Un refugio extraordinario en
las sombras. Brillo, pero inerte sin
silencios. Llenando de reflexiones un
tiempo que pasa y cambia. De expresión a
inexpresión, apaciguando un destino lleno de desaciertos, inciertamente anhelable. Un punto de fuga a la luz. Una pelea interna entre una sensibilidad
llena de miedo en una oscuridad que captura la noche.
Mientras el amor se opaca y no es más que
un objeto, tan incierto como la debilidad del ser. Ya sin llantos, sollozos reclamos a un dios
muerto. Un pedido que entorpece la
fe. No existe triunfo cuando la
oscuridad irradia en presencia. Cuando la
noche se prefigura eterna.
Pasos silenciosos, angustiosos que solo
son seguros porque así lo requiere el transito vital.
¿Podrás perdonar al mundo que no te
comprende? ¿Podrás ver ya sin utilidad al objeto del mundo? Solo a tientas y con coraje los susurros de
los pensamientos deslizan el camino; uno, que impulsado por los latidos del corazón
aseguran el pulso. Ahí sin embargo están
los fantasmas de la noche que sin verlos los escuchas.
Desafiando tus capacidades de guerrero,
vulnerable y encantador, sensato en este desastre, cada cosa está en su lugar. Así como tu deber ser en medio de esa
oscuridad que se pierde en tus pupilas.
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