27 feb 2012

SIN MÁS REMEDIO


Jamás se habían visto, no se habían conocido anteriormente.  Pero entre ellas sabían de la existencia de las otras.  Otras con nombre y apellido y costumbres.  Ambiguas, diferentes.  Pero que en realidad hablaban de ella.  De sus formas, de su intelecto, de su formación política y académica, hablaban de ella como ser, aunque ya no era.
Y aunque su cuerpo no lucia tan espléndidamente como siempre, en su rostro había paz, tranquilidad.  Tal vez estaba muy feliz de que ellas, o sea las otras o entre ellas, se habían conocido.  Pero ellas ya no eran las otras sino que eran ellas mismas de carne y hueso despidiéndola a ella.
Entre grandes sonrisas y espamentos con la voz aclamaron ese momento en el que se encontraban y dejaban de ser un nombre suelto o una actividad.  Eran ellas con sus vestimentas y portes diferentes, sus cabellos teñidos y emprolijados por el verano; y un lamento frívolo lleno de sentimiento.
Se quedaron conversando.  Un poco trayendo el recuerdo al presente, otro poco repasando el rostro de los presentes y tratando de ocultar el llanto en su voz.  Pero se demostraron tranquilas.  Intercambiaron teléfonos y direcciones.  Tal vez ahora ya son todas amigas.
Pero sus ojos estallaban de tristeza y casi era inevitable.  Ella solo estaba tan dulcemente dormida, tal vez feliz de semejante acontecimiento.  Su encuentro.  Eran sus amigas quienes la habían acompañado en esos últimos años, días… ellas con quien había recuperado la juventud y la inquietud.  Estaban ahí delante lamentando que ella ya no estaría entre ellas.  Pero ella se había ido pero en su lugar las dejo… para que se conozcan entre ellas.