5 jul 2007

EL UNICO ESPANTO


Hay alguien durmiendo debajo de mi cama.

Hay alguien durmiendo debajo de mi cama. Un fantasma más de los míos. Uno más que quiere algo conmigo.
Sale del colchón. Su rostro se reposa al ras del piso. No tengo por qué temerle. Pero yo duermo en esa cama. Es incomodo saber que ahí esta el fantasma.
Interrumpe mis sueños y no deja que mis noches sean tranquilas y claras.
Mis anteriores fantasmas solo querían asustarme. Se resignaban cuando no lo lograban pero este ya ha pasado meses y meses bajo mi cama.
Yo no permito que nadie entre en mi habitación. Dicen que en ella hace mucho frió y que emana olores desagradables.
Hablo con él. Pero no responde a mis cuestionamientos, no me mira y parece no escucharme.


Él ahora es mi fantasma.


Joaquín es inquieto genio maldito hecho carne. No quiere que nadie se le acerque. Solo se entretiene con sus historias de ultratumba. (Quizás porque la vida le aterra)
Él es el andante sin camino y destino. Poco le interesan las convicciones y pensamientos, propios como los ajenos.
Su mundo se reduce a él mismo y la realidad la dibuja con la cotidianidad sin ser real.
No tiene ambición y no sé si tiene sueños. Joaquín desafía a la vida, con cuestionamientos racionales, pero evade las reglas para cualquiera que considere estar del lado de la línea coherente.
Él escucha, escucha pero en realidad no oye nada.
Los demás creen que Joaquín esta loco, yo también lo pienso. Pero me desconcierta porque no lo parece.
Todos los días lo veo recorrer el pueblo en tan solo tres horas quince minutos.
No sé que corre; si al tiempo, a su sombra. Sé que por deporte no lo hace. Soy bruja.
Yo lo observo desde mi ventana. Me tortura con su mirada y se oculta tras las cortinas. Dicen que pelea con fantasmas por eso tiene esa sarcástica mirada penetrante.
Cuando llegue al pueblo y me mude a esta casa. Todos comentaban historias sobre Joaquín y su familia. Su hermana Manequena tenia una extraña enfermedad por la cual murió, se habla de la rosa negra… su hermano Leonel se había mudado a una ciudad grande, de la que desapareció como si se lo hubiera tragado la tierra.
Yo investigue si Joaquín era así por estas perdidas. Pero no. Él no conoció a sus hermanos prácticamente. No sabe ni quiere saber mucho de ellos.
Lo único que se sabe con exactitud de Joaquín es lo que sale de las personas que lo observan como yo. Porque es una persona muy extraña.


Sé que algunas son solo patrañas.


Mi fantasma sigue bajo la cama. No me mira pero ahora por las noches escucho su llanto y un gemido.
Quise intentar ver su rostro, no puedo llegar a él.
En un sueño que tuve, tenia la apariencia de una mujer angelical, pero sus ojos ocultaban algo más que un ser inocente.
Al interpretar el sueño deduje que él es un demonio entristecido, más que un malvado. Mis preguntas son de dónde ha salido, quién es, qué quiere de mí.
Quizás tengo algo para darle y no encuentra la forma de pedírmelo.
En los últimos días descubrí que cuando suenan las campanas se va. Quizás es el llamado a su mundo. O tal vez al regresar a su lugar, mira su táctica e inventa otra para poder asustarme.


Joaquín esta en la ventana. Hoy tardo casi seis horas en dar vuelta la ciudad.
Lo observo más agotado, desde hace días tiene otro semblante y se asoma más seguido a la ventana. Seguro que para ver si yo lo observo. A veces sus ojos me dan mucho miedo. Tuve pesadillas donde él estaba, me seguía, pero nunca podía alcanzarme. Joaquín esta solo ahora. *Lo veo tirado en el piso.
Mira debajo de su cama hora tras hora.
Se levanta, viene hasta su ventana y mira al cielo, me mira, cierra las cortinas y apaga la luz.



Mi fantasma sigue ahí inmóvil, como si estuviese más muerto aun: fantasma, fantasma… No responde. Parece que nada lo motiva, esta ahí, colgado desde el colchón. No sale, no hace nada y no puedo hacer nada por él.
En estos días observe que la niña de la casa vecina me observa, me mira cada segundo. Una niña que asustaría a cualquier persona y creo que lo intenta hacer conmigo. A veces creo que ella es aliada del fantasma empedernido y caprichoso.
La niña me sigue con su mirada y me espera inmóvil sentada en su ventana desde que salgo hasta que regreso de mis expediciones diarias. Que son para el reconocimiento de algún nuevo espectro que visite la ciudad… tengo que tener todo bajo control… todo… la niña no controla… me vigila… me espanta.


Día décimo: el paciente internado el 15 de noviembre del corriente; presenta síntomas característicos de la enfermedad pronosticada por el doctor psiquiatra Miguel Salazar diez días antes.
El paciente sufrió dos crisis en menos de cuarenta y ocho horas.
Mis colegas al notificar en la historia clínica número diecisiete mil ochocientos cuarenta y dos, me advirtieron la seriedad del caso y el compromiso que requiere asumir y llevar a cabo el seguimiento del mismo. Por el momento se considera que la medicación suministrada no va a revertir el cuadro del paciente, solo calmaran los ataques esquizofrénicos.
El paciente permanecerá internado hasta que presente algún signo de recuperación… crack!!! La doctora deja su grabadora y se marcha hacia el hospital.

Estoy aquí con mi fantasma, sus manos salen por debajo de la cama pero yo me siento muy solo. Solo en mi cama. Mi fantasma nada me dice.

Ahí esta Joaquín arrodillado junto a su cama sacudiendo sus manos con movimientos raros.

No queda nada ni nadie. Los fantasmas se marchan y ya no están. No encuentro mucho más que inocencia por ahora. Mucho vació: fantasma sal de debajo de mi cama. ¡Fantasma ya salí de ahí! Desde aquí se escuchan los gritos de Joaquín. Ahora llora. ¡No lo puedo creer! MAMÁ… esta arrojando todo por su ventana.

Estoy cansado, todo se ahogo en mi propio despojo, quiero creer que la vida tiene sentido y dejar de estar enamorado de mi deseo de morir. Quiero correr y buscar todo aquello que las personas pierden y no encuentran nunca más. Lo que yo nunca tuve.
El silencio me enloquece.

Llagaron los médicos en una ambulancia. Los padres de Joaquín están muy alterados. Su madre llora, esta muy nerviosa y su padre acompaña a los médicos hasta el cuarto de Joaquín.

Ahora creo que ya no tengo fuerzas y no puedo continuar, ya no hay nada en mi interior, no encuentro causas y motivos por los que tenga que luchar.
Mi cuerpo sangra, mis lágrimas recorren mi rostro y hoy siento miedo.
La noche cae sobre mi vida y nada queda, nada dice el día de mí. Siento que pierdo todo, que las horas se van, los que estaban ya se fueron y mi angustia incita al dolor. Mi pánico me lleva al hastió. Quiero correr antes de perder mis placeres.
Al nacer me consagre al silencio, cuando entendí el concepto de las palabras, la realidad me cerro sus puertas. Al arruinar el sueño de un niño que llevaba mi nombre, no volví a ver hacia atrás. No quise nada más de esta vida.
En ese momento fue cuando llegaron mis amigos fantasmas, todos ellos quisieron que yo les diera mi vida, jamás pude darle todo lo que me pedían. Era lo imposible, mi carne, mis huesos, mi piel. Pedían demasiado.
Luego llegaron los reproches, los niños chillones, las ausencias que quemaban mis ansias, mi paciencia.
Camine en mil noches, llore por plegarias que no dirigía mi alma. El acto fallido que me llevo al mundo en el que estoy, no resolvió mi vulgaridad.
Camine sólo, sin dormir.
Mire al espejo. Cuando vi mi rostro ya había crecido.
Mi mundo solo era mi mundo. Tan solo mío. Y nadie comprendió esto.
Yo creí conocer el alba, no conocí lo bueno y lo malo. No creo que pueda entenderlo.
Los niños que no eran fantasmas me lastimaban, atentaban contra mi integridad física y psíquica, contra mi alma. Yo no conozco más de lo que supe ser…

Los médicos golpean la puerta de Joaquín.
Lograron entrar.
Él enloqueció.
Se tira a al piso.
Puedo escuchar los gritos llamando a su madre.


No entiendo por qué a mí… solo a mí.
Yo creí que ya estaba superado y que ya estaba preparado para la despedida.
Veo que no es así.

Hoy sueño con los ojos de Joaquín. Sus padres están muy tristes, angustiados ya casi ni se los ve. Mis pesadillas son seguidas. Mamá ya no me deja espiar por la ventana.
A veces me parece verlo tirado junto a su cama. La imagen quedo gravada en mi mente.
Los médicos se llevaron a Joaquín.
Sé que no va a volver.


Nosotros solo le tememos a un fantasma… uno que nos persigue cada noche en pesadillas, que creemos ver en la calle y en nuestras casas. Uno que se fuga de nuestra vista rápidamente, un fantasma que creemos oír, que nos nombra, que se mueve cerca nuestro y nos toca. Nos da horror su simple presencia hasta que nos acostumbramos a él, o no.


Por eso el fantasma debajo de mi cama tenia mi cara.-

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