12 sept 2013

CARTA III

Hola:

La estabilización y desestabilización siempre tienden de un delgado hilo fino.  Traslucido y transparente.  Un hilo conector con ese otro que marca la otredad. 
Pero ese hilo tan delgado que me une a ese corazón frágil e invencible, a un corazón que es el vivo retrato, casi del mío.
Cómo llegar a él.  No me quita el sueño ni me roba mis energías, pero me hunde en un profundo dolor, revivido desde la boca de mi estomago.
No al engaño, no a la mentira, no a los ojos que nos condenan.
Cómo me gustaría que entendieras que el amor es posible.  
Cada palabra revive un sentimiento existente en mí, latente… vivo, pero oculto y casi muerto.  
Mis energías y mi mirada hacia delante…
Te tengo miedo y te lo digo una y otra vez.
Te tengo miedo.
No quiero que llores pero no quiero llorar tus lágrimas.  No quiero verte porque tu dolor me atormenta y me llena de desolación.
Me desestabilice en esta tarde, en la que el único recuerdo fue tu rostro, en la que el único recuerdo fue el de hace unas semanas.
Dos desconocidos en un mismo lugar.  Dos desconocidos que un día se amaron.
Un conocido nerviosismo singular.  Un gesto más de soledad.  Un abrazo negado y la ausencia.
Solo eso me hiciste recordar…
¿Por donde se fue Alejandra? Otra vez no puedo alcanzar ni su sombra… ni ver el hilo que me une a ese corazón.

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