…
En medio de todo ese caos el Mario comenzó
a ejercer su poder. Como referente
siempre abuso de sus privilegios y su reconocimiento; también era varón con un
discurso de deconstrucción y sensibilidad, era un macho al final de cuentas. No fue cuidadoso en sus vínculos sexo
afectivos, sus carencias eran grandes, no tenía respeto ni compañerismo. No tenía mucho en cuenta lo que podía llegar
a ocasionar con sus irresponsabilidades.
Todo se lo llevo el resentimiento.
Cuando se involucró con la Carola mi corazón se fulmino, no solo por la
transformación de mi vida, sino que la irresponsabilidad sentimental hacia la
Carola, mostraba una de sus caretas. La
Carola no aguanto la culpa y se suicidó entregándose al mar en Portales. El SIDA la mataba, pero aún más la culpa, y
la culpa… nosotrxs solo la
lloramos. Yo la perdone en silencio
porque ella había hablado y yo lo presentía.
Pero cómo sabia ella lo del atentado a la mina de Rancagua. El Mario…
Solo Mario había hablado. Solo ella nos podría haber delatado. Ella sabía que éramos una organización fuerte
y cerrada, nos había ayudado más de una vez con información. Pero entre ellxs se rompió la confianza, el
resentimiento entre la Carola y el Mario trajeron nuestra desgracia y la célula
se dispersó. Sabíamos que en cualquier
momento irían por cada unx de nosotrxs.
Un día nos juntamos en una de las playas
de Viña del Mar como si fuésemos turistas.
Hablamos durante horas de nuestra organización. Al principio tuvimos tensión. Nos fumamos unos pitos y comenzaron las
charlas brigidas. Yo no podía
hablar. El positivo y la ingesta del
protocolo de la medicación que estaba tomando habían comenzado a hacer su
efecto en mi cuerpo y en mi ánimo. Se
destrozaba el grupo de trinchera y resistencia organizada. Todo llegaba a su final y con ese final,
nuestra libertad.
Recuerdo que miraba hacia mi alrededor y
me fijaba si habían cámaras que nos fotografíen, si había alguien o pacos
mirándonos. No encontrábamos soluciones
ni consensos. El Mario comenzó a
tratarnos a todxs de traidorxs, de amarillxs, de hipócritas. Yo no podía comprender nada de lo que
pasaba. Acusaciones brigidas, “No hay mano para vos hermano. Vos trajiste la muerte aquí. Ella no aguanto
la culpa, La Carola te contagio el VIH.
Tu nos contagiaste.” ¿Cómo se supo eso? Había mucho que se sabía, pero cómo se
filtraba esa información, cómo sabían del positivo, quien más se había
contagiado. No se entendía. La Carola había hablado eso era lo único que
sentía yo. ¿Pero se podía suponer? Claramente no.
Había
una verdad y muchas mentiras.
El Mario dijo que no podíamos romper
nuestra célula tan bien organizada; que si nos íbamos a disolver, debíamos
accionar en conjunto una última vez, una última acción directa más grande e
importante que la de Rancagua.
Vengaríamos a nuestras familias mutiladas por el Estado, la Wall Mapu
nos perdonaría, nuestrxs ancestrxs serían reinvindicadxs, el anarquismo no sería
solo ideas de cabres. Nosotrxs durante
muchos años lo pudimos hacer y era hora de accionar como nosotrxs
sabíamos. Lo personal es político y lo político es personal.
Nosotrxs creíamos que éramos capaces de
hacer volar el Congreso. Lo pensamos
mientras la marea del mar subía y los cielos se mezclaban en cientos de colores
cálidos. Un hermoso paisaje de enero que
rompía con nuestra subjetividad, pero el Congreso era demasiado. Siempre hubo mucha pasión en hacer lo que
queríamos, también había mero interés de formar parte de la historia, aun
cuando seriamos siempre anónimxs. Pero
ahí estábamos desintegrándonos, pero a su vez estábamos logrando lo que
buscábamos, ya no confiábamos en nosotrxs mismxs. Había alguien que hablaba… El Mario comenzaba cada vez más a ejecutar su
poder, su ego no iba a permitir que solo él se hundiera en la decidía.
Esa última acción seria la sanación de la
organización o restaba por completo a todo el movimiento anarquista en el
mundo. No había opciones. Nadie se iba a negar, todxs podríamos ser cómplices
y nadie quería ser acusadx de traidorx ni amarillx.
El plan surgió a la perfección. El atentado seria a la oficina de recaudación
del Juzgado 2do. de Valparaíso. Con tantos
partes que hacían los pacos, esas oficinas se llenaban de dinero y para
nosotrxs el dinero solo era fetichismo.
Cada unx se ocupó de diferentes espacios y tareas. El piño se organizó en lugares comunes. Manteníamos diferentes formas de comunicación
manejando un propio lenguaje. Los
encuentros físicos que mantuvimos fueron entorno al arte y la cultura, nos unían
las jornadas, pero hacíamos de cuenta que no nos conocíamos. Reuniones esporádicas y a escondidas en una
de las tomas por Belloto. Todxs tomábamos
tareas y nos dedicábamos minuciosamente a investigar todo, cada detalle. Nos abocamos a las cámaras de la ciudad,
vigilamos los patrullajes de los pacos, salida y entrada del personal del
juzgado, los movimientos múltiples del dinero y la hora en la que pasaba el
camión de caudales. El plan marchaba en
tiempo y forma. Los acontecimientos
suponían la visibilización del nuevo movimiento anarquista en Chile. Pero después del atentado en Rancagua hubo
desconfianza entre nosotrxs y ya las comunidades y lxs trabajadorxs no nos apoyaban
como antes, todo era silencio. Entrenamos mucho para la ocasión, nos
preparábamos. Algo nos carcomía la piel igualmente,
sabíamos que alguien había hablado. Había
un sapo entre nosotrxs.
Llego el día. Hicimos grupos de tres. Algo me hizo elegir mi grupo de afinidad y
accione con el Mario.
Nosotrxs seriamos lxs más jugadxs, esperaríamos
hasta el final, ejecutaríamos prácticamente la acción.
Días antes robamos un automóvil en desuso
de un cerro, esos que los cuicos dejan botados por ahí, lo acondicionamos para
el momento. Un cochebomba. Otrxs compas marcaron la zona, muy
céntrica y transitada del plan de Valparaíso, cerca de Plaza Victoria. Estaba todo listo, el otro grupo esperaría al
camión de caudales y estaría atento para dar cualquier alerta. Si salía mal, nosotrxs moriríamos. La cínica violencia que ejerceríamos sería la
de estallar. Hacer volar por los aires
el cochebomba cuando llegara el camión de caudales y parte de las oficinas
donde funcionan los distintos juzgados. Las cámaras serian intervenidas por cinco
minutos y el mundo sabría de nosotrxs.
Sentía nervios. Tenía miedo. Pero si había coraje. Me sonó la alarma de la medicación. También me podía llevar el VIH si era SIDA.
¿Miedo a morir? Por qué esa acción directa cuando entre nosotxs no había confianza.
Llego nuestro momento, me baje del auto,
me encapuche, camine dirección al cerro diciéndole a cualquier persona que
pasara por ahí que estaban robando, que había un tiroteo, lxs transeúntes
corrían, a cinco cuadras sentiría el estruendo, pero no me alcanzaría. El Mario sería el último en salir y caminar,
nosotrxs solo debíamos despejar la zona de transeúntes desubicadxs, eso
estallaría. A la distancia logro ver a
lxs compas que pasan el cochebomba en bicicleta y le avisan a Mario que atrás
venían los pacos. Su corneta y el
sirenazo… las cámaras ya estaban siendo intervenidas.
Los pacos estacionan detrás del auto. El Mario cae en la traición de sus nervios,
los pacos bajan y le golpean la ventanilla.
Le estaban por decir que estaba prohibido estacionar en ese lugar, Mario
baja el vidrio de la ventanilla y dispara a la cara del paco. Logra bajar por el lado del acompañante. Se agacha, vuelve a disparar sobre el otro
paco que estaba llegando a socorrer a su compañero muerto. Mario baja sin encapucharse. Corre a todo dar, supervelocidad hacia mi
escondite. Nuestro compañero es atrapado
por pacos a dos cuadras de Plaza Victoria por Av. Brasil. La hora era clave. El camión de caudales llego y dos camiones de
pacos ya estaban en el lugar con sus dos compañeros uniformados muertos. Una embarazada con un cochecito de wawa pasaba
por la vereda cuando todo estallo.
Nuestro compañero interceptado corre y los pacos le disparan por la
espalda.
Yo me aturdo. El sonido del estruendo reboto en los cerros
e hizo sangrar mis oídos. EL Mario me tenía
entre sus brazos contiendo mi angustia. En sus manos un arma y sangre. Sin
ocultar su identidad. No omití palabra
alguna. Solo camine cerro arriba y pase
la noche en el escondite de la cañada.
Por la mañana fui a la playa y me perdí entre las rocas. Estuve ahí días. No supe nada más de nadie. Fue una caza de brujas. Como pude llegue a Santiago. Camine por los pueblos, oculte mis tatuajes,
me teñí el pelo, no quería correr ningún riesgo.
Llegue a la casa de un amigo de Córdoba
que no tenía aproximación alguna con el movimiento. Y me desentendí de todo. No abrí nunca más mis redes sociales, ahogué
mi celular en el mar y comencé a llamarme de otra forma.
Seguí mi tratamiento con retrovirales
naturales, mi vida dejo atrás el intelecto y el activismo. Mis días de odio fueron intensos. Cuando pasaron dos años de trabajo, volví a
Valpo. Mi alma solo quería sanarse. Trabajé de lo que pude. Limpiaba autos, oficinas, al tiempo arrende
por cerro Barón un pequeño cuarto. Nunca
deje de pensar en esos años, hubo un compañero caído, cuatro identificadxs en
fuga, viviendo en la completa clandestinidad, entre ellxs el Mario. Y tres de
nosotrxs libres, pero sabíamos que éramos perseguidxs y vigiladxs
constantemente. Directamente no hubo nada que nos asociara con el atentado,
acto inconsciente de acción directa.
- ¿Por qué tenías un arma esa noche?
- Cuéntame
algo de ti… ¿Cómo estás? Hice tantas
cosas para estar acá, quiero saber…
- Estoy bien… ¿No lo ves? ¿Por qué
viniste? Necesito saber la verdad.
- ¿La verdad? ¿De qué?
La charla del día anterior.
Se rompieron acuerdos ese día, como tantas
otras veces, pero lo negábamos, puro garabatos... No iba a haber más violencia que la
planeada. Deberíamos haber muerto al
estallar la bomba. Éramos anarquistas. No hubo excusas, fuimos capaces de jugar con
nuestro ego. En todo momento tuve la
incomodidad de saber que entre nosotrxs todo se sabía, que lo afectivo se mezclaba
con lo político, con nuestra célula.
Si atrapaban a lxs compas en fuga las
sentencias serian perpetuas. Por eso nos
necesitaban a nosotrxs afuera. El circo mediático
de aquel momento nos condenó socialmente, éramos jóvenes, anarquistas, muchas
cargas valorativas negativas.
Penalización de la juventud. No
fue nada como lo esperábamos, fue todo un error. Todo el movimiento perdió reconocimiento y
una condena por el solo hecho de pensar desde lo libertario. Escuche charlas interminables sobre el
atentado. Nadie nos creería si le explicábamos nuestras reivindicaciones,
nuestra necesidad de recuperar nuestras identidades, nuestro enojo con el
mundo… nadie nos entendería ya.
Nos dejaron ser. No así, ser libres.
Todo el mundo está viciado por un sistema
lleno de opresión y dolor, trabajo y explotación. Todo el tiempo nos colonizan, desde siempre,
así hemos perdido toda nuestra herencia ancestral, la resistencia resignada a
la nada en mi cuerpo.
…
nosotrxs creyendo que un día todo se va a acabar.
No dejamos de ser personas que más allá de
pensar, sentimos. Se nos van de las
manos los sentimientos, todo está reglado, dogmatizado. Somos seres. El Mario esa noche tenía un arma… ¿Por
qué? La individualidad nos pesa
más. Nos lo dice todo. Romper acuerdos, traicionarnos entre
nosotrxs. No liberamos a nadie de la opresión, sino que nos sentenciamos a
nuestra propia muerte en vida. Matamos a
una embarazada, a su niña y a nosotrxs mismxs.
Por qué en esa reunión en la playa el compa le dijo a el Mario que había
traído la muerte a nosotrxs. ¿Cómo la Carola sabia de nuestro positivo? ¿Culpa
nosotrxs? Si somos anarquistas. Pero no
dejamos de ser jóvenes en esos tiempos.
Nuestras familias saben que estamos
bien. Cartas y mensajes que enviamos a nuestrxs
amigxs desde la clandestinidad que le toco a cada unx. Todo efímero como si no existiésemos, ni para
el mundo, no salimos ya en los periódicos.
La organización anarquista en Chile es
panfleto, pintadas, resignación al trabajo, veganismo y la búsqueda de un título
universitario. Cahuines y mucha
desvalorización del trabajo de lxs compañerxs comprometidxs. El anarquismo en Chile es la búsqueda por el
poder, el reconocimiento de lxs otrxs como jóvenes combatientes. La imposición de una ética y una moral
capitalista neoliberal que se disfraza de oveja negra. Es una linda teoría en los libros, pero no
somos capaces de ser compañerxs porque no se acompaña a quienes de verdad
necesitan de nuestro compañerismo. Por
eso las comunidades nos dieron la espalda, por eso el movimiento obrero nos
niega… ni siquiera somos trabajadorxs… somos simples jóvenes vengando a nuestro
cuerpo ancestral que hoy nos niega, que hoy negamos… cuantxs son lxs que
realmente están comprometidxs en el territorio, cuantxs aún conservan su
apellido winca… El anarquismo en Chile
es una ilusión de chiquillxs mal criadxs y mucha traición.
Ahora vuelvo a estar en el mirador de Cummings,
donde me vi por última vez con mis compas antes de la acción directa del
juzgado. Esa noche, veía las luces de los buques de carga que esperaban su
turno en el puerto, casi como miniaturas en la inmensidad del mar. Mar que era oscuro como si fuese petróleo,
frío, liso y llano. Curando la congoja
de mi alma colectiva.
No es posible la revolución pienso mirando
el mar turquesa perdiéndose en el cielo, entre los sonidos lejanos del puerto… No
es posible mientras estemos viciadxs.
Por qué el Mario tenía un arma. Siempre lo supimos, había un sapo entre
nosotrxs. La Carola había hablado.
Nunca terminaron para mí los días de odio.
Armate, armate, armate y se violento
Hermosamente violento
Combate, quema, conspira
Sabotea y se violento
Que cualquier, que cualquier, que cualquier, acción violenta
Se justifica completamente
Hasta que todo reviente
Se violento libremente
Armate - La Lira Libertaria
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