Los sabores de lo amargo se instalan en la boca. No queda mucho por cambiar sino soportar el
yugo que este mundo capitalista tiene para nosotros. Para nosotros mismos quienes lo componemos,
lo construimos e intentamos derruirlo.
Es el sabor amargo de la derrota. El sabor amargo de saber
que el mundo nos atraviesa con su yugo de opresión y que no podremos hacer nada
para cambiarlo. Somos pequeños insectos
que cumplimos roles funcionales en medio de este melancólico fracaso. Hay
patrones que aun sostienen la esperanza.
Esperanza de saber que otros seguirán nuestras huellas como nosotros
seguimos las huellas de quienes nos antecedieron. Un mundo lleno de injusticias que son carne
de nuestro cuerpo. También somos seres
injustos, hostigadores, dominantes y culpables aunque el amor nos albergue bien
adentro, aunque las intenciones no sean más que buenas somos seres dialecticos
y trágicos, que optamos vivir oprimidos y oprimiendo que elegimos la autodestrucción
corriendo a todo dar, supervelocidad.
Estallan los teléfonos en una pared. Un pase de merca y
cincuenta porros. Un buen libro y un café. Traer hijos a un mundo en el que
todo está perdido, un acto egoísta pero es un deber. El mundo debe seguir siendo sostenido por miles
de esclavos de un videocassette, de un eslogan televisivo, de una vidriera en
la mejor tienda de modas de la ciudad. No
entendemos pero poco hacemos por entender y entender te condena al dolor y la
desesperanza. Salida en el próximo tren. Así es la vida… qué nos deparara.
Sigue el trajín mediático de la vida de control. Huelgas de hambre en el mundo. Ellos quieren que te mueras siendo un perro
fiel. Somos diferentes pero no tan
distintos. El amor se seña en nuestros
cuerpos y a veces tenemos miedo de decirlo.
Te miro a los ojos y en ellos no me encuentro. Es tan solo el miedo. “Lo más importante es
que una mina este buena” dijo un compañero anarquista. Los anarquistas también están
atravesados por el capitalismo dijo Juan Bustos mi psicólogo. También tengo
mucho de burguesía. Educación estatal,
un contrato público e ilegal. Pero no
voy a votar. No elijo a mis gobernantes ni a las autoridades de la Universidad Pública
y me cago bien en sus propuestas falsas.
Pero elijo estrolarme contra la pared cuando creo en las palabras necias
de un compañero peronista que no entiende más que en acaparar un kiosco para sí
mismo, para su propia conveniencia, llevándose
en su intención enormes voluntades, la de sus “amigos”. También elegí estrolarme contra una pared y hundirme
en los pasillos de un barrio lleno de humedad en las paredes “parece un meo
contaste de un perro” pero una piba de veintiún años se muere de tuberculosis
en la actualidad en Capital Federal donde nos prometieron grandes avances tecnológicos,
más salud y más vivienda. Un hermoso metrobus
y un colectivo que a ella nunca la va a llevar.
Las calles están rotas y un vecino que se va a trabajar a
YPF me dice que voto al Pro porque le gusta su gestión y está bien generar oposición.
Aunque no entiende de política y su destino hoy es Neuquén. En este momento
tiene que haber llegado o estar por llegar a esas tierras donde la injusticia
se vive tan palpablemente como acá. Muchos
mapuches son hostigados, perseguidos en las fronteras políticas, están siendo
despojados de sus horizontes, del paisaje que sus ancestros también miraron y
del otro lado de la cordillera muchos están siendo avallasados por este mismo
sistema que a mí me hunde también con sus políticas opresoras y dominantes.
De dónde mierda somos. No lo sabemos. Pero sabemos que nos vamos a morir.
Violencia de mierda que existe en nuestros
cuerpos. Cómo no va a existir violencia
si cuando más amas más sufrís y el otro que ama menos va a dominar. Así lo decía
Sartre. ¡Qué burguesía intelectual!
Trabajamos toda nuestra vida para otros y nosotros con
orgullo levantamos el estandarte de la explotación. Nos miramos a los ojos pero no te puedo decir
que “te quiero” ni que “te amo” ni que tendría un centenar de hijos con
vos. Más mano de obra para el mundo de opresiones
e injusticias. El mundo es injusto pero
más injustos somos nosotros. Por ser
injustos con nosotros mismos… juicios de valor. Mediáticamente mal vistos pero sin reparo de mencionarlos. Es veneno para nuestra sangre es el principio
y fin de la parodia que más me gusta.
Ya no es dialectico… esto es trágico.
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