8 oct 2012

CIELO ADENTRO



Cerraba los ojos e inmediatamente los volvía a abrir.  Una vez más los cerraba y los abría bien lento.  Despacio, despacio jugando con los colores del cielo que se iban mesclando entre el celeste bien oscuro y el azul, pero se mesclaban con un amarillo transparente y así una y otra vez dejando que el tiempo pase a desmedida y sin razón.  Porque no había tiempo que pudiera arruinar tan mágico e incandescente momento.  Pero no interesa.  Narciso juega con el cielo y con lo único que no le implica trabajo extra.

Se para de en medio de esos cartones que aglomeran su carro y se pone a buscar una canilla por al lado de donde estaba.  Las calles llenas de gentes con ropas caras y él con sus simples harapos sucios del sudor y la mugre de los cartones.

Narciso camina tirando su carro por las calles de Villa Crespo, a nadie le importa si no hay canillas en las calles.  A él si.  Quiere tomar agua, solo agua.  Tiene un par de horas de cartoneo.  Unas largas horas hasta llegar a su casa.  

Pero Narciso es tan fuerte como una mula.  Tan fuerte es que esas calles no son más que un simple desafío.  Porque Narciso sabe vivir.  Vive día a día.  No se cuestiona si mañana puede morir.  Solo quiere encontrarse envuelto en esos sueños eternos donde su cuerpo descansa, donde su cuerpo no siente el repiquetear del carro en el empedrado.  Narciso quiere dormir.  Porque allí es en el único lugar donde se siente realmente bien.

Tal vez no cuestiona demasiado a su suerte.  Dios y la virgen sabrán porque le toco a él ese destino.  Son las pruebas de Dios que le pone en la vida.  Cuando ellas se superen, Narciso cree, que va a estar más cerca de su salvador.  Tal vez para Narciso sea más fácil creer así que saber la verdad.  

Mutilada su alma pero intacta su fé sigue a la rastra de esos miles de cartones.  En cada uno de ellos, se resignifica la comida en su mesa.  Pero saber y poder acarrear ese carro de sueños, esperanzas y fe de cartón son más fuertes que mil huelles, son más fuertes que el estigma y la discriminación.  Narciso camina lento en busca de agua pero antes soñó mil veces que estaba en el cielo.