5 jul 2007

LA CIUDAD DE LAS AVES


Los susurros en su espalda, miradas posadas en su cuerpo. Ellos, esos seres supraterrenales rodeándolo de lado a lado, a su izquierda y a su derecha.
Esos seres espirituales qué él mismo alberga en sí… esos seres que llevan a explicar su existencia.

Solo en la estación de otoño desde que su conciencia se lo advirtió, en la puerta de salida de la vieja casona de Malabia ve aquella mujer de vestido gris y negro, que esta mirando hacia la izquierda y a la derecha, a la espera de algo… a la espera de alguien.
Mientras pasan y pasan los otoños su razonamiento lo lleva a la explicación, a la convención de que aquella mujer es producto del reflejo del sol sobre aquella vieja puerta de hierro pesado y aquellos vidrios tantas veces cambiados. Es el reflejo del sol que genera esa extraña imagen en el otoño donde el sol es más débil.
Todas aquellas imágenes inquieren la explicación de una lógica que no escapa a su razonamiento. Agustín no admitirá nada que no se explique a través de la ciencia, algo que no se pueda explicar científicamente no existe. Lo conciso y lo concreto lo caracterizan, se aleja de cualquier superstición… su refugio y las respuestas a su vida las consigue por aquello que no se escapa a la lógica… su lógica; se rige por todo aquello derivado de lo perfecto, matemático, empírico... su vida signada por el calculo, por aquello que se construye perfectamente… estudiante de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, fotógrafo aficionado por convicción propia, rescata imágenes… caza imágenes… las inmortaliza… En su cuarto se pueden ver miles de fotografías, esta plagado de cosas… fotografías de cúpulas y edificios del viejo Buenos Aires.
Todo lo que esta relacionado con estas imágenes lo llevaron a una nueva pasión: ser coleccionista de fotografías antiguas. Esta afición nació cuando en una visita al sur conoce a Manequena y Luciano, dos amigos que conoce como mochilero. Ellos le mostraron viejas fotos del Puerto de Concepción del Uruguay que habían comprado a un joven en Parque Centenario.


Fotografías archivadas en mi altillo. ¿Casualidades de mi vida? ¡Cuántos absurdos! Los autos me atraviesan y ella vestida de novia se regocija en mi habitación. Ella ya no sueña por amor, sus ojos de lince ya prefieren no mirar, ya no puede soñar…¡¡¡ MIRA ADELANTE!!! Ya no esperes más y del recuerdo has la canción más bella que puedas soñar… su vestido de novia teñido por sus lagrimas y sangre… jamás volverá a ser. Fotografías archivadas en mi altillo, palabras guardadas en su silencio…
Alma aturdida solo calma tu ansia de matar. Matar a tu propia animal… ya no quieres soñar…
PORBRE MI AMOR…


Agustín osa amar a un ángel-demonio descorazonado, él pretende vivir una vida de ensueño, pero su alma no es de este mundo, el cual pretende transitar, este mundo despiadado de mentiras y lleno de injusticias para almas que ya han vivido.
Hay actos cotidianos normales, sonrisas picaras que ocultan ironía… cosas extrañas que hacen a la cotidianidad de Agustín como Don Manuel y su nieta que se pasan todas las mañana sentados en el umbral de la puerta de su casa y al verlo pasar lo saludan con un “buen día Agustín” y esos ojos de esa niña hecha hoy mujer guardan una incógnita… un secreto… pero es normal para Agustín. Siempre están ahí. Jamás va a admitir algo extraño. Jamás.
Agustín fascinado por las imágenes recolecta casi sin atención una y otra imagen. Esas fotografías petrifican al tiempo, un instante inmóvil, un instante único e irrepetible que quedara ahí, que describen un gesto, un estado, un acto, ese mismo tiempo… un adulto que se representa a sí mismo en ese día de sol, en esa fotografía de niño … lugares que al regresar jamás serán los mismos, simplemente porque nosotros no somos los mismos.

En cada una de esas fotografías antiguas se puede ver vidas pasadas anónimas, casi sin identidad, donde Agustín deja fluir su imaginación (como tantas otras personas lo hacen) crea lazos de familia, relaciones quebradas, supuestos magníficos, novelas imaginarias que existen en ese momento… verdades… sentimientos.


La niña aun sueña con hadas y no quiere ver su autentico dolor… la niña no pretende volver amar porque ya dejo de sentir cosas bellas. Su mundo mágico de ilusiones se opaco con grises días sin luz. Experiencias de vida de abrupto dolor… ¿Volverá a sentir? Yo confió en que si lo hará.


Los destinos se desenvuelven, las casualidades no existen. Los días son lo que son y porque en ellos se oculta lo que tienen que ser.

Entre el cuarto y el altillo las fotografías están llenando los ambientes, las maquetas, trabajos y proyectos de arquitectura… todo esta colmando la vieja casona, solitaria pero habitada solo por Agustín, las ausencias y esos fantasmas secretos de la misma vida guardados en placares.

No llores más… vos que sos tan dulce… mírame a los ojos y deja de llorar, dame tu mano. Construye tu mundo de nuevo… los del amor verdadero te dejaran.


Gente extraña lo mira al pasar, gente que posa su mirada en sus espaldas, entre el silencio y el susurro de voces ausentes.
Agustín esta sentado frente al río. Contemplando las aguas del Río de la Plata… se remonta a esperanzas platónicas y alimenta su alma con pequeños sueños… Agustín en su tristeza se carga con ilusiones… su dolor es solo humano; esta condenado por todas las mañanas del mundo, condenado por su propia espiritualidad y su desaliento… petrifica ese rosa del cielo en una fotografía más.
Un secreto más con el tiempo y siempre un secreto, algo que se oculta a punto de salir a la luz para oscurecer los días y para que salgan a la luz aquellos susurros, en donde se convierten solo en gritos. Explicaciones que tal vez no alcanzaran para razones que van a entorpecer la vida de Agustín… nadie le miente… y si hay algún error es propio… las almas apaciguadas no desordenan vidas ni juegan en contra del destino… el destino esta vez juega con las casualidades…

Agustín ama un ángel-demonio descorazonado, empieza a ver que en este mundo de realidades, donde no hay lugar para almas que ya han vivido como la suya. Ve, se percata de que todo es una gran mentira, no hay verdades absolutas y sabe que la única verdad es la realidad, es lo que él siente… esos sentimientos que nacen desde sus entrañas, solo ellos. Pero ella con su vestido de novia pasea ahora en su cuarto, vivió un amor de mentiras, lo sabe… ella lo sabe. Un día mirando desde lejos lo supo pero para ella era muy difícil reconocerlo y dejo que la matara el tiempo, para morir… sí morir… en vida.
Ella fanstasmabolica ahora lo entiende y Agustín esta espiando, la mira desde la vereda como ella danza con su vestido de novia, entregándose a los brazos de la locura. Agustín inmoviliza un instante de su vida, saca una fotografía de la ventana de aquella mujer, la que nunca va a amar.

Camina desde la vieja casona de Malabia hasta Parque Centenario… tranquilo, marchito… esas pocas cuadras son kilómetros, esos días son años, en este tiempo él ya no excite.
Sentado en uno de los bancos que dan al laguito siempre casi sin agua y los perros con sus dueños a sus espaldas, recrean ese mundo de Agustín, ese mundo que lo rechaza. Solo ahí sentado simplemente entristecido en uno de los bancos que dan al laguito siempre casi sin agua; se sienta una mujer de anticuados gustos. Ya que el vestido que tiene puesto no se consigue ni siquiera en una feria americana. Ella se sienta junto a él y no hace más que decirle “tus ojos lucen tristes hoy”, él la mira con aquella tristeza profunda que lleva en su pecho y en su cabeza la única respuesta es un “SI”… la vuelve a mirar en silencio, mira al laguito y vuelve su cabeza hacia la mujer que ya no esta allí.


Confundes lo real con las ilusiones de tu mente, prefieres la locura y el fin, danzas con tu vestido de novia gastado, con una eterna ilusión, porque ya no crees y te engañas, mirando un espejo roto, ese espejo que rompiste en mil partes y que tatuaron tus brazos.


Camina por Av. Santa Fe y Av. Callao, Agustín reconoce rostros extraños, familiares a un pasado que él conoce. Esa gente de ropas viejas siempre pasan de ser percibidas por el resto de las personas que a la siente de la tarde de hoy en este día de otoño pasan por acá. Agustín acostumbrado, solo esta mirando hacia delante desconcertado por su propia vida, por ese nudo de llanto en su garganta que contiene a cada segundo, en cada uno de sus pasos. Ese llanto que aunque se rompa en ese instante sabe que va a volver en otro como ocurre siempre… se guarda las ganas de llorar.
Esta entrando en un café, el señor del habano lo esta observando, pide un doble cargado. Agustín solo piensa y quiere dejar de pensar. Al final del camino esta la luz.

Agustín esperando la llegada de los buenos tiempos, sigue recolectando fotografías antiguas. Se anticipa al comienzo de la marcha del veinticuatro de marzo en Plaza Congreso, compra tres hermosas fotografías, una del puerto de Buenos Aires donde se ve claramente a un joven marinero de condiciones humildes con una bolsa a sus espaldas a merito de mochila y en el fondo un gran barco genovez, casi del año treinta calcula, otra de las fotografías es de tres niños, dos niñas con hermosos vestidos de puntillas, una con un moño blanco en su cabello y la otra con dos rulos y el niño con un rostro angelical y serio para la ocasión, la tercer fotografía es de una dama sentada en un lago.

Una y otra vez a Agustín se le viene a la cabeza la imagen de la mujer del parque y se pregunta en qué momento se fue, cómo pudo desaparecer así tan rápido.

Agustín decide entregarse a su verdadera vida, con todo aquello que significa. Decide entrar en sí, deja el morbo del mundo allá atrás, Agustín quiere aliviar sus espaldas sin preguntar esta vez por qué. Y decide hundirse en el más profundo de los silencios, para ser él mismo, nada más y nada menos que Agustín ¿Qué significa eso?
SER, SENTIR, SOBREVIVIR, CERRAR PUERTAS, CAER A TIERRA SIN QUE DUELA, TRANSGREDIR, SER PRUDENTE, DESCREER, PORQUE HOY YA SU CORAZÓN NO RESPONDE Y ÉL SOLO TIENE EN SUS MANOS LA POSIBILIDAD CONFUSA DE VIVIR, MIENTRAS LE DUELE EL ALMA NO ES LOCURA SOLO ES DOLOR.

Una vez perdido el brillo de los amaneceres en una nueva mañana de otoño, perdido el hambre y la sed, el amarillo tiñe las calles y el corazón de Agustín. Todo esta regresando, el otoño y la mujer de la puerta a la espera. Y Agustín esta aterrado, se hunde en fotos amarillas y húmedas, mientras que rizas y cuchicheos lo asustan, miradas posadas en su espalda. Y Agustín lo sabe y él lo siente y es en lo único que puede creer pero otra vez lo niega, se escapa todo aquello a una razón lógica que pueda darle.

Es media noche y Agustín se dispuso a caminar por Loyola hasta Julián Álvarez, después por Av. Corrientes en sentido contrario a su casa y camina sin condición a paso lento pero decidido.
En Corrientes y Mario Bravo se detiene, él la mira sin poder hablar, inmóvil, esta ahí enfrente, SI, es ella, con su viejo vestido y su estilo anticuado y en ese preciso momento de la negación su alma vuelve a su cuerpo.

Almas como la de Agustín son las que aman para siempre, son las que aman y no saben dejar de amar, las que llevan con dignidad el dolor del amor no correspondido, las almas como la de Agustín son incapaces de odiar. Agustín esta resignado a su suerte, al menos tiene el cosuelo de haber conocido el amor, de haber creído en el amor y sobre todo de haber sabido amar. Él es un ser extraño en este mundo al cual no pertenece.

El ángel-demonio deja en Agustín una gran y profunda herida, lo deja inerte en este mundo en el cual él esta ausente, el ángel-demonio abrió sus alas envolviendo a Agustín en su incertidumbre, en soledades que agigantan su desencuentro

TRABAJOS PRÁCTICOS, PARCIALES, TELÉFONOS, NOCHES, MÚSICA, SOL, TIBIO SOL, SEXO, ALCOHOL, DROGAS, VACÍO VENTANILLAS, CALLES, GENTE, MURCIÉLAGOS, SUBTERRÁNEO, AMARILLO, ALMAS, FANTASMAS, VACÍO, AMOR, DOLOR, CANSANCIO, FIN DEL DÍA.

Entre las fotografías y recuerdos Agustín esta durmiendo, son las doce y media de la noche de este día muy triste increíble pero Agustín, comienza a negar más duramente esas imágenes y en el segundo que escucha tan horrible voz su alma vuelve espantada a su cuerpo, violentamente su corazón late, pero su habitación esta en calma ahora, todo en su lugar, todo como si nada de aquellas imágenes hubieran pasado.

La picara nieta de Don Manuel murió hoy, ya no vive la muerte rodeándolo esta.
En este tiempo y luego de tantos sucesos su corazón cada vez se esta endureciendo más. Él se resigna a la idea de ser un resentido, él quiere vivir, pero no puede dejar de lidiar con su corazón, con sus penas, con lo asignado en su vida.

En Parque Centenario esta comprando unas nuevas fotografías, una colección de fotos de una familia. El chico que las vende le deja treinta fotografías a cuarenta pesos, solo hace falta ver un para de ellas para irse satisfecho.

El otoño más frió de su vida, el otoño más desganado… piensa. ¿Cuántos errores es capas de cometer en su vida? Su seño se frunce.
Mientras que un par de libros le dan respuesta a su crisis existencial, palabras de amigos dan aliento para seguir adelante y las voces que lo dominan lo invitan al exilio del mundo. Por ahora nada es solucionable… convencido que puede engañar a todos menos a sí mismo pretende escapar pero Agustín es de las almas a las que se les niega el mundo… Se duerme con el control remoto en la mano, la televisión con un alto volumen y una aburrida película de canal siete, siente como es sujetado fuertemente por una pequeña mano a sus espaldas, logra safarse y una vez más la negación. Tres pequeños niños lo están invitando a que se marche con ellos y un NO rotundo borra aquella aparición.
Termina la transmisión.


Qué es amar a todo y que no sea nada, qué es amar a alguien y que no signifique nada. Qué es un amor muerto en el alma de una persona. Si el amor esta ahí intacto plagado de existencia y melancólica vida.
Amor inerte en el ALMA. Amor en medio del pecho que se carga, que se lleva. Amor que en la realidad de este mundo no es amor. Un corazón que se llena de recuerdos melancólicos. Amor que ha decidido vivir inmortal en el espíritu. En mi espíritu, no crecerá, no va a morir, va a vivir inmortal en mí… ¡¡¡quizás!!! Lo sabes.
Tristemente enamorado de un espejismo, de un sueño. Un sueño imposible que existe en mi corazón, un amor que se lleva mi alma.
Cuando yo sueño, sé soñar en cosas posibles, sueño con aquello que sé que un día voy a alcanzar, en aquello que hoy es un abstracto. Pero que ella me ame o que me hubiese amado es un sueño imposible… Sus ojos nunca me declararon amor, sus besos solo fueron como centellas que cortaron mi piel. Un amor que me mantiene prisionero de mí. Un amor que me roba la calma… un amor que me hace conciente que nunca será, porque no fue VERDADERO. Un amor… eso solo un amor.
El amor verdadero me espera en otro lugar… Me lo designa la calma de mis energías en el que hacer de mi locura. Tal vez el amor me dure para siempre… quizás.



En un café Agustín habla con su amigo Jeremías, él lo convence que todo es cuestión de tiempo, pero Agustín odia las esperas. Las cosas si pasan son porque debían ser así, pero el destino se ensaña cuando juega con las casualidades… y que su magia lo iba a sacar… Jeremías convencido de la fortaleza de su amigo lo invita a distraerse; a salir de esos reductos plagados de libros, fotos antiguas y cosas viejas que lo llevan a paseos constantes y eternos por el pasado… Jeremías mientras habla con Agustín piensa en una solución, en algo que pueda traerlo otra vez, pero al recorrer la vida de su amigo… cae en lo real… Por suerte fue feliz y supo amar a pesar de lo difícil que es ser Agustín.

- Jeremías: ¿Sabias qué el día que se suicido yo le saque una foto desde la vereda? Casi no se ve… nunca te lo dije…
Fui a su casa y desde abajo espere hasta esos últimos cinco minutos que miraba por la ventana. Estaba bailando de lado a lado en su habitación con su vestido de novia… en ese segundo cuando miro a la calle, ni siquiera se percato que yo estaba ahí… me miraba pero no me veía. Tome la foto, pero la mire segundos después, pero solo capture esas imágenes en mi memoria, no pude sacarle ni una foto más porque estaba clavando sus ojos en mi… llore como un niño desconsolado… como a un niño cuando le sacan algo que quiere mucho… corrí hasta casa con la maquina de fotos en la mano. Cuando llegue a casa fue cuando vos me llamaste.
Nunca voy a poder comprender su dolor, tan profundo, tan agobiante, dejarse morir por él, dejarse morir… entregarse tan hondamente al desconsuelo… él es feliz y ella decidió lo peor, ella decidió no más, no lo pudo soportar… ella no quiso nada más, no acepto ni una de mis propuestas, no me escucho… cuando yo llegue era tarde, ella me decía que él le gritaba “estupida como te voy a regalar mi vida…” y cuando lloraba en mis brazos yo la sentía… ella espero hasta el día que decidió terminar con su vida que él le diga “TE AMO” yo entendía su dolor… como nadie pudo escucharla a tiempo… yo no pude con eso… ¿Cómo hay personas que pueden ser felices cuando le destruyeron el mundo a otras? Él esta feliz… lo sabes… ¡Si estuviese viva, Jeremías!
- ¿Y vos Agustín… lo estas?
- Siempre creo que fui un muerto en vida.

Agustín se quedo con todo el amor en su cuerpo, con todo el amor en esos instantes de belleza de aquella mariposa bella que hincada en una flor agito sus alas y lo invito a volar… ese ángel-demonio que le dijo casi en silencio quien es él en realidad… ese ángel-demonio que inconscientemente le dijo que el amor es lo que se siente, es eso… pero ese ángel-demonio no es su verdadero amor, ese ángel-demonio enamorada de la tentación y de un ser sin luz… el ángel-demonio que envía a la luz a Agustín… sin querer, en un acto de inconciencia, en un acto donde el corazón de Agustín no entendió razones.

Luego de la charla con Jeremías, Agustín siente en su pecho oprimido por la angustia, siente su alma oprimida… lo único que piensa es en su vida injusta consigo mismo, que las cosas habían sido difíciles. (Como pensaba Jeremías). Pero resignarse a su suerte le permitía siempre seguir, continuar… cosas mucho más fuertes atravesó… pero este dolor no lo cura el tiempo.
Se refugia una vez más en el puerto… la noche de otoño lo envuelve con su gran frió… pero entregado a los olores cristalinos del puerto, camina a paso lento y agitado con las manos en los bolsillos, con vagas esperanzas y sueños profundos… el silencio esta conversando con el río… el frió agazapándolo como inocente circense de vidas pasadas.
En un instante levanta la mirada y ve un joven marinero con su bolsa al hombro a merito de mochila… se cruzan y mantienen sus miradas fijas… perplejo Agustín sigue con su mirada esos ojos… es ese instante que los ojos del otro viven en nosotros, en el que conocemos y dejamos de conocer al otro, que se graba en nuestra memoria inmediata. En esos ojos en los que nos reflejamos solo ese instante.
El marinero camina hasta que se pierde en la bruma. Miradas que se posan en su espalda y los susurros en su oído… y un silencio que solo Agustín reconoce… el olor del río, la noche fría, tintes oscuros… palabras secretas y el llanto del miedo y la negación.
Agustín conoce a ese joven marinero, sabe quien es, ya vio esos ojos y aunque cierre los propios ve repetitivamente la fotografía del marinero que compro en Plaza Congreso el veinticuatro de marzo.

Con el fin del otoño llegaron las entregas en la facultad. Agustín el arquitecto… pero antes Agustín… es la época de gran cansancio, de ritmos acelerados, de un profundo teatro cotidiano, nadie debe sospechar de su profunda tristeza y ahí lo tienen… Agustín cansado, arrastrándose moribundamente… es el fin del otoño… es como morir y volver a nacer. Nacer en el gris-azul del invierno.

El cansancio lo venció y el fin de semana se queda solo en su casa… esperando. Esperando al…
Sentado observa fotografías se concentra en esas imágenes… tres niños… ¡¡¡Conoce a esos niños!!! …Esos niños son los de la noche que se quedo dormido con el televisor encendido… NO, era imposible… SI lo era…
El destino se ensaña con las casualidades… sigue mirando las fotos… ahí esta ella, tan hermosa, tan antigua… la mujer de las apariciones… SI… claro, la niña es la misma que estaba fuera de su ventana… y aquí el fin, la explicación, mi voz… Yo el tormento.
Agustín inmóvil, serio, triste, exhausto, indignado, el teléfono, timbres, ruidos, aturdido… si en esa ultima fotografía esta él, junto a quienes son su familia. Su familia de ese tiempo pasado que no es este… los tres niños, su esposa y él… una familia… el amor reflejado en esos rostros… su rostro es el de un hombre feliz, una felicidad que jamas se reflejo en su rostro en estos tiempos, su rostro en esa fotografía… Agustín se reconoce así mismo en ella, como aquel adulto que se reconoce a sí de niño.
Y los susurros y las miradas posadas en su espalda y un instante de tiempo vacío… teléfonos sin voces del otro lado… colores innatos… y música que comparte el silencio.
Es él en esa fotografía.
Esta corriendo a su cuarto y en la ultima fotografía del ángel-demonio, esta la silueta rosa-violeta de los tres niños… ¿QUÉ ES TODO ESTO?

Todo merece sus respuestas, cada alma lleva consigo sus respuestas, cada alma es sabia pero no digna de racionalidad, todo más contradictorio aun, cada alma es aun más sabia apartada de la racionalidad.
La racionalidad no nos deja ver con los verdaderos ojos… la racionalidad no nos deja ver con estos ojos. Nos hace necios.
Hay solo un camino que no es el de la lógica ni mucho menos es coherente… el camino es el amor y aun más en la vida.
Hay espíritus inquietos… llenos de felicidad que al llegar al mundo aun conservan mucho de ella, pero la realidad que no es la supraterrenal, hace que todo se pierda… Agustín perdió cada indicio de esa felicidad que supo tener en esas fotografías…

- Agustín vuelve conmigo…

Agustín no es de este mundo de egoísmo, de oscuridad… de traidores, perversos e insensibles almas…
Agustín ya estuvo aquí, Agustín saltara hacia el exterior de este mundo. Desafío a su propia alma en los otoños del destino y yo lo espere siempre, lo busque ahí en donde todo se confunde entre el cielo y las aguas, en los árboles del parque, en el aire y en cada una de esas sensaciones del mundo que se enfrenta a él...
Yo estuve en esos sueños…
Puedo decir que Agustín no es de este lugar de terror y de hermosa/horrible estadía…
Agustín es un espíritu inquieto… él ya estuvo aquí.
Cosas que pasan… es un alma muerta que a la espera de nacer se adelanto al propio tiempo… son almas que no esperan al tiempo, necesitan vida para ser y ser les procura vida... son almas que necesitan ser... y el tiempo... se adelanto al tiempo...
El destino decide jugar con esas almas en las casualidades de sus vidas… nada es casual... Agustín lo sabía...
El destino juega con las casualidades.
Agustín ya estuvo aquí... su alma se adelanto al tiempo, él pertenece a la ciudad de las aves…

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