Jamás se habían visto, no se habían conocido anteriormente. Pero entre ellas sabían de la existencia de
las otras. Otras con nombre y apellido y
costumbres. Ambiguas, diferentes. Pero que en realidad hablaban de ella. De sus formas, de su intelecto, de su
formación política y académica, hablaban de ella como ser, aunque ya no era.
Entre grandes sonrisas y espamentos con la voz aclamaron ese
momento en el que se encontraban y dejaban de ser un nombre suelto o una
actividad. Eran ellas con sus
vestimentas y portes diferentes, sus cabellos teñidos y emprolijados por el
verano; y un lamento frívolo lleno de sentimiento.
Se quedaron conversando.
Un poco trayendo el recuerdo al presente, otro poco repasando el rostro
de los presentes y tratando de ocultar el llanto en su voz. Pero se demostraron tranquilas. Intercambiaron teléfonos y direcciones. Tal vez ahora ya son todas amigas.
Pero sus ojos estallaban de tristeza y casi era
inevitable. Ella solo estaba tan
dulcemente dormida, tal vez feliz de semejante acontecimiento. Su encuentro.
Eran sus amigas quienes la habían acompañado en esos últimos años, días…
ellas con quien había recuperado la juventud y la inquietud. Estaban ahí delante lamentando que ella ya no
estaría entre ellas. Pero ella se había ido
pero en su lugar las dejo… para que se conozcan entre ellas.
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