22 jun 2006

NEO


Las cosas no andaban tan mal.
Nadie sabia mucho de los girasoles que el loro de tía Raquel había comido, que eran de doña Filomena.
Nadie sabida de las cosas que había hecho Mariano anteayer en ese negocio de ramos generales de la esquina de la casa de mis abuelos.
Las cosas andan bien, muy bien. Todas las cosas eran secretas, como se iban a dar cuenta que yo era la misma persona de la que se hablaba de aquí y allá.
No veía de extraordinario en esos lugares no decían nada de mí.
Con el pasar de los días era ya uno de los sospechosos.
Vagaba por las calles para disimular, para pasar de ser percibido.
Espere y espere.
Hasta que capturaron a Antonito, que pobre no tenia nada que ver. Pero sin querer él ayudo para la gran noche en la que yo me haría el rey.
Camine oculto tras un traje por la calle Pichincha, hasta llegar a Chiclana donde hice tres cuadras para arriba y luego doble a la derecha por Defensa.
Me metí por el callejón de Blas Paredes, luego seguí hasta el teatro viejo y entre por la puerta de atrás.
Ingrese en la oscuridad. Veía solamente con una luz roja que iluminaba tenuemente el pasadizo secreto, baje treinta y tres peldaños, hacia el sótano del teatro. Llegue al final del pasadizo y pase hacia el otro lado.
A pesar del silencio, desde adentro se sentía la policía que corría afuera. Sus sirenas me habían encontrado. Pero nadie sabía como llegar. Me oculte en una caja inmensa llena de pelucas viejas. Espere, sentía solo los ruidos de arriba. Las horas pasaron y se hicieron las cuatro de la mañana.
Después supe que a esa hora me buscaba todo el pueblo, hasta mi tío Ignacio que si hubiera sabido me habría ayudado muchísimo.
El pobre Antonito estaba enfurecido, pero él ya me había descubierto y supo por donde encontrarme. Pero no como llegar y en que lugar especifico. Pasaron dos horas mas y yo aun seguía en la caja, siempre supe que no debía salir porque afuera habría policías y gente, guardias que estarían custodiando todas las salidas.
Cuando el sueño me ataco no hice mas que dormir.
A la mañana desayune un para de ratas. Pero ya no soportaba mas ese encierro. Me sentía prisionero de mi propia libertad.
Y entonces en el más profundo de los silencios, me dirigí hacia la última puerta del pasillo del sótano.
Una vez ya en las alcantarillas; me incorpore a las calles subterráneas y busque la casa en donde me queda mi último golpe.
Seria el rey.
Habré caminado unas cinco cuadras y ya debía salir al exterior.
Seria el rey.
Había despistado a la policía, pero corría el riesgo que Antonito me esperara. Una vez en la superficie hice la media cuadra para llegar a la casa de Marisol. Me trepe al árbol como de costumbre, pero algo me advertía el peligro, pero ahí estaba todo lo añorado y esperado. Pero ya casi era un logro.
Golpeé la ventana de Marisol, la ultima niña que me faltaba. Ya era el rey.
Marisol no era muy bella, pero mi belleza resaltaba más que la de ella.

Tío Ignacio me decía “rizos castaños, ojos violetas, piel pálida y blanca. Nada se te puede igualar. Tu belleza es única”.
Como todas las anteriores niñas Marisol me amo y era tan ingenua que me dio todo aquello que yo pedía. Así mi vitalidad se hizo más fuerte.
Yo era el rey.
La segunda vez golpeé la ventana y abrió rápidamente, alborotándose. Ella sudo en cuanto me vio.
Mis ojos violetas la hipnotizaron en segundos. –Marisol, ingenua y linda Marisol… he venido a buscar tu alma. Ella no entendió solo me abrazo, me beso y lloro.
Era niña, no significo mucho para mí. Mis otras amantes están tan muertas como ella, pero eran más interesantes. Pero Marisol debía ser la última. Era hora, el tiempo significo vida en ese momento. Pero su vida era mi vida…
Supo que ese era su fin, lo presintió pero en ningún momento dejo de besarme y llorar.
Me asegure que la puerta estuviese con llave, la luz de la luna ilumino la habitación.
Yo comencé a besarla eufóricamente, comencé a manipularla. Ella se dejaba llevar por su placer.
Recorrí su cuerpo desnudo con mis manos, ella solo lloro en todo momento. La senté en la cama y le pregunte -¿Me amas? Ella pronuncio muy despacio que si. Esa fue su última palabra.
La última que escuche de ella.
Luego me prepare… y le dije: -Cuando comenzó el acto de amor, por un momento tuve miedo, fue rápido. La mate.
Dejaras de ser lo que sos, mi última virgen.
Me sorprendió esa sonrisa en su rostro que se fue desvaneciendo lentamente. Mi luminosidad se hizo aun más clara. Cuando me vi al espejo no podía creer.
Tío Ignacio tenia razón.
Mi cuerpo era esbelto, mis ojos aun más hermosos, mi cabello parecía rayos de sol, mi piel, mi rostro, mi todo… eran aun más bello que antes.
Cuando salí de la casa, la policía, el pueblo entero, el mundo me esperaba para matarme. Pero al verme automáticamente se enamoraron de mi.
Al verme tío Ignacio me dijo: -pibe yo sabia que podrías, ahora sos el Rey del Universo.
Nunca más alguien me hizo daño. Todos me aman. Los días para mi siguen siendo normales.
Pero hay algo… siento tristeza. Veinte muertes y la satisfacción de todos mis placeres me dieron el poder.
¿La felicidad?

Soy el Rey de un Mundo de Cristal


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