8 feb 2014

¿QUÉ CARAJOS?

     Cuantas veces imagine que me iba a pasar esto. Cuantas veces en mis fantasías urbanas se me venía esta misma ocurrencia.  De novela de las tres de la tarde. Lo podría decir cualquiera. Pero me estaba pasando lo que el maldito fantasma sentimental antes había aparecido como una efímera ocurrencia, era ahora, un hecho.

     Mi pequeño corazón estaba en el auto de al lado. Un “¡No te vayas!¡Te lo ruego!” repica con cada latido de mi corazón. Pero se va a ir, sonriente y feliz, entre arrumacos y besos, envuelta en otros brazos que no son los míos.

     Pero la ciudad en su inmensidad no carece de estas trampas en los amaneceres, donde miles duermen y unos tantos se escurren por la oscuridad de la noche y las luces centellantes de la ciudad dormida. Pero ahí está mi corazoncito, el amor que perduraría eternamente… envuelta en otros brazos que no son los míos, su pelo y sus manos buscaban caricias que no son las mías.

     En frente de semejante escena, ella no logra contemplar mi rostro atónito. Lo ve. Es ella con otro agraciado joven - ¿Más hermoso que yo? – me sentí hambriento, como los pobres cuando no tienen qué comer.  Mi corazón, mi espíritu, mi alma o no sé qué se siente perplejo, estupefacto, sin aliento, casi como perdido en la nada.  Miles de imágenes perdidas en mi memoria se vienen a mi mente.  Una película espectacular de mi vida con mi pequeño corazoncito.  Es el karma me repetía una voz interior. - ¿Pero cómo si no creo en dios alguno? – las mentiras se escurren cuando se cae en la verdad.  Pero el amor es libre y los cuerpos son carne. Si, la libertad se proclama pero mis ojos se pierden en la luz roja del semáforo y el taxi que no arranca para sacarme de semejante tormento, de semejante realidad.

     Sus ojos lucen felices, su sonrisa es extrema… su belleza plena.  Es feliz en esos brazos fríos que no son los míos.  ¡Mi corazoncito pequeño atormentas mi vida, mis futuras horas, casi el corazón no sigue latiendo!¡Acá comienza mi soledad!

     El semáforo no sede ni un segundo a cambiar de color, el verde está como perdido en el limbo; me está obligando a segu
ir viendo tremenda escena.
-        
              -   Bájeme acá. Tome, tome. Cóbreme.  Tome  cien pesos. Quédese con el cambio. - Que no arranque. Que me vea.  Que me sienta y sepa que sé.
-          - ¡Pare! ¡Pare! ¡Pare!.  Pequeño corazoncito… ¿Qué me estás haciendo? ¿Cómo pudiste?
-          -  ¿Pero qué carajos? (se escucha la voz de una mujer con grito desenfrenado)

-          - ¡uh! Cuanto lo lamento. Te pido mil disculpas… es que sos igual a mi novia… por un momento te confundí con ella.  Perdón… de verdad te lo pido… Bueno, cierro acá. Que ya dio el semáforo el verde.  Te pido mil disculpas.  Que tengas una buena semana. Disculpa, che, de verdad eh! Bueno hasta luego. Pásenla bien chicos. Disculpa flaco. 

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