La modernidad que se escurre en las agujas del reloj; que desaforadamente
se lleva en un destino trágico la vida de quienes viven en sus tiempos.
Sentados
los pobres en una vereda, esperando su porción de sopa. Sentados los pobres dignificados por una ingesta
pobre/humilde que saciara el hambre y silenciara el ruido de estómagos vacios.
La
modernidad que se escurre líquidamente haciendo invisible e individualista las
vidas. Hacia un destino deshumano que
deja por ciento de años comer sopas invisibles.
Entonces esos sujetos inertes e inexistentes en la pintura de Reinaldo
Giudici, refleja el sentido que la modernidad dio/da a quienes viven en sus
tiempos.
La
pobreza humana de silenciar las voces y sumirse humildemente en un foso
circular. Una modernidad devenida
dialécticamente en una espera trágica y absurda. Sin un sentido marcado más que el de la
deshumisación del hombre por el hombre.
Ya no es Edipo, ni las tragedias griegas, ya no habla Hamlet… ya son los
fantasmas que se apoderaron de nuestras almas vivas. Unidas por hilos invisibles. Son las almas de la modernidad mecanizadas,
pobres y hambrientas de humanidad. De
naturaleza. Ya los tiempos son
constantes y avallasantes. Sin
melancolía asumida.
Las fantasías que habitan en los mundos propios. Las esperanzas de los humildes por un mundo
mejor… la de romper con ese hambre que no solo es fisiológico.
Un
destino moderno en su devenir trágico.
En el sentido deshumano. Ya se
hace invisible la pobreza.
Ya
no es solo “La sopa de los pobres”
que está llena de nada.
Entonces
se escribe y al mismo tiempo se refleja desde la filosofía y el arte una misma
mirada. Se trascribe la realidad de hace
cien años anticipando la realidad de un futuro inmediato… en la continuación de
una pobreza que necesita que se le reparta no solo alimentos sino sentido
propio a la vida. Todo está remarcado
por un devenir trágico… todo trascripto en un sentimiento que el artista y el
filosofo reflejan cuando preguntan.
¿Usted tiene ojos que miran?
Hablan los mostros de la modernidad.
Hablan el oleo colgado en una pared en un lugar de esplendor, habla el
libro conseguido por monedas actuales en la Av. Corrientes, hablan los dedos al
tipear.
Entonces sumido el filósofo y el pintor al transcribir lo que en
conjunto pueden simbolizar… los tiempos modernos líquidos. Donde todos somos pobres y estamos
hambrientos del goce y plenitud. Donde
ya estamos invalidados por dioses oscuros que no escuchamos pero responden de
un más allá. Son tan invisibles los
hilos que nos unen. Son tan claras las
palabras despojadas de sentidos. Que
somos pobres. Somos pobres de nosotros
mismos. En un mundo moderno que se
cuelga, que se desvalora, que deja dialécticamente a la realidad dar
respuestas.
Estamos pobres. Por negar y no
dejar que se nos reparta la humanidad que se perdió.
Lo
que se llevo el tiempo trágico de la modernidad pobre de humanidad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario