23 jun 2006

Solo La Oscuridad En Ella


Ella sentía en sí misma la oscuridad. Que todo se había apagado. Camino por Buenos Aires toda la noche. Se dejo deslumbrar por las luces. Pero no había nada. Dio cigarrillos y monedas, le ofrecieron drogas que no necesitaba porque no existía algo que la
hiciera sentir bien. Escucho gritos que la llamaban a lo lejos, que no respondió. Escucho música
que no la consoló. Había llegado el vació. Por un momento creyó que todo se terminaba. Se sentó en su cama. Durmió… Eran las once de la mañana, ella debía despertar a su hija. Ya que ella se lo había pedido el día
anterior antes que saliera. Ella no sabia en donde había estado su hija esa noche ni a que hora
había llegado. Una madre que estimulo pocos valores, que quería lo mejor para su hija pero sin saber como
dárselo o enseñarle a buscarlo. Solo era su madre y nada más. Siempre pensó que ella podía con
todo. Llamo a su hija dos veces y ella no se movía, entro a la habitación y con palabras dulces insiste
en despertarla. Se acerca a la cama, la destapa y se encuentra con lo inesperado. Todo estaba
cubierto en sangre que emano en abundancia en algún momento de los brazos de Sofía.
El mundo gira hoy y mañana también lo hará. Extraño cuando no lo hace. El mundo a veces no
me gira yo quiero que de vueltas pero mis manos no logran hacer que gire, son muy pequeñas y
sin la fuerza suficiente para que ruede y ruede… pero al ver ocultarse el sol, la paz entra en mi.
Siento cantar a los ángeles y los demonios me chillan al oído. La ciudad se llena de luces que intentan enceguecerme que pretenden estimularme, pero aun no
es muy tarde… no llegan a ser las ocho de la noche y alcanzo a llegar a una casa de música
donde voy a tocar el piano, voy a probar todos los pianos, quiero imitar a mi espíritu… Me piden que toque Bach…me río no sé quien es ese tipo, no me importa. Hasta hace un mes solía estar con un chico, él supone que ya no me ama. No lo he vuelto a ver. A
veces lo busco del otro lado de la calle, pero no lo encuentro. Pienso que se me apaga la vida o directamente no pienso. Mira a la gente a los ojos, buscando brillo y luz, que es imposible de observar ya. A nadie le brillan los ojos. Todos los días siento la sequedad de mi cuerpo, el espejo pretende enamorarme para devolver
algo de mí. Los teléfonos no suenan, no hay nadie del otro lado, no hay a quien responder. La soledad
mientras me quiere contener, los pianos pretenden atraparme. A veces perder duele. Cuándo analizo todo en mi vida digo ¡Por dios! ¡A sido demasiado! Apenas
reaccionó que tengo diecisiete años y todo parece más. Un día perdí a mi bebe, no me lo puedo perdonar aun. Ni la soledad me rescato de ese profundo
abismo que mi alma contiene, en el se sumerge parte de mi vida… esperaba algo más a cambio,
era mi ser el que debía nacer con él.

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