-
¡Oye! ¿Qué eres tú? ¡Oye! ¿Qué eres tú?
Una vocecita
a mi costado pregunta a mérito de interrogación.
- ¿Quién yo? Respondo con mi acento sureño. Pero del otro lado de la Cordillera, de la
Republica diría mi amigo (A).
- Yapo tú… ¿Qué eres?
En la perplejidad de la pregunta no sé a
qué se refiere este pequeño ser de edad indefinida. Para mi “la edad es ideológica” decía mi
citado ya psicoanalista Juan Bustos.
- Yo soy lo que vos quieras. Le respondo. Porque en sí, no sé a qué se refiere.
Transcurren los primeros días del año de
la Revolución Social en $hile. El olor a contaminación en Santiago y la nube de
pura polución urbana. El calor no es el
que esperaba. Solo calor típico y sol
radiante. Caminar por las poblas en busca de tesoros de circo. Caminar por el casco antiguo de la ciudad. Caminar
por lugares nuevos, que quedan en lo más profundo de mi memoria para no ser
olvidados nunca más.
Santiago me recuerda a canciones de la
juventud. No se parece a otras ciudades
capitales en su majestuosidad. No es Sao
Paulo, no es Buenos Aires. Es $hile, es
Santiago y me gusta. Como transeúnte de esta ciudad cosmopolita; en Plaza Maipú
la interrogación continua por parte del pigmeo ser infante.
- ¡Oye! ¿Tú qué eres?
Entonces pienso en mis roles. Por mi visu
lo pregunta, por mi pelo color verde aborto, por mi contextura gorda, por los
aros en la cara, por mis pulseras de macramé… por qué pregunta. Vuelvo a responderle. - ¿A mí me hablas? Y el
ser pigmeo infante solo me mira.
Ayer, un pibe “El Pancho” tenia “la mano
de pito”. Como siempre en mi vida me
topo con gente de la academia vinculada a las ciencias sociales, brujxs,
capricornianxs, bruxiamigxs, y músicxs. No
lxs busco, ya hace tiempo que he desligado la necesidad de generar vínculos sociales. Mi amigo que reside en Barcelona diría “La
humanidad apesta”. No sé si sería tan
tajante pero siempre recuerdo sus palabras “cada quien en su película”. Cuestión que “El Pancho” me consiguió flores
para que me haga un porro. Ese porro o
el pito, me lo estoy fumando acá, en Plaza Maipú, en los primeros días del año
de la Revolución Social en $hile. “El
Pancho” me durmió, como es obvio. Desde el vamos el dinero siempre me escasea y
más en este tiempo. El dinero es valor
de cambio y yo solo me condiciono por mis valores como persona. Mal. Mal hago,
casi no se cambiar mi fuerza de trabajo por salario. Pero siempre nos condicionamos por el valor
que hay en luchar, en resistir. En la resiliencia.
Entonces el ser pigmeo infante vuelve a
interrogar ya con una voz más enojada. Que
para mí su acento terminaba siendo gracioso.
Entonces me sonríe.
¡Que
te doy de pataletas! me dice, y yo me rio por semejante amenaza. ¡Qué te doy de
pataletas! Vuelve a decir y se cruza de brazos como si estuviera jugando a una
mancha o algo que se le parezca.
- Ya el ser pigmeo infante se enoja y me dice
– ¡La media voladita weon de mierda! ¡Ni tu sabes! Y quien parece su madre, de atrás
lo viene a buscar – ¡Oye! ¡Deja de molestar al caballero! Le dice. Ella me pide disculpas.
Yo solo me rio. Estoy en otros pensamientos de excursión en
semejante ciudad.
Y le respondo al ser pigmeo: Soy
anarquista. Y para mis adentros solo pensaba… ¡Oye! ¡Tú solo que procura que
viva la anarquía! En este mundo lleno de contradicciones, en este mundo donde
somos algo y no sabemos.
Plaza Maipu. Santiago de $hile ‘19
Serie Transeúntes
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