29 ago 2013

LA MODERNIDAD TRÁGICA

     La modernidad que se escurre en las agujas del reloj; que desaforadamente se lleva en un destino trágico la vida de quienes viven en sus tiempos.

     Sentados los pobres en una vereda, esperando su porción de sopa.  Sentados los pobres dignificados por una ingesta pobre/humilde que saciara el hambre y silenciara el ruido de estómagos vacios.

     La modernidad que se escurre líquidamente haciendo invisible e individualista las vidas.  Hacia un destino deshumano que deja por ciento de años comer sopas invisibles.

     Entonces esos sujetos inertes e inexistentes en la pintura de Reinaldo Giudici, refleja el sentido que la modernidad dio/da a quienes viven en sus tiempos.

     La pobreza humana de silenciar las voces y sumirse humildemente en un foso circular.  Una modernidad devenida dialécticamente en una espera trágica y absurda.  Sin un sentido marcado más que el de la deshumisación del hombre por el hombre.  Ya no es Edipo, ni las tragedias griegas, ya no habla Hamlet… ya son los fantasmas que se apoderaron de nuestras almas vivas.  Unidas por hilos invisibles.  Son las almas de la modernidad mecanizadas, pobres y hambrientas de humanidad.  De naturaleza.  Ya los tiempos son constantes y avallasantes.  Sin melancolía asumida.

     Las fantasías que habitan en los mundos propios.  Las esperanzas de los humildes por un mundo mejor… la de romper con ese hambre que no solo es fisiológico.

     Un destino moderno en su devenir trágico.  En el sentido deshumano.  Ya se hace invisible la pobreza. 
   Ya no es solo “La sopa de los pobres” que está llena de nada.

    Entonces se escribe y al mismo tiempo se refleja desde la filosofía y el arte una misma mirada.  Se trascribe la realidad de hace cien años anticipando la realidad de un futuro inmediato… en la continuación de una pobreza que necesita que se le reparta no solo alimentos sino sentido propio a la vida.  Todo está remarcado por un devenir trágico… todo trascripto en un sentimiento que el artista y el filosofo reflejan cuando preguntan.  ¿Usted tiene ojos que miran? 

     Hablan los mostros de la modernidad.  Hablan el oleo colgado en una pared en un lugar de esplendor, habla el libro conseguido por monedas actuales en la Av. Corrientes, hablan los dedos al tipear. 

     Entonces sumido el filósofo y el pintor al transcribir lo que en conjunto pueden simbolizar… los tiempos modernos líquidos.  Donde todos somos pobres y estamos hambrientos del goce y plenitud.  Donde ya estamos invalidados por dioses oscuros que no escuchamos pero responden de un más allá.  Son tan invisibles los hilos que nos unen.  Son tan claras las palabras despojadas de sentidos.  Que somos pobres.  Somos pobres de nosotros mismos.  En un mundo moderno que se cuelga, que se desvalora, que deja dialécticamente a la realidad dar respuestas.

     Estamos pobres.   Por negar y no dejar que se nos reparta la humanidad que se perdió.
     Lo que se llevo el tiempo trágico de la modernidad pobre de humanidad.





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