5 jul 2007

MÍRAME A LOS OJOS...


La rosa negra que la silencio, que le robo el aliento y la calma. Es su tumba esta enterrada esa rosa negra que se cobro vidas por doquier. Mis vidas y las de ellos. Enterrada la rosa negra, enterrada Manequena las tristezas de ellos fueron miles. Miles de tristezas. Pero la rosa silencia.

Al morir Manequena la angustia lleno el corazón de Luciano, que viajo por el mundo creando y recreando un mundo propio donde hubiese lugar y afinidad para consigo mismo y los otros. Esos otros que él quería atormentar… al morir Manequena la angustia lleno el alma de martín, se dejo morir, dejo que Manequena aun muerta invadiera su alma y que la ataque como cuan ejercito invencible atacase solo a un pequeño escuadrón heroico. Se dejo morir porque vivir eran espadas al espíritu y solo cuestionando la calma.

La rosa negra del final de los días lo dejo sin aliento, lo dejo en silencio, lo dejo… Ella lo dejo atónito, Manequena dejo títeres sin cabeza, dejo a dios atrás, a los pecados y a los prejuicios. Manequena conquisto el mundo con una cara bonita y oscuridad en su alma, conquisto a todos ellos y a todos ellos quiso amar, Manequena era la virgen de las putas mundanas. Creció y se dejo ir. Manequena, Manequena, Manequena ignoro su llanto y mato su alma.

No supo leer el futuro, no quiso escucharla, renegó de ella, pero cómo ignorarla…

Manequena se sabía sexual, sabía de sus dones innatos, sabía de sus destellos de luz, de su hechicería. Manequena sabia.
Su virginidad se fue aun siendo niña, la belleza de su cuerpo siempre fue adorable. Ella engañaba y engaño desde la primera vez a la ultima cuando de sexo se trato.
Se gano el odio de cuanta mujer pudo porque no pudo ganarse el amor de una.
Este hecho la llevo a ser muy arrogante, a querer todo aun cuando se trataban de cosas ficticias.
Su vida y ella. Se instruyo, fue capas de alcanzar estados que jamás pensó en ver, lucho, vivió.
Pero dejemos de relatar esta vida en frases. Es más fácil decir la verdad, es más fácil decirla.
La niña introvertida había crecido, sus dos hermanos, el más grande y el más chico. Sus padres adorando a su pequeña... la niña introvertida había crecido. No era la joven que pensaron que seria, NO. Con su actitud impulsiva quiso tener todo lo que quería.
Con el tiempo, en pocos años descubrió sus dones y no fue buena. En los años de escuela conoció a Luciano y Martín. Con los cuales compartió todo, todo, todo. Y el fracaso.
Las heridas jamás se curaron y les quedo el sabor amargo en la boca. Y las pieles mientras dormían en brazos caros y sucios de sudor opaco. Mal oliente, frió y apagado.
Manequena sufrió porque era Manequena y no durmió nunca tranquila. Sabía que los días se habían terminado y no quería vida porque con todo había acabado.

Luciano tenia catorce años cuando un día en la plaza en el tercer banco que da desde la vereda al titiritero, le dio dos piedritas en la mano a Manequena, cuando eran las quince y cinco. Y le dijo que si lo quería tirara las dos piedritas, si no una.
Manequena lo miro, se quedo en silencio. Lo siguió mirando, le sonrió, miro hacia delante con la mirada perdida, tiro las dos piedritas al aire y le dijo “te quiero, pero no te amo”... se levanto y se fue. A las quince y cuarto en la esquina de la misma plaza, se encontraba con Martín y le prometía aquello que jamás se le promete a nadie: fidelidad y amor eterno.
¿Por qué Manequena amo a Martín? Simple, conciso, practico... lógico... Martín hermano mellizo de Amelia. Todos viven son uno, Manequena así lo creía. Ella estando con Martín estaría cerca de Amelia. El único ser que conoció a Manequena de verdad fue ella y Manequena al único ser que creyó amar estando viva. Al único ser que no pudo tener fue a ella.
Su rosa negra. Su espina en la yema de los dedos. Sus manos desangradas al cortar la rosa. Su rosa negra. Su secreto. Su amor.
Le dijo “quiero volver a casa”, que se sentía muy sola, pero que tenia miedo por ellos. Ella le dijo que ellos eran grandes, que ella, Manequena, podía decidir irse...
Le pidió que vaya a buscarla y ella le respondió con dulce voz que no podía, estaba cansada... Manequena no podía ni siquiera llorar, ellos, Luciano y Martín sospecharían de que algo le estaba pasando. Colgó y corrió hasta la casa donde ellos tres estaban en la playa. Junto sus cosas, salió corriendo mientras ellos dormían... el día era gris, de frió verano, con un buzo y pantalones cortos y una mochila con nada y un corazón enamorado. Corrió, llego a la estación y con la suerte de esos días, se tomo inmediatamente el tren.
Ella estaba sola en su casa, Martín en vacaciones, papá en Europa por trabajo. Ella y su gata negra de ojos verdes esperaban a Manequena. Ella sabía que llegaría. Y llego. Manequena trajo con ella el gris del día. Toco el timbre, ella abrió la puerta, la miro, le sonrió, se miraron... un instante se produjo en el cual estuvieron atónitas. Se rompió el aire que las distanciaba, se abrazaron y se besaron otra vez, como tantas otras veces y cada vez como si fuese la primera, cada vez como si fuese la ultima.
Todo estaba quieto, todo estaba en silencio... todo estaba... Manequena tenia su cabeza apoyada sobre las piernas de ella, y el resto de su cuerpo enroscado, como un bebe en el vientre. Ella acariciaba la cabeza de Manequena, una y otra vez por horas y en silencio. Manequena comenzó a brillar intensamente, mucho, con todo su poder, con toda su fuerza... Manequena en una especie de metamorfosis, se transformaba en un ser mágico, viviente, hermoso... sus alas nacían, se acomodaban, su cabello, su piel.
Ella toda, era A L U C I N A N T E... porque era LUZ... ese era el verdadero ser de Manequena. Ella sonreía... sabía de ese ser. Era la única que lo conocía. Ella ya sabía. Ella sabia.
Manequena cuando se va de la casa de ella. Va a la casa de sus padres y se encierra en su cuarto. Nadie había cuando llego. Sen encerró, se tiro en medio de la habitación y construyo su capullo y como cuan mariposa bella, al cabo de tres días, agito sus alas invitando al mundo a volar.
Ella sabia, no seria fácil... ella sabía como terminaría todo, el destino estaba echado a suerte. Ella sabía, la gran hechicera de aura verde y violeta. Todo estaba escrito en el tiempo y el tiempo ya había llegado, las agujas del reloj lo estaban marcando.
Manequena salió de su capullo. Salió, brillaba... No sabía mucho y no quiso entender, era su afinidad por lo ilógico, su lado mayor hacia la oscuridad. Y así hecho a rodar su vida, un calidoscopio fue su corazón... La luz aun incadilaba los ojos de los del mundo terrenal. Comenzaron las conquistas de Manequena con uso de su poder que iba conociendo, que aprendía a dominar... Manequena el ser más audaz del mundo.

Al salir a la calle la gente la miraba, ya lo linda que había sido por fuera no importaba… Era lo que se veía desde adentro, lo de adentro. Casi todos aquellos que un día habían juzgado sin razón se arrepintieron pero estuvieron quienes no se dejaron encanalar por un espejismo tan vano.
Manequena no quiso ir a buscarla a ella, aun era difícil decir para si lo que estaba pasando. Era algo que no se podía reconocer así porque si… ella y su luz, que apagaría por la oscuridad que construía sin más remedio y lo innato se iba apagando.
Pasaron los abriles, si, todos ellos, amaneceres rojos y ella durmió, ella Manequena dormía en los brazos de hombres que deseaban su amor, su cuerpo, su sexo. Ella se sentía seducida por rostros bonitos, por cuerpos esbeltos. Y esos hombres deseados por otras mujeres que no los podían tener, esos hombres mendigaban el amor de Manequena, esos decían que ella era la madre perfecta, ella era la mujer perfecta… y mientras Manequena buscaba en todos ellos la suavidad de ella, los labios, el cariño…
ellos, todos ellos… no la hacían a ella. No sabían, no podían… solo no eran.
Martín sabía que Manequena en esos otros brazos nocturnos buscaba algo… pero no entendía qué. Solo sabía que volvía a los suyos y que una y mil veces como tantas otras, pedía por sus besos y dormir, casi eternamente en sus brazos.
Manequena en su morbo por ella fue perdiendo pureza, fue perdiendo vida, se alejo del mundo, de la luz y de dios… ella tenia razón cuando le decía que no podía, era todo por el bien de las dos… era solo cuestión de silencio, tiempo y trabajo… Manequena no entendía y así cuando dormía en los brazos de Martín en el cuarto de al lado de ella. Ella sentía puñales en su alma, se marchitaba, pero ella sabía, el destino estaba echado a suerte y el fin lo conocía.
Manequena en sus impulsos quería destruirla, en sus impulsos deseaba tenerla con ella y la impotencia de tantos intentos envano la hacían actuar como una niña… cada minuto era dolor y los abriles habían pasado… y así los otoños del mago… el grito en el vacío, hacia el centro de la tierra, en ese hoyito que Manequena escarbo con sus manos, el grito que le dio el ultimo giro y el rumbo al destino… si eso era pura maldad, todo negro y gris… SI brillaba como nunca, pero ya era el hermoso ángel gris, ser de oscuridad.
La rosa negra floreció en Manequena, la rosa negra sabia que todo era real… y eso que le había dicho que mientras sea terrenal que buscara el amor y no el ideal… ella falló porque no fue el mago que debía ser… pero ella se alimentaba con ese ser que Manequena irradiaba y cuando hacían el mago con la luz apagada a mitad de la noche mientras Manequena huía de los brazos de Martín…
Las cosas volaban, el cielo se nublaba haciendo desaparecer las estrellas y convertir el aire, en aire amargo… Las respuestas estaban dadas y el amor era obvio…

Luciano con insomnio siempre mirando ventanas ajenas, esa donde ella podía estar, en los brazos de su mejor amigo… Luciano dejaba que sus pulmones se colmarán de ese aire amargo, dejándose hundir por la locura… Martín invadido por el insomnio y su atónito por la ausencia de Manequena en su habitación; sale a buscarla por su casa…

PAPÁ EN EUROPA POR TRABAJO, AMELIA CON SU PUERTA ENTREABIERTA DEJO UNA VEZ MÁS SU CUARTO BASIO Y CON LA LUZ PRENDIDA. EL CUARTO DE PAPÁ CON LA PUERTA CERRADA.

Al abrir la puerta, ahí estaban ellas, entre el sudor del amor, la luminosidad de los brujos, los gemidos de la pasión, el olor al deseo y los cuerpos semienvueltos en sabanas de seda pasada de moda… y el frió en el cuerpo de Martín… la rosa negra se desangro por dentro y corriendo a todo dar con supervelocidad, salio de ese cuarto infernal, la fotografía de la madre muerta, el polvo del desuso del cuarto del padre y los cuerpos entrelazados en el amor secreto, todo quedo en el silencio, en la quietud, respirando ese aire oxidado amargo, solo con el ruido del latir del corazón de Martín y el ruido de sus pasos agigantados… la estrella brillo en su cuerpo… y Luciano sin entender corrió tras Martín como una sombra y casi sin poder nunca alcanzarlo… El destino estaba predicho y se había cumplido.
Martín lloro en el mismo baldío en el que se juntaba siempre con Luciano, en el que mantenían charlas eternas, en el que consumían drogas, tomaban alcohol y en el que de niños deshojaban margaritas. Martín como un héroe mal trecho, acurrucado, mirando a la nada, se agazapo en los brazos de Luciano, que cansado de correr estuvo agitado por un rato… Luciano le pregunto que había pasado y Martín no respondió, no quería saber y ahí se entrego vencido y quedo perplejo cada vez que las imágenes volvían a su mente, le cambiaba la cara… horror.
Juzgo al silencio de ellas y al abuso de su poder encubierto hacia el amor por él… (es mentira)

Ellas sabían… la sentencia las obligaba a la perpetua; autodestrucción, todo se había predicho. Se cumplió en el tiempo.
Amelia que sabía por sabia no pudo divisar que el fin iba a ser ese. Ella había traicionado el amor por su hermano, ella había matado el amor por no respetar a la sacerdotisa. Ahora solo le tocaba el camino del hermimitanio.
Magia, todo el tiempo la magia y las ilusiones, los engaños, las mentiras y los silencios.
Martín se encerró en su silencio, en su verdad, en sus palabras y cuando actuaba frente a las personas, miraba a Amelia con toda su fuerza y demostraba al mundo que eran los mejores hermanos, los mellizos… idénticos en fisonomía, en alma, en amor… unidos por su igualdad… desunidos por la magia y el amor-odio… Los hermanos más amados, ellos tan iguales que podían querer las mismas cosas. Al fin de la escena ambos caminaban por separado, se encerraban en sus cuartos, su número había terminado. Fin de la obra. La película sigue rodando.
Las ventanas estaban cerradas.
Lejos de todo, el destino ya estaba signado. La magia a punto de caer.
Magia negra se había usado. Manequena en sus últimos días se dirigió más hacia el fin, hacia otro lugar no quería ir.

En las circunstancias en que estaba Manequena se podía esperar hasta lo peor de ella.
Ella sabía que todo había terminado y esperaba su sentencia como todos los demás.
Manequena consideraba que todo era absolutamente injusto, le dolía el alma y pensaba en ella; recordaba sus palabras. Ella le había anticipado el final, su final, el final de ambas. Manequena con miedo y desesperación conquisto corazones y enamoro al mundo. Una y mil veces se preguntaba por qué no controlo su amor; (eso era verdad); hubiera podido controlar su amor; en dónde estaban los limites, cuál era la diferencia.
Y se abrazo a mil brazos distintos y beso pasionalmente, disfruto y quiso amar.
Pero nadie, nadie, nadie, nadie seria ella. Se humedeció de besos fríos, lloro con gritos en los brazos de Luciano, creando ilusiones, como cuan maldita bruja oscura dijo que lo amaba y robaba su energía cada vez que a su alma llegaba.

Caminando solo hundido en el silencio, llevando a cuestas su vida transformada y mil escenas dibujadas… la extraña palidez de su alma, y fumando de solo seis cigarrillos, eran diecinueve antes de dormir, caminando solo en la madrugada del invierno en los limites de sí mismo, escucho al monstruo llorando, melancólicamente inconsciente, frió y apagado… en el umbral de una puerta cualquiera el destino… el destino estaba echado a suerte… él se paro porque Martín conocía a ese cuerpo ahora solitario y sin luz. La miro y vio como se desvanecía por tanto alcohol y drogas que habían contaminado esa sangre y destruido su aura. Manequena moría, ella estaba asqueada de la nada y la hermosura. Martín irritado por el miedo, la tomo en sus brazos, agito sus alas, la envolvió con ellas, acaricio su rostro, Manequena lo miro a los ojos pálida y esfumada… Él lloro… Ella a cada lagrima de él rompía el hechizo, la magia negra moría, ella le dijo “TE AMO” y él respondió “QUÉ SABES VOS DE AMOR”… Ella volvió a repetir “TE AMO”…
Murió.
La rosa negra en su claustro de oscuridad se deshojo.
Todo era amor envenenado.

Ella termino la conversación con su padre que estaba en Europa por trabajo y había llamado olvidando el cambio horario, porque no pudo soportar la ansiedad de contarle a sus hijos el éxito que tenia en sus negocios, que en ese entonces lo hacían tan feliz… momento feliz solo del padre… ella al terminar de hablar con su padre… cerro la puerta de su cuarto oscuro… para no salir nunca más de ahí dentro.
Para no salir nunca más de sí misma… la hechicera con el fracaso de sus hechizos estaría muerta.
Solo muerta la rosa negra seria vencida.
Y paso el tiempo…



No hay comentarios.: